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Opinión

  • | 2002/06/02 00:00

    Ilusiones, más ilusiones

    Esta capacidad gerencial es, de su lado, el principal activo del nuevo Presidente: habrá más diligencia y eficiencia en los múltiples quehaceres del gobierno, 50963

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No era bueno ni era malo, sino que era inevitable: la arrogancia y la barbarie de las Farc nos obligaron a escoger al único candidato que estaba preparado para la guerra. Ni Serpa, ni Noemí, ni Garzón, propusieron nada serio para acabar la guerrilla: hicieron sus campañas para un país que no era.

Por eso los resultados inmediatos:

?La más grande moñona electoral que se recuerde.

?Los abrazos y pitazos que faltaron, pero habrían abundado en otro tiempo.

?La generosidad sincera del ganador: su campaña no había sido contra Serpa sino contra ?Jojoy?.

?La temprana visita de la señora Patterson y el general Serrano: para que no haya duda de porqué y cómo es la guerra.

?La esfumada instantánea de los otros equipos: venían pedaleando en el vacío.

?La jefatura de los partidos en una sola cabeza: eso pasa en las guerras.

Es la expresión de unidad nacional más nítida y más cálida que pueda tener un país tan confundido y desilusionado. También es el mayor de los activos que recibe el nuevo Presidente: un mandato tan claro y un margen de maniobra tan amplio como son posibles bajo la malhecha y maltrecha "gobernabilidad" que nos queda.

Además de carácter y entereza confirmados, Alvaro Uribe tiene la excepcional virtud de lograr cosas: lo probó, si faltara, su campaña, y ya lo había mostrado como gobernador de Antioquia. Esta capacidad gerencial es, de su lado, el principal activo del nuevo Presidente: habrá más diligencia y eficiencia en los múltiples quehaceres del gobierno ?y más aún al comparar con Pastrana?.

Si a esos dos activos se sumaran lucidez y buena suerte, las cosas podrían de veras mejorar:

?Comenzando por la guerra, cómo no. Más solidaridad ciudadana, más dirección, más tropas y más dinero ?como dijo el candidato?. Pero respeto al DIH, nada de armas para el millón de civiles, y una combinación de aviones para atacar y reclutas para defender en vez de los costosos soldados profesionales.

?Siguiendo, cómo no, por la paz que dejó entrever el Presidente. A ver si al fin entendemos que no es la guerra o el dialogo sino la guerra y el diálogo. Si ambos bandos aprendieron las dos lecciones del último fracaso: conversaciones fuera del país y mediación activa de un tercero. Si la ONU designa a un Carter, un Mandela, un Felipe González, un Altisaari. Si éste les explica a Uribe y ?Marulanda? que ninguno de los dos tiene nada que perder al iniciar un diálogo discreto y sin condiciones de entrada.

?Metiéndole mano, cómo no, a la recesión. De una parte, la poda burocrática severa, como en Antioquia, y la reforma pensional sin privilegios, como piden la equidad y la aritmética. De otro lado, el restart que defiende Stiglitz ?versión Sarmiento o aun variante Hommes?, el Atpa sin más trabas, otro stand by por 3.100 millones y condiciones financieras de favor como las que Clinton le dio a México o el mismísimo Bush le dio a Turquía.

?Y, mirando más allá de las narices, de pronto sale la "revolución educativa": dos millones de cupos en planteles contratados, Escuela Nueva y SAT, capacitación y evaluación de docentes, conectividad, plata a universidades según desempeño, remezón al Sena y prioridad ?por fin? de la inversión en ciencia y en tecnología.

?De pronto hasta el Congreso acepta el referéndum y somos tan de buenas que su texto recupera y aclara la política en lugar de seguir arrevesándola: partidos en vez de maquinarias, oposición en vez de desencanto, votos en vez de balas, legislación en vez de auxilios y serruchos, ideas en vez de slogans y opciones en lugar de presiones.

Dijo el gran Schopenhauer que la verdad no viene del entendimiento sino de la voluntad. Por el bien de Colombia yo quisiera que al menos esta vez tenga razón.

Pero debo advertir que esta columna debe menos a la fe que a la esperanza. Tiempo habrá ?y ojalá no lo hubiera? para contar porque veo yo más sombras que luces en el camino que acabamos de escoger.
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