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Opinión

  • | 2008/03/06 00:00

    “Hay un quiebre ético en la sociedad”

    Marco Romero, de Codhes, dijo que la marcha refleja una voluntad común contra todas las formas de violencia

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Marco Romero es el presidente de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (Codhes), la ONG con larga trayectoria en el acompañamiento a la población desplazada, que organizó la logística para que unos 400 representantes de los movimientos de desplazados en Buenaventura, el Eje Cafetero, Soacha y los indígenas de los resguardos en Tacueyó y Toribío, entre otros, marcharan el jueves a Bogotá en contra de la violencia y la impunidad.

Semana.com entrevistó a Romero, de 43 años, profesor de Ciencia Política de la Universidad Nacional e investigador experto en derechos humanos, sobre los alcances de la marcha y el significado que ésta tuvo para las víctimas de la violencia.

Semana.com: ¿Qué significado tiene la marcha para la política colombiana?
Marco Romero: Las ONG de derechos humanos fuimos solidarios en la marcha del pasado 4 de febrero contra el secuestro, y consideramos que era importante extender la movilización ciudadana contra otras formas de arbitrariedad y violencia que está sufriendo la sociedad colombiana.

Semana.com: ¿Se establece un precedente con estas marchas?
M.R.: La sociedad colombiana estaba acostumbrada a reclamar por los crímenes contra personas cercanas a ellos, pero guardaban silencio frente a la que afectaba a los otros. Era una ética parcial y asimétrica. Con estas marchas se dio un paso grande. Se empieza a generar un movimiento que considera legítimo condenar los crímenes de un lado y de otro, sin importar su procedencia. Es el principio para que algún día en Colombia el dolor de todas la víctimas sea el dolor de la sociedad.

Semana.com: ¿Cuántos desplazados llegaron a protestar a Bogotá?
M.R.: El movimiento de desplazados que salió el lunes desde Flandes, a donde se hizo un homenaje solidario a los miles de colombianos arrojados a los ríos, llegó hasta Bogotá el jueves demostrando valentía y resistencia. A estos 400 que representaban simbólicamente a todos los desplazados del país, a pesar de las distancias y las adversidades, se le sumaron un grupo que venía de Villavicencio provenientes del Meta y del Vichada y muchos otros habitantes de Soacha. En total fueron unos mil desplazados.

Semana.com: ¿Considera usted un éxito la marcha, a pesar de que los números no fueran tan masivos?
M.R.: Es un éxito en muchos sentidos. Primero porque sólo en Bogotá marcharon quizás unas 200 o 300 mil personas. Segundo porque muchos sectores empresariales, políticos de diversos partidos, desde la U hasta el Polo Democrático apoyaron la marcha al unísono. Solamente el Partido Conservador algunas figuras del gobierno intentaron estigmatizarla, pero se quedaron aislados frente a la opinión nacional. Los medios de comunicación también mostraron su solidaridad y apoyo a la movilización con una cobertura extensa. Es cierto que esta marcha puso el énfasis en contra del paramilitarismo, porque la anterior lo tuvo contra las Farc, pero también lo es que había gente vistiendo todas las camisetas que expresaban su cansancio con todas las formas de violencia. Lograr, como han hecho estas marchas, que sindicalistas se pronuncien contra el secuestro, y empresarios lo hagan contra los crímenes del paramilitarismo es un gran avance en la sociedad colombiana. También lo es que la Colombia urbana, generalmente ajena al sufrimiento de los campesinos que han sido más golpeados por el conflicto armado pero no tienen los medios para hacerse oír. Por eso con estas marchas también se envía el mensaje de que el mundo rural también es nacional.

Semana.com: Muchas personas consideraron que esta marcha fue menos contundente que la del 4 de febrero porque se movilizaron menos personas.
M.R.: La fuerza que se está gestando es la de reafirmar el rechazo a todas las formas de violencia, la de buscar construir un Estado de Derecho que nos cobije a todos. No se trata de competir a ver quién tiene más víctimas. Es una ética común contra la guerra.
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