Domingo, 22 de enero de 2017

| 2004/01/26 00:00

Hay paras y paras

La sociedad se ha paramilitarizado como respuesta a la guerrilla. Pero so pretexto de lo mismo, muchos se dotaron de bandas para sus propios fines

Hay paras y paras

Es una de esas cosas que todo mundo sabe y todo mundo calla. En La Calera al pie de Bogotá y en pleno centro de Santa Marta, en Ipiales y en Cantagallo, en Chinchiná y en Puerto Asís, en la Comuna 13 y en Casanare, en Barrancabermeja y en la cuenca del Truandó, en Maicao y en Cartago, en Acacías y en Villeta, en el oriente antioqueño y en Coscuez, en Tibú y en San Andrés de

Sotavento, la gente sabe que las autodefensas están, y están ganando.

Claro que hay varios tipos de autodefensas. Desde las cooperativas de seguridad que siguen siendo legales o los muchachos más o menos inocentes que prestan turno los fines de semana -e incluso los indígenas que patrullan con bastón- hasta los genocidas de motosierra y los ejércitos privados del narcotráfico, pasando por los paramilitares con mando unificado y dedicados sólo a combatir la guerrilla.

También el grado de consolidación es distinto. Hay regiones donde una hoja no tiembla sin permiso de los 'paras' y donde ellos son el brazo armado de los dueños: el gran terrateniente, el jefe político, el contratista, el narco y el 'comandante' unidos en una suerte de Estado criminal. Hay regiones donde 'los muchachos' son una policía alternativa que patrulla de noche y cobra una tarifa a los vecinos. Y hay, en el medio, pueblos y barrios donde los paras hacen 'limpieza social', regiones donde el matón está tratando de quedarse con la tierra, y por supuesto zonas donde los propiamente paramilitares enfrentan la guerrilla cara a cara.

El grado de aceptación social también varía de una parte a otra. En las zonas maduras hay una paz fascista donde no hay abigeos y donde nadie chista. En áreas de invasión o de candela los paramilitares son odiados justamente por sus víctimas. Pero en las zonas hartas de boleteo y ataques guerrilleros -que son la mayoría de Colombia- ellos son bienvenidos como una solución o al menos aceptados como un mal necesario.

Cosas así se oían en privado y se negaban solemnemente en público. Pero ya esta semana, signo de los tiempos, lo dijo sin rodeos una parlamentaria: ''Las autodefensas se han convertido en nuestra tabla de salvación; en las regiones hemos aprendido a convivir con ellas de manera articulada''. Y es que los paras tienen base social (más base, cada vez, que la guerrilla) que 'dejan trabajar' (al revés de la guerrilla) y que tienen patronos o padrinos adentro y arriba (no afuera o abajo, como la guerrilla).

Para decirlo pues en una frase: la sociedad se ha paramilitarizado en respuesta a los crímenes de la guerrilla y en proporción al crecimiento de la guerrilla. Pero también: so pretexto de parar la guerrilla, muchos narcos, matones y caciques se dotaron de bandas para sus propios fines. Con los revueltos y los dobles papeles que acaban de enredar el panorama.

Por no decirnos toda la verdad sobre el avance, el apoyo social y la diversidad de 'las autodefensas', los procesos de negociación y desmovilización pueden ser presa de graves espejismos:

-La cara antisubversiva. En el actual proceso se supone que los paras están para pelear con la guerrilla; pero los paras hacen otras cosas además de eso y en otros casos no hacen nada de eso.

-La unidad aparente. Más allá del tamaño y las peleas internas de las AUC, hay decenas de grupos y bandas locales o sectoriales que podrían pasar o posar de 'autodefensas'. Pues al proceso actual le faltan muchos filtros.

-Hojas y rábano. El paramilitarismo no es apenas un hecho militar: es sobre todo una forma de organizar el poder, cuyo remedio no puede reducirse a desarmar un grupo acá y otro allá. Mientras no cambien las relaciones de poder, otros paras vendrán a reemplazar los viejos paras.

-Remedio y enfermedad. Cierto que muchos paras nacen del desespero de la gente, cierto que ayudan a espantar la guerrilla y cierto que la paramilitarización era inevitable. Pero una vez que se libra de la guerrilla, la gente queda a merced de otros criminales que boletean menos pero que en cambio oprimen desde arriba y desde adentro. Y entonces, como decía 'El Chapulín': ¿Quién podrá defendernos?

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