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Opinión

  • | 2013/10/17 00:00

    Cajeros que dan plata o que dan oro

    Banoro inaugurará unos cajeros en Medellín que dan oro de verdad, en lingotes, en vez de pesos oro, en billetes.

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Imagíneselo. Usted va con su tarjeta de cuenta de ahorros, ahí a sacar plata como cualquier día, y en el cajero le preguntan si prefiere la suma que quiere retirar, pero en oro. Oro en serio. Au. Pues bien, algo así quiere implementar Banoro en Medellín, a través de un sistema de compra de lingotes de Au, Ag y otros metales preciosos. 

Después de hacer una investigación de mercados, Medellín fue escogida como la primera ciudad latinoamericana en donde pondrán este sistema, que ha sido instalado en Estados Unidos, Emiratos Árabes, Alemania y Portugal por la empresa Gold to Go. Dejando el estereotipo narco que acecha a los colombianos en general y a los paisas en particular, el hecho de que alguien vaya a un cajero a sacar oro en este país me sigue pareciendo increíble, sobre todo por tres problemas que hay en Colombia y que creo que se reflejan con el dispensador de metales preciosos.

Lo primero: la papaya. Si a la gente le da miedo salir a la calle con una cadena o pulsera de oro porque se la rapen, no me imagino cómo se sentirán después de “retirar” un lingote del cajero. Banoro dice que tendrán cámaras de seguridad y demás instrumentos vigilantes, pero los cajeros de pesos oro también las tienen e igual roban a la gente, dentro y fuera. La papaya ahora se haría más evidente, la paranoia se multiplicaría y habría que ir con escoltas al cajero. Casi como pasa hoy.

Lo segundo: ¿quién va a ir a esos cajeros? Desde luego, alguien a quien no le preocupe lo primero y, además, que tenga plata. La transacción mínima es de $100.000 y llega hasta los $3’300.000. Claro, el oro es un bien precioso al que sólo se puede acceder si uno tiene el dinero para comprarlo, como los carros de lujo o los cruceros por el Caribe. No creo que alguien pueda “democratizarlo”, pero definitivamente su consumo será una manera de seguir mostrando y reproduciendo la, de nuevo y para sorpresa de nadie, alta desigualdad en el país: usted compra, puede entrar al club; si no, ¡gas!

La tercera, y menos obvia: la alimentación de la industria aurífera. Bien es sabido que la locomotora minera de carbón y petróleo ha puesto muchos pesos (y dólares) oro en los bolsillos de más de uno, pero la minería de este metal no se queda atrás. 

Los precios que cobraría el cajero no se comparan con los que compran la misma cantidad de Au a los mineros “tradicionales”, sin sumarle el altísimo costo ambiental derivado de la minería menos tradicional con retroexcavadoras, dinamita y mercurio en los ríos. Y ni hablar de los costos en derechos humanos que trae muchas veces esa extracción por amenazas y desplazamientos.

La discusión, entonces, del “fair-trade” que ahora se empieza a popularizar con el café y los vegetales, debería abarcar también la de la extracción de oro, sobre todo con una iniciativa que pretende masificar su consumo y que se precia de ser “viable” y “emprendedora” (pero claramente, no “sostenible”). 

Así y todo, ya veré a más de uno retirando su lingote en el cajero, porque “el Au es una inversión más estable que el dólar”, porque quieren regalarle algo brillante a alguien o simplemente porque pueden. En definitiva, a mí me parece una mala idea; pero quién sabe, quizá Medellín se vaya a convertir en el nuevo El Dorado, con el oro de la leyenda del siglo XVII y los problemas de la Colombia del siglo XXI. 

*Investigador del Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad – www.dejusticia.org
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