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Opinión

  • | 2017/02/25 11:39

    Humor en serio

    En realidad, antes que la gran prensa, el humor es el principal enemigo de Trump y el mayor aliado de la gente.

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Si hay un aporte ya evidente del gobierno Trump al mundo es el regreso del humor político. Así como los analistas, la prensa mundial, los inversionistas y demás ejes del poder están pendientes del comentario o de la orden presidencial del día, con una incómoda sensación de que cualquier cosa puede suceder y con la certeza de no entender aún al nuevo inquilino de la Casa Blanca, otra parte de la audiencia mundial espera ansiosa la paliza de humor que recibirá ese mismo día, pero en especial en la noche, el presidente de Estados Unidos o su equipo de gobierno más cercano.

En términos de sátira, Trump es el blanco perfecto: sus ademanes y gesticulaciones, el color del pelo, el mechón, las caras que hace, todo es material que invita a la parodia. Su evidente exceso alcanza de sobra para caricaturas, imitaciones y respuestas a sus políticas de gobierno, a su visión del mundo y a su forma de habitar en una realidad paralela.

Para todos es claro que Trump - su gobierno- no es para nada chistoso. A diferencia de Obama, quien además de buenos escritores tenía la capacidad y la gracia para burlarse de sí mismo, y para soltar el comentario irónico en el discurso correcto, al nuevo inquilino de la Casa Blanca no le luce porque le falta algo fundamental para el buen humor y la fina ironía: eso que en inglés se dice “timing”, el sentido de la oportunidad, del momento exacto. El actual presidente de Estados Unidos es objeto de burla; Obama hacía los chistes.

El desconcierto nacional, la sensación de estar en una fase oscurantista y la necesidad de afrontar el cambio ha traído nuevas audiencias y ganancias que se miden en millones para los comediantes/presentadores de los shows nocturnos de la televisión estadounidense, esos espacios de variedades que combinan entrevistas con música y un editorial político o sobre algún tema de actualidad. Aunque algunos todavía procuran guardar un tono correcto, muchos otros ya soltaron amarras y son mucho más incisivos en sus cargas de humor y profundidad.

¿Esa contundencia, que llega a ser brutal si hay humor inteligente, es posible en Colombia hoy? No se ve. Eso no quiere decir que no exista el humor político, porque lo hay, en especial en las caricaturas. Pero en radio, la fórmula de imitar la voz de figuras públicas, el personaje regional y el recurso de las coplas, que ha sido exitoso, no se ha renovado y está desgastado. Los protagonistas cambian según la coyuntura (es decir, varían poco porque nuestros políticos son los mismos y aquí nadie caricaturiza al poder económico porque puede salir caro el chiste), pero no hay una renovación del esquema.

El modelo de la radio lo han llevado a la televisión y no suena igual. En otros casos, el formato creado por Jaime Garzón y los equipos de Zoociedad /Quac el Noticiero sigue siendo el referente más de 20 años después, hasta el punto de tener hoy versiones de Dioselina Tibaná y Godofredo Cínico Caspa.

Sorprende que en Colombia, a pesar de ser una país mamagallista y con infinidad de personajes y situaciones a las cuales sacarles punta, no exista una mayor oferta de humor político en serio. Los yotuberos, que han sido la novedad, son un poco más arriesgados, pero tienden al payaseo; tal vez La Pulla es el espacio más contundente hoy gracias a sus libretos trabajados y a una presentación sencilla, directa y cuidada: no confunden la vitrina personal con el tema político, que es el verdadero protagonista en este tipo de canales.

El humor político es siempre el partido de oposición más fuerte y permanente porque no solo desacraliza: cuestiona.

Además, genera complicidad, identidad y la posibilidad de tener diferentes lecturas de la vida y de la sociedad. Un político radical difícilmente se ríe de sí mismo o de su época.

Si el presidente de Estados Unidos y sus asesores consideran a los medios de comunicación como el enemigo #1 de los estadounidenses, los late night shows ocupan el segundo lugar y cabe esperar que dentro de poco se ganen el podio y el odio oficial. En realidad, antes que la gran prensa, el humor es el principal enemigo de Trump y el mayor aliado de la gente.

@Polymarti

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