Sábado, 29 de noviembre de 2014

| 2013/08/22 00:00

Humanizar el capitalismo

Estaría bien si el progreso generara bienestar social y mejores condiciones de vida, pero infortunadamente no siempre es así.

Iliana Restrepo Hernández Foto: SEMANA

En un reciente artículo de The New York Times, el músico Peter Buffet, hijo de Warren Buffet, el magnate que en 2006 donó gran parte de su inmensa fortuna a proyectos sociales, pone el dedo en la llaga de un tema inquietante. 

Buffet hijo, además, maneja una de las tres fundaciones creadas por sus padres, las cuales recibieron de ellos generosos donativos. Dice, con conocimiento de causa, pero con marcada preocupación, que ha visto crecer en los últimos años la industria de la caridad (palabra que detesta). Ha entendido que el “colonialismo de la filantropía”, no es más que otra industria alrededor de las necesidades humanas.

El “negocio” del altruismo mueve billones de dólares. Tan sólo en EUA, de 2001 a 2011, las entidades sin ánimo de lucro han crecido un 25%, recibido US$316 billones y generado 9.4 millones de empleos. 

Estaría bien si esa progresión siempre generara bienestar social y mejores condiciones de vida a quienes los necesitan, pero infortunadamente no siempre es así. Gran parte de ese capital se va en pagar burocracia en esas mismas instituciones y muchas se comportan como empresas capitalistas, que dice Buffet haber visto, más preocupadas por el retorno de la inversión (ROI), que por el beneficio real que están llevando a las comunidades.  

En Colombia, en una clara demostración de que el Estado no hace bien su trabajo, existe también una proliferación de ONGS y fundaciones, a veces “flor de un día”, actuando en todos los frentes. Además en muchos rincones del país, la cooperación internacional ha regado millones de dólares, a veces privilegiando cantidad de beneficiarios sobre la calidad de los servicios y el verdadero impacto que se ha de producir. Son ejemplares los casos del Chocó, el departamento que más ha recibido estos recursos o sin ir muy lejos, en Cartagena el Barrio Nelson Mandela, entre otros. 

Mientras más profunda sea la inequidad social, más méritos recibirán quienes rieguen recursos buscando paliarla. Con la “moda” de la RSE muchas empresas que, a causa del sistema en que están inmersas, actúan de una forma que fomenta, a veces sin intención, esta enorme inequidad e injusticia social, crean hoy fundaciones aplicando el adagio “el que peca y reza, empata”. 

Si las empresas y el Estado se dedicaran a lo que les corresponde, con un alto nivel de ética privada y pública situando la honestidad y el bien común, por encima de mezquinos intereses, no habría necesidad de crear estas nuevas “empresas” de RSE que algunas veces confunden su misión.  

Aunque no soy economista, insisto en que debemos encontrar alternativas que humanicen este capitalismo en que estamos inmersos y que nos está consumiendo. No hay necesariamente que “matarlo” pero sí es un imperativo moral hallar e implementar las modificaciones que logren un régimen económico que genere equidad y bienestar para la mayoría. Así se evitaría recurrir a ese sistema de caridad sofisticado.

Finalmente qué se busca, se pregunta Buffet: “¿Elevar el ingreso de quienes viven con 2 dólares al día, para que se integren al mundo del consumo, compren más y formen parte de la rueda del capitalismo?  ¿No será con esto estamos tan sólo alimentando a la bestia?”

*Profesional de Estudios Literarios

Asesora de Proyectos internacionales

Institución Universitaria Bellas Artes y Ciencias de Bolívar UNIBAC

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