Viernes, 28 de noviembre de 2014

| 2013/09/06 01:00

Historia de una traición

Prueba de que Santos se sintió traicionado es la forma como recompuso su gabinete: mandó al carajo a las directivas de los partidos conservador y liberal.

Quien traiciona será traicionado, dice el dicho. Y el turno para ese acto alevoso, parece haberle llegado al propio presidente Santos, experto como nadie en estos avatares. ¿Y quiénes son los que quieren traicionar al presidente Santos? Pues nada más ni nada menos que sus socios políticos, los partidos más poderosos de la Unidad Nacional que, en el momento más crítico de su gobierno, en lugar de apoyarlo, le dieron la espalda. 

Esta es la historia de esa traición: 

-La traición goda: Mientras el país se llenaba de marchas y de protestas y el descontento crecía, el Partido Conservador, miembro de la Unidad Nacional anunció que iba a presentar una moción de censura contra la canciller María Ángela Holguín. La moción sorprendió no porque no tuviera sustento sino porque provenía de un partido miembro de la coalición de gobierno. 

A la semana siguiente, Omar Yepes, el jefe del Partido Conservador salió a los medios a decir que estaban muy descontentos con Santos porque les quería reducir su porción de mermelada e insinuó que si esto sucedía su partido no le quedaba más remedio que irse a donde Uribe. Además de su falta de sintonía con el país –Yepes ni siquiera se refirió a la situación de los campesinos–, le reclamó a Santos por el bajo presupuesto del Ministerio de Agricultura. 

De refilón, dijo que ninguno de los ministros conservadores que había en el gabinete representaba al conservatismo y que estos habían sido escogidos sin el concurso de la dirección del partido. Aunque después fue recogiendo esta andanada, a medida que pasaba la semana, fue evidente que Yepes aprovechó la crisis del gobierno no para ayudar sino para extorsionar al presidente. Con estos amigos políticos, para qué enemigos.

-La traición liberal: En medio de las marchas y de las protestas, su jefe Simón Gaviria nunca se puso la camiseta para apoyar a Santos ni lo hicieron los ministros liberales. El único que lo hizo fue Aurelio Iragorri, de La U, quien se arremangó y se metió en el barro de la negociación. Mientras los conservadores pedían sus puestos públicamente, los liberales filtraban sus ambiciones a los medios y se empezó a mover la idea de que si iba a haber un cambio de ministros este tenía que favorecer al Partido Liberal, porque era el que lo iba a llevar a la reelección. 

Sin embargo, la estocada final vino con la entrevista en Caracol radio del expresidente César Gaviria en plena crisis del gobierno Santos. Se esperaba que él, que era considerado el socio político de más influencia en Palacio, saliera en defensa de Santos, como de hecho lo hizo Germán Vargas Lleras, tal vez el único de los potenciales traidores que salió a apoyarlo. Pero no solo no lo apoyó sino que lo fustigó. 

Cuestionó su lejanía con el poder, cosa innegable, y remató diciendo que la razón por la cual Santos tenía problemas era porque “hacía muy poca política”. Solo le faltó decir que la mejor forma de subsanar esa falta de política era dándole más ministerios al Partido Liberal para impulsar esa gesta heroica que está haciendo su hijo Simón Gaviria del renacer liberal. 

De esta forma la saga de la traición tuvo un nuevo corolario: Santos traicionó a Uribe, los socios políticos traicionaron a Santos y a estos los traicionó la codicia. 

Prueba de que Santos se siente traicionado es la forma como recompuso su gabinete: mandó al carajo a las directivas de los partidos Conservador y Liberal. Sacó dos de los tres ministros conservadores y castigó la gula del liberalismo al conminarlo a un solo ministerio, desde donde le tocará a Simón Gaviria seguir impulsando el renacer liberal sin la mermelada que esperaban. 

Y al nombrar a Alfonso Gómez Méndez en la cartera de Justicia, un importante liberal que Gaviria había condenado al ostracismo, Santos castigó la deslealtad del expresidente César Gaviria. Vamos a ver cuánto dura este gabinete antes de se produzca una nueva traición. 

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