Martes, 30 de septiembre de 2014

| 2013/04/13 00:00

Hasta las tetas de Uribe

Esa que veis allí, a punto de sumirse en la corriente, fue durante ocho años la famosa teta del estado

Hasta las tetas de Uribe Foto: Guillermo Torres

Para el módulo de este curso de Historia del Arte Universal, os traigo este cuadro que se encuentra exhibido en la sala ultraderecha del Museo del Ubérrimo, ahora llamado ‘el Ubrérrimo’, y que reproduzco en la versión web de esta cátedra para explicar en qué consiste un desnudo artístico. 

Helo acá, encarnado en este retrato del expresidente Uribe mientras se baña en el río Guatapurí como dios lo trajo al mundo, listo a ponerle el pecho no solo a la situación, sino a las olas. Y qué pecho, señores. 

Vedlo vosotros mismos con la madurez que se exige en esta clase: sin caer en burlas infantiles y entendiéndolo no solo como manifestación de arte, sino como documento histórico. Porque de ese pecho lactante que acá observamos, sorbió la patria sus mejores néctares, su calostro fundamental.


Esa que veis allí, a punto de sumirse en la corriente, fue durante ocho años la famosa teta del estado. En ella se refundó la nación; de ella mamaron Rómulo y Remo; Tomás y Jerónimo; senadores y representantes. Y por esas mamas bamboleantes Roma surgió de nuevo. 

Observad en el cuadro el manejo de la luz; la atmósfera que crean las sombras. El arte erótico no muestra: insinúa con suavidad, como Valencia Cossio ante un congresista. Fijaros en la composición: en los pajes lampiños que, despojados de prendas ellos también, rodean al infatigable prócer del río carmelito, como si fuesen los verdaderos ‘sostenes’ que perdió la nación. Y disfrutad la alegoría filosófica de situar al doctor Uribe en medio del caudal del agua, como un Heráclito vigoroso, pese a que Heráclito jamás se bañó dos veces en el mismo río, y Uribe, en cambio, ha dejado que el manso oleaje del Guatapurí acaricie su pubis en varias ocasiones. 

Pero el expresidente no es Heráclito, no. En materia filosófica, el doctor Uribe es Zenón. Zenón de Elea. Y así lo demuestra la imagen. No se utilice ahora esta exhibición artística de sus senos con fines políticos, como algunos de sus enemigos procuraban hacerlo al relacionar este pasaje con la novela Sin tetas no hay paraíso, al menos paraísos fiscales, en desagradable referencia al reciente escándalo en que se vieron envueltos sus hijos. 

Se pensaría lo contrario: que el doctor Uribe no tiene nada que ocultar, como se observa en esta fotografía. Y que si sus hijos crearon una compañía en las Islas Vírgenes, fue en resonancia con las pinturas renacentistas de Botticelli, cuyas doncellas de himen puro también se bañaban en el agua bajo pelusillas de nenúfares idénticos al doctor Óscar Iván Zuluaga. (Observadlo a él también, de paso, y mirad cómo señala hacia el futuro con el brazo apoyado en el abundante vello axilar).

Tomad nota de la carga simbólica de la obra, que demuestra que, así revele coordenadas o traicione a la patria, el expresidente jamás resulta salpicado. Tampoco sus hijos, a quienes él mismo defendió de la última acusación afirmando, cito textual, que “no conocen la palabra testaferro”, lo cual es cierto, porque son muchachos emprendedores, sí, pero incultos: tampoco saben el significado de nenúfar o calostro, o pubis o patria.

E interpretad, ahora, la acción de la escena, que representa el momento en que el doctor Uribe y sus amigos se lanzan de nuevo al agua. Notad que, lejos de lo que algunos señalaban, no tienen el agua hasta el cuello. Y fijaros en la obediencia de los efebos que nadan junto al mandatario de ubre prominente, incluyendo a aquel que se suena la nariz unos centímetros detrás de él, en señal de respeto y unidad.

Pero la grandeza pictórica de la obra no consiste en retratar a los bañistas en su máximo momento de esplendor y belleza; tampoco en capturar al expresidente, esa Sofía Vergara de nuestra política, en su doble dimensión de estadista y de ninfa. No. Estáis ante un lienzo inmortal porque su  simbología mamaria recoge el sentimiento que, a estas alturas, el ex presidente suscita en buena porción de la población, fundida hasta esa tetilla de su vehemencia. Porque hasta esas mamilas estamos muchos ciudadanos cada vez que él sale a enardecer los ánimos.

Ese es el verdadero significado de la obra. Se equivocan los críticos de arte que la reducen a una mera manifestación de activismo nudista; a un mero topless de protesta al que el expresidente acude con la muestra frontal de su mamelón. La obra es arte puro. Tan puro como el Puro Centro. Nótese, por ejemplo, la influencia de Fernando Botero en el bien logrado pezón henchido, que eleva la tensión erótica de la escena. Uribe es Eros. 

Ya nos ocuparemos del cuadro en que el presidente Santos huele una paca de marihuana. Esta vez deleitémonos con el delicado erotismo de esta pieza que reivindica, desde el arte, al hombre de la mano dura y de los pechos grandes; al dignatario que escribió los más importantes capítulos de nuestra historia, así lo hiciera con la ortografía de su hijo Tomás. La pintura nos ayuda a comprender. Y gracias a esta composición ahora sabemos que si Santos no le dio la talla al doctor Uribe, es porque el doctor Uribe es talla 36D. 

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