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Opinión

  • | 2006/02/12 00:00

    Hugo magno

    Tanta generosidad internacional contrasta con la situación interna de Venezuela. La bonanza no ha traído una disminución sustancial de la pobreza y el desempleo

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El Presidente de Venezuela está de compras y puede comprar casi todo lo que quiera. Titulares en la prensa mundial, armas en España, legitimidad para sus elecciones, ingreso pleno al Mercosur, apoyo en los organismos multilaterales, así como la imagen de héroe continental y contraparte de Estados Unidos, que tanto desea. Su último alarde ocurrió en Nueva York, esta semana. Algunos pobres del Bronx se despertaron con el sonido de los carrotanques llenos de combustible, subsidiado para ellos. Justo cuando el invierno arrecia y las calefacciones se tienen que encender, el gobierno de Venezuela a través de Citgo (su cadena de gasolineras en Estados Unidos) le entregó combustible con 40 por ciento de descuento a tres comunidades del sector. Un regalo de 10 millones de dólares, de Venezuela para los pobres de Estados Unidos. Casi al mismo tiempo en el otro extremo del continente, Hugo Chávez asistía por primera vez como miembro de pleno derecho al Mercosur. El ingreso a esa comunidad es prioritario para el Presidente venezolano que busca ampliar su ascendiente en el área. Para lograrlo se ha gastado unos 'bolos'. Compró 800 millones de dólares en títulos de deuda argentina y comprará 3.000 millones más. Gracias a esta ayuda, el gobierno de Kirchner tiene un margen mayor de negociación con el Fondo Monetario Internacional. Además, este año Venezuela ha enviado a ese país 50 millones de toneladas de fuel oil y diesel, igualmente subsidiados. La estatal venezolana Pdvsa estudia la compra de dos campos petroleros, una refinería, una cadena de estaciones de servicio y un terminal portuario en Argentina. Paraguay y Uruguay compran petróleo venezolano a precio de ganga. Esta semana el presidente Tabaré Vásquez firmó un acuerdo con Chávez, para recibir además 600 millones de dólares que Caracas invertirá en la refinería de La Teja. En el Caribe la influencia del mandatario venezolano va en ascenso. No solamente en Cuba donde invierte millones para recuperar la refinería de Cienfuegos y entrega 100.000 barriles diarios de petróleo. También en República Dominicana, Jamaica, Guyana, Surinam, Antigua, Bahamas, Belice, Dominica, Granada, San Cristóbal, Santa Lucía y San Vicente, que ya hacen parte del plan venezolano llamado 'Petrocaribe'. Gracias a su afiliación, reciben petróleo financiado al 2 por ciento anual, con dos años de gracia y plazos de pago hasta de 25 años. Cada uno de estos países tiene un voto en la OEA. Será interesante ver las decisiones de la asamblea de esa organización, cuando se discuta un tema sensible para Venezuela. En el área andina también ha dejado sentir su presencia millonaria. Chávez tiene una relación inmejorable con el gobierno de Ecuador. Comprará parte de su deuda externa, refinará el petróleo ecuatoriano y le prestó grandes cantidades de hidrocarburos a ese país para que cumpliera con las cuotas de exportación durante una reciente huelga. Tiene puesto el ojo en el gas de Bolivia y viene a Colombia esta semana para hablar de la construcción de un oleoducto de Venezuela hasta el Pacífico que está dispuesto a pagar, de su interés en la refinería de Cartagena -cuya licitación se abre el año entrante- y de la privatización de Ecogás. Tanta generosidad internacional contrasta con la situación interna de Venezuela. La bonanza no ha traído una disminución sustancial de la pobreza y el desempleo. La mayor parte de los ingresos se ha ido en la construcción del pedestal del caudillo. Los beneficios para Venezuela, por ahora no se ven. El propio Chávez, antes de controlar Pdvsa, criticaba la internacionalización de la empresa y la adquisición de refinerías en el exterior. Según la comunicación oficial de su gobierno, tales compras -tan parecidas a estas- sólo servían para "evadir obligaciones con el pueblo e importar costos a Venezuela". Ahora ha cambiado de opinión. Chávez sabe que su predominio está amarrado al precio del crudo, pero cree que podrá exportar su revolución si la empaqueta con petróleo.
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