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Opinión

  • | 2014/03/28 00:00

    ¿El resurgimiento del imperio ruso?

    El conflicto entre Rusia y Ucrania tiene mucho que ver con el interés de EE.UU. y la UE de incorporar a Ucrania a la OTAN para aumentar su dominio sobre las reservas de petróleo y gas del Cáucaso.

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El mensaje que ha enviado Vladimir Putin con la anexión de Crimea a la Federación Rusa es que está decidido a impulsar la reconstrucción del imperio ruso, como se sabe con la desintegración de la Unión Soviética y con el fin de la Guerra Fría, Rusia perdió preponderancia en la geopolítica mundial, pero con sus demostraciones de fuerzas en los conflictos del Cáucaso y Ucrania, busca reconstruir un nuevo imperio.

El conflicto con Ucrania va más allá de la simple reincorporación de Crimea y del puerto de Sebastopol. Rusia ha enviado un mensaje claro sobre la defensa de sus intereses en la región. Por eso, mientras en Occidente el tema de Crimea se mira como una invasión a Ucrania y una provocación, en Moscú se ve como una reunificación y una victoria histórica de Putin. 

Los rusos justifican la acción de Putin, sustentada en la autodeterminación del 96.7 % de la población que voto a favor de su reincorporación a Rusia y en el hecho histórico que la administración del territorio de Crimea fue cedida por Rusia a Ucrania en 1954. De allí el respaldo político que ha recibido Putin en Moscú por su determinación de reincorporar a Crimea a la órbita del Kremlin. 

Una movida política donde Moscú pierde por su “exclusión” del G-8, el retraso de su ingreso a la Unión Euroasiática y por las “sanciones económicas de congelaciones de activos” que han anunciado sus socios del G-8, pero que no afectan el plano comercial. Sin embargo, gana con la consolidación de su hegemonía en las antiguas Repúblicas Soviéticas y por el aumento de su capacidad de veto frente a Europa por su dependencia energética. 

Además, también gana por la posición ambigua de Alemania con quien tiene acuerdos comerciales, vitales para las economías de ambos países, entre los cuales la construcción del gasoducto del Báltico que unirá  a los dos países y que evitará que las exportaciones rusas de gas crucen por Ucrania y Polonia para abastecer a los mercados de Europa occidental.

Ahora los conflictos con Ucrania hacen parte de un legado histórico de varias disputas fronterizas y geopolíticas heredadas de la Unión Soviética, entre los países de su órbita geoestratégica. Antagonismos que se han incrementado en la medida que Ucrania ha buscado sacudirse de la dependencia rusa y suscribir acuerdos de cooperación económica y militar con las potencias occidentales. 

Al igual que otros choques que se originan por el control de las reservas minero-energéticas, sobre todo de las de petróleo y gas y por los intereses de las potencias occidentales de extender sus influencias políticas, económicas y militares hasta las goteras del Kremlin. 

Tal como sucede ahora con Ucrania, que las negociaciones de un acuerdo comercial con la UE, desató la ira de Moscú, algo similar aconteció en la crisis en el Cáucaso en el 2008, cuando Georgia se alineó con EE. UU. y pidió su ingreso a la OTAN. Es evidente que los rusos miran con preocupación los acuerdos de cooperación militar entre los países del entorno de las Repúblicas ex soviéticas con EE. UU. y UE, a través de la OTAN debido a que están orientados a reducir su influencia en el control de los recursos minero-energéticos en el Cáucaso. 

El Cáucaso es una región estratégica que une a los mares Negro y Caspio. De hecho ha sido escenario del expansionismo otomano y ruso, como también de conflictos étnicos, religiosos, políticos y limítrofes.  El Cáucaso es tan geoestratégico que solo el mar Caspio cuenta con el 15 % de las reservas mundiales de petróleo y más del 35% de las reservas internacionales de gas, y más aún por allí pasa la mayoría de los oleoductos y gasoductos que permiten proveer de hidrocarburos a Europa. 

Por eso el conflicto con Ucrania no se puede desligar de los problemas que originaron hace seis años la crisis en el Cáucaso, cuando Rusia invadió a Georgia con el argumento que apoyaba la independencia del Abjazia y Osetia del Sur.

En parte el conflicto con Ucrania se deriva del interés que tiene EE. UU. y la UE de incorporar a Ucrania en el eje de la OTAN para aumenta su influencia geoestratégica en esta zona de Asia.  Así como sucede hoy con el lío ucraniano, en los sucesos de Georgia, los países del G-8, condenaron la ocupación y amenazaron con emitir sanciones contra Rusia. Recuerdo las declaraciones del embajador ruso ante la UE, Vladímir Thijov, cuando dijo que Europa por su dependencia energética de Rusia, las sanciones dañarían más a los europeos que a Rusia.

La seguridad energética de Europa depende del gas de Rusia. Su vulnerabilidad energética hace que los anuncios de sus sanciones se conviertan en burla en el Kremlin. Moscú puede repetir la misma acción que hizo en el 2006 y el 2009 cuando cerró el grifo del gas y puso en aprieto a las economías de 18 miembros de la UE. 

La UE consume más de 14 % de la energía mundial y solo produce el 6.5 % e importa el 85 % del petróleo y el 67 % del gas que consume, y más de la mitad del gas que necesita proviene de Rusia. Y esta es una carta que tiene Rusia para frenar el avance de la OTAN hacia su patio trasero.

En Twitter: @j15mosquera
jemosquera@une.net.co
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