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Opinión

  • | 2011/07/30 00:00

    Homenaje a Noemí

    Si no le hubiera usted ganado aquellas elecciones, Arias no solo estaría libre, sino que sería presidente.

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Apreciada doctora Noemí:

La presente tiene por objeto retractarme de todo lo que he dicho en contra suya. De todo. Aun de aquella frase odiosa según la cual, a estas alturas de su carrera política, la única persona que la puede valorar a usted es un psiquiatra.

La retiro, doctora Noemí, y a cambio extiendo ante usted todos mis respetos.

Y lo hago porque esta semana, mientras detenían al Pincher Arias y lo llevaban a una suite en el Cantón Norte, comprendí de súbito la importancia de su carrera, apreciada doctora: la misión que el destino le tenía reservada para cambiar la historia de Colombia.

Todo adquirió sentido de repente. Recordé que, por poco más de treinta mil votos, derrotó usted al Pincher Arias en la consulta conservadora, y que eso determinó el curso de los hechos: si no hubiera ganado usted aquellas elecciones, es muy posible que Andrés Felipe Arias no solo estuviera libre, sino que fuera el presidente de Colombia.

Lo imagino continuando el legado de Uribe, metiéndose en los ríos, aunque con flotador de brazos, tomando Milo sobre un pony, y me dan ganas de agarrarla a besos, mi doctora: de la que nos libró.

Ningún servidor público había hecho tanto por nosotros como usted. Si acaso el presidente Santos, que a su vez nos salvó de que Mockus fuera presidente. Habría sido un desastre. Las alocuciones serían con arengas. Vladdo habría sido ministro de algo.

Pero usted nos rescató de una tragedia peor. Porque si el Pincher fuera presidente, habría heredado de Uribe la banda presidencial. Y cuando digo banda me refiero a la banda completa: a Bernardo Moreno, a alias 'el Curita', a Edmundo del Castillo.

El estilo de Arias sería de corte paisa pero juvenil, y él mismo sería una especie de Juanes neoconservador. Les diría "parceros" a los Dávila y demás terratenientes a los que les regalaría parcelas. Nombraría a Valerie Domínguez directora de Colombia es Pasión. Y se insultaría en todas las cumbres con Adán Chávez.

Si el Pincher fuera presidente, Ernesto Yamhure sería ministro del Interior; los citicos, de Agricultura; Pepe Lafaurie, de Defensa; Rito Alejo del Río, consejero para los Derechos Humanos. Fernando Londoño presidiría Banco Ingreso Seguro, entidad diseñada para apoyar al pequeño multimillonario. José Obdulio sería director de El Tiempo; Ana Mercedes Gómez, ministra de Comunicaciones; Beatriz Uribe, ministra de Vivienda y Guacales. Y el expresidente Uribe no andaría pegado al Twitter, sino al Falcon.

Las revistas de corazón asediarían a la exreina Patricia López para que confirmara si el mandatario era impúber. El ministro Santos estaría preparando su precandidatura apalancado en las bondades del gobierno de Arias. María del Pilar Hurtado no habría encontrado el amor en Panamá, porque seguiría siendo directora del DAS. Jorge Aníbal Gómez sería el fiscal general. Juan Camilo Restrepo sería el humilde decano de Economía de la Católica. Y Andrés Fernández, alias 'el Compincher' o 'la Vaca', sería el vicepresidente, desviaría recursos del erario a Fedegán y también padecería un preinfarto porque, al igual que Angelino, es gran admirador de la morcilla, aunque cuenta a su favor con cuatro estómagos para digerirla.

Querida doctora: es verdad que critiqué a sus asesores porque la obligaron a ingerir ansiolíticos, Red Bull y valeriana al mismo tiempo, con los lamentables resultados que todos vimos en su campaña: ese parpadeo de cada ojo a destiempo, esos gritos repentinos con la sigla TPP, esos llamados a Juan, a Pedro y demás personajes imaginarios que habitaban en su mente y que solo usted podía ver. Pero nada de eso importa. Usted salvó a Colombia de la impunidad y a su partido de una nueva mancha.

Porque, perdóneme, doctora, pero los conservadores han tenido algunos lunares, de los cuales el más discreto es el que exhibe junto a la boca José Darío Salazar, el Cielito Lindo, actual director de la colectividad, quien, dicho sea de paso, esta semana lanzó unos burdos comentarios homofóbicos. Debería reconocer que, en el fondo, todos tenemos algo de mujer: el registrador, ya lo dije, es un poco nuestra Angelina Jolie. Y, con ese lunar al lado del labio, el doctor Salazar es nuestra Cindy Crawford. A diferencia de los miembros de la Iglesia católica, yo respetaba a los homosexuales, sobre todo a los curas. Pero, después de oír a Cielito Lindo, ahora creo que, si uno es gay, lo mejor es negarlo, casarse con una mujer, ingresar al Partido Conservador y perseguir a los gays.

Probablemente eso mismo habría hecho el gobierno del Pincher: perseguir a los gays. Y penalizar todos los casos de aborto, y satanizar la dosis mínima, y establecer la pena de muerte, y apoyar todas esas pequeñas locuras refrescantes que habitan en el alma sana de una persona joven, como él.

Pero gracias a usted todo es historia, doctora. Le debemos el presente. Usted cumplió con derrotarlo y luego se inmoló. Su sacrificio recuerda al de Ricaurte en San Mateo. Le ruego me perdone si la ofendí. Cualquiera confunde el himno de Antioquia con el de Colombia; no tiene nada de malo pasar de ser presidenciable a integrar la junta de Millos. Reivindico su figura ante la historia. Cuente siempre con mi apoyo. La quiero mucho, doctora. La adoro. Y siempre la llevaré en mi corazón, parcera.
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