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Opinión

  • | 1983/01/17 00:00

    ¿HOLOCAUSTO?

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En Australia se desata una epidemia entre los canguros. Título: Holocausto de Canguros. En Bogotá botan 80.000 pollitos recién nacidos el río Bogotá. Título: Holocausto de Pollitos. Pasan un programa en televisión sobre el tema tan actual de matrimonios que no marchan. Título: Holocausto de Matrimonios.
Ahora veamos qué significa la palabra holocausto. Viene del griego, holos --todo y caustos-- quemado.
Entonces ya está bien claro: para más lástima que inspiren canguros enfermos; por más repugnante que resulte la idea absurda de deshacerse de unos animalitos, tirándolos a un río; por más inquietante que sea la situación de matrimonios que se desmoronan con holocausto no tienen que ver nada en absoluto.
Y ahora, con la tragedia reciente de los campos de refugiados palestinos en Sabra y Shatila, muchos reporteros en todo el mundo exclamaron al unísono: "Holocausto al estilo nazi de la Segunda Guerra Mundial". Increíble! Esta comparación sólo pueden hacerla aquellos que no tienen idea de lo que pasó en el holocausto nazi ¿Vieron jamás un ghetto por dentro? ¿O un campo de concentración? ¿O un campo de trabajos forzados? Ni hablar de un campo de exterminio. ¿Vieron ellos llegar, alguna vez, un tren lleno de gente en vagones de ganado, sin agua, sin comida, sin cubos para las necesidades físicas? ¿Hombres, mujeres encinta, viejos, enfermos, niños y bebés?
¿Pueden imaginarse estos reporteros el espectáculo dantesco, cuando se abren las puertas de estos vagones, después de un viaje de 3 a 5 días, con sus respectivas noches, en un clima inclemente de 30 a 40 grados bajo cero?
¿Se pueden imaginar a miles y miles de personas, adultos y niños en un recinto pequeño, cercados por doble fila de alambre de púas, comiendo solamente corteza de árbol calentada en nieve derretida, por 3 largas semanas?
¿O estos reporteros saben qué siente uno cuando, de repente, aparece una hilera de camiones pintados en los costados con grandes "Cruz Roja", y empujan a tu padre, tu madre, tus hijos o hermanos o amigos adentro y esos camiones resultan ser cámaras de gas móviles? ¿O cuando llevan a grupos de miles de viejos, jóvenes, mujeres, bebés, enfermos y sanos, al "Bosque Alto" donde los fusilan y los tiran a inmensas tumbas comunes?
¿Creen estos reporteros saber lo denigrante que es cuando una llega del trabajo y es palpada de arriba hasta abajo por un guardián, para saber si trae consigo un pedacito de pan o unos cigarrillos escondidos entre las ropas? ¿Y ser llevada hasta la plaza de las horcas donde colgaron a tres mujeres por haber recibido de cartas familiares desde sus ciudades natales?
¿Se pueden figurar ellos el sentimiento que implica el ver morir a su hijo de diarrea por falta de medicamentos? ¿O la angustia que se siente cuando a la madre se le hinchan los pies y después se llenan las piernas de agua y ella no puede caminar más por debilidad a causa de la subalimentación?
¿Y vieron ellos, alguna vez, gente caída en la calle, exhausta, imposibilitada para caminar a causa del hambre, esperando la muerte? ¿O a un hombre desagrándose a causa de los golpes recibidos? ¿O a montones de niños esqueléticos con ojos inmensos apagándose como velas? ¿Y otra vez trenes y trenes, millones de vagones llevando a las víctimas inocentes a los campos de exterminio?
¿Saben ellos cómo funcionaban estas fabricas de muerte con su perfección técnica y administrativa? ¿Y saben ellos cómo despejaron a los infelices de sus harapos, de su pelo, dientes de oro, anteojos, zapatos, etc., para volver a utilizar todo eso en la industria? Ni hablar del robo de joyas, plata, bienes y valores.
Digan gracias a Dios porque ustedes NO saben. Pero yo sí sé. ¡Yo sí, porque soy sobreviviente del holocausto nazi! Yo sí, pero no mi papá, ni mi mamá, ni mi hermana, ni mi hermano, ni mi abuela, ni tíos ni tías, ni primos. En total más de 70 personas de mi familia más cercana perecieron en el holocausto nazi.
Yo sé que las comparaciones son detestables. Lo que pasó en los campos de refugiados palestinos es horroroso, abominable. Pero no es de ninguna manera comparable con el holocausto nazi, un genocidio altamente tecnificado y perfeccionado, planeado con mucho esmero, con años de antelación.
Nadie puede olvidar jamás, cuando ha pasado por esos abismos, por esos infiernos.
Pero una cosa sí se puede hacer: enseñar a los hijos y a los nietos y a las futuras generaciones a ser tolerantes, a vivir sin odios y, sobre todo, a no pensar jamás en la venganza.
Porque si no, la vida no es vida, no merece ser vivida. Esa es la enseñanza que quedó de todos nuestros sufrimientos, la que nos obliga a todos los sobrevivientes de todos los pueblos del mundo entero hasta la eternidad.
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