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Opinión

  • | 2011/12/21 00:00

    "Il dolce far niente"

    Por ese afán de ‘aprovechar el tiempo’, se ha perdido la posibilidad de disfrutar en lugar de sufrir cuando no se está en alguna actividad.

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“Il dolce far niente” o ‘lo dulce de no hacer nada’, es una frase que usan mucho en Italia donde el descanso, disfrutar de no hacer nada, es un tema importante. Sorprende ver cómo en agosto una ciudad como Roma se desocupa de ‘los locales’, a saber, los romanos, quienes ‘migran’ hacia las playas de todo el país; no sólo para escapar de la humedad y el calor de la ciudad, sino también para tomarse un tiempo de descanso. Para disfrutar lo que ellos llaman, “il dolce far niente”.

Conversando con un consultante hace unas semanas, se reía al contarme que su hija de cinco años lo sorprendió cuando le dijo que jugaran a no hacer nada. Él se quedó mirándola y le preguntó: “¿Y eso cómo se juega?”, a lo que la niña respondió botándose al piso a mirar el techo de su cuarto y quedándose absolutamente inmóvil y en silencio. A los pocos minutos se paró y antes de ir a jugar alguna otra cosa, le dijo: “Jugar a no hacer nada es a quedarse así papá, sin hacer nada”. Y salió corriendo. Este hombre se quedó en silencio, sorprendido de ver que su pequeña hija que está todo el día en movimiento, que les exige a sus padres una movilidad constante, tiene la capacidad para quedarse unos minutos quieta, sin hacer nada. “Yo soy muy activo. Siempre tengo que estar haciendo algo. Quedarme así como se quedó mi hija, acostado en mi cama, sentado en el carro sin radio, o en la silla de la oficina por unos minutos literalmente sin hacer nada, no lo he hecho nunca. Y lo más difícil es que no sé cómo hacerlo”.

Hace poco le oí decir a una persona que sabe mucho sobre temas de salud que lo más importante, más allá de la alimentación, del deporte, de los buenos hábitos, es el descanso. Saber descansar. Todos pensamos que descansar significa dormir y sí, es una parte importante, pero no es la única; más aun teniendo en cuenta que la gran mayoría de nosotros se acuesta para descansar y no descansa para dormir. Es decir, todos estamos activos hasta el último minuto antes de dormirnos: viendo televisión, metidos en Internet, oyendo radio, trabajando, hablando por teléfono, en cualquier actividad que no le permite al cuerpo y a la mente empezar a ‘desconectarse’ para poder descansar. ¿Por qué? Porque hay que “aprovechar” cada minuto del día y estar lo más activo posible; de lo contrario, se está ‘perdiendo el tiempo’. Esa es la creencia que hemos ido construyendo y, por eso mismo, ya es una realidad: quien deja un minuto del día libre para no hacer nada, sin estar activo en alguna cosa –especialmente en algo relacionado con la producción intelectual- es un inútil, un vago, una persona que no sabe aprovechar el tiempo. Y por ese afán de ‘aprovechar el tiempo’, se ha perdido la posibilidad de disfrutar en lugar de sufrir cuando no se está en alguna actividad.

Sin duda, estar activos, tener rutinas, horarios, actividades, en general mantenerse ocupado, no sólo ayuda a estar sanos física y mentalmente, sino que además es necesario para poder sobrevivir en un mundo como el de hoy. Es importante saber organizar el tiempo y planear las cosas de tal manera que cada persona pueda cumplir con todas las responsabilidades y deberes que tiene diariamente. Pero si dentro de esas rutinas y ocupaciones no hay un espacio para ‘no hacer nada’, y sobre todo, para aprender a disfrutar el hecho de no estar siempre ‘produciendo’, el tiempo libre empieza a convertirse, no en una fuente de placer, sino en una fuente de culpa. Y esto lo he visto en varios consultantes que, por la época del año, están tomando vacaciones; pero a pesar de que las llevan esperando todo el año, no las están pudiendo disfrutar porque no saben qué hacer con el tiempo libre; no saben disfrutar la dulzura de no hacer nada.

“El primer día de vacaciones me levanté feliz porque era lo que llevaba esperando todo el año. Desayuné, me senté a ver televisión ¡y a los cinco minutos empecé a desesperarme! Sentía que estaba perdiendo el tiempo, que tenía que hacer algo, así fuera leer el periódico. Pero quedarme sin hacer nada, desde ese día hasta hoy, no ha sido una posibilidad”. ¡Qué paradoja! Todos sueñan con tener vacaciones, tiempo libre para hacer lo que cada uno quiera; pero se nos ha vuelto tan difícil ‘no hacer nada’ que estar ocupado acaba siendo el camino más fácil. Tener rutinas, trabajo, ocupaciones, etc., ‘soluciona’ el problema de tener que pensar qué hacer y en qué ocupar el tiempo cuando no se está trabajando o haciendo lo que se “debe” hacer. Es por eso que para muchas personas es tan difícil tener un día libre: como no saben qué hacer con ellos mismos, terminan generando una sensación de culpa por no estar ‘haciendo algo útil’.

“No me he quedado ningún día en la cama hasta tarde, sólo los fines de semana. Pero mi actitud ha cambiado: hago mis vueltas sin afán, sin estrés, sin tener que hacer todo ya. Es más, si no alcanzo a hacer lo que tenía planeado en el día, no me importa. Lo hago al día siguiente. Y lo mejor es que no me siento culpable”, me dijo una consultante que, después de varios años de intenso trabajo, finalmente decidió tomarse unas vacaciones. Meses antes de salir estaba preocupada porque no sabía qué iba a hacer con su tiempo libre después de tres años seguidos en los que ni siquiera los domingos dejaba de trabajar. Si por casualidad tenía un par de horas libres, las usaba para leer cosas de actualidad, periódicos o revistas políticas, porque se sentía culpable de leer una novela o de ver televisión. Por tal motivo, pensar que iba a tener tiempo para ella sin tener la “disculpa” de tener que trabajar era algo que, en sus propias palabras, le ‘generaba terror’. Fue por eso que un tiempo antes de salir a vacaciones empezamos a ver qué pasaba con ella si –como la niña de cinco años- se tomaba unos minutos para no hacer nada. Empezó por tomarse treinta segundos por reloj al momento de levantarse en la mañana. “Es impresionante, pero sentía como si estuviera perdiendo el tiempo”, me dijo después de la primera vez que hizo el ejercicio. Poco a poco fuimos avanzando en que pudiera tomarse más de treinta segundos al día para no hacer nada, y aumentar el tiempo le era cada vez más difícil: “Sé que es absurdo, pero me siento culpable de no estar haciendo nada”. Hoy, meses después de haber empezado a trabajar esa culpa, se permite momentos en los que disfruta de lo dulce de no hacer nada, sin que por ello haya dejado de ser una persona activa.

Hay muchas formas de disfrutar “il dolce far niente” y para cada persona puede haber una diferente. Lo importante es que sea algo que se pueda disfrutar, que haya un balance entre estar ocupado y tener tiempo de no hacer nada, de descansar sin necesidad de estar ‘produciendo’. Lo dulce de no hacer nada significa llegar al punto en el que no hay nada en exceso, sólo lo suficiente (Nardone, 2009).

Aprovechemos el espíritu navideño para bajarle al ritmo y disfrutar del descanso, sin culpa, con alegría y con la posibilidad de simplemente ¡descansar! Feliz descanso y felices vacaciones.

*Psicóloga – Psicoterapeuta Estratégica
ximena@breveterapia.com
www.breveterapia.com

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