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Opinión

  • | 2014/06/14 00:00

    Incompetencia vs. delincuencia: tierra y decadencia

    Ahora nos tratan de hacer creer que el camino es sentarse a negociar con los bandidos de las FARC. Como si fuera tan fácil olvidarnos de que secuestran, trafican perico y se roban el ganado.

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Miedo y rabia. Aparentemente los sentimientos más duraderos en la cultura política colombiana. Desde que la encomienda se apoderó de las selvas y las montañas, pasando por la peste republicana de los nacientes partidos políticos, hasta la aparición de nuevas formas de lucha para refundar la patria. Doscientos años de comunicación basada en el machete, el AK 47, la motosierra, el twitter, y el cilindro bomba. La democracia como medio, la prosperidad como fin, y el corbatín para mostrar las buenas maneras. Como dijo Robinson: “Una democracia de orangutanes”. 

La tierra sigue siendo el principal activo en disputa. Carranza se dio cuenta después de Guadalupe Salcedo, y unos años antes que Martín Llanos. Las ciudades se siguen llenando, porque durante los últimos 80 años los ejércitos públicos y privados han defendido las inversiones de las familias decentes y de los clanes mafiosos que nos gobiernan. Cada década se anuncia una nueva revolución para el campo, para la educación pública y para los trabajadores del futuro. 

Durante los últimos 20 años la República ha visto a los guerrillos tomarse el palacio, a los narcos el 7% del PIB, a los paracos el Congreso, y a los Uribe las carreteras. Entre tanto alboroto han quedado en evidencia nuestros más grandes fracasos para defender la vida y garantizar el respeto por la diferencia. Lo único que nos ha unido como Nación durante los últimos 200 años es la idea de un país en guerra. 

Cada quien -desde su orilla- con una interpretación y una cura distinta. Casi todos le rezamos al mismo Dios, cuyo hijo perdonó a sus agresores y maldijo a los comerciantes de la fe y los ídolos. Pero eso no es suficiente para justificar la aceptación de nuevas oportunidades, por que ese Dios gobierna los cielos y nosotros vivimos en la tierra. 

Hace 12 años se apareció otro Mesías, que prometió vengar el dolor de millones de  hombres y mujeres víctimas de los comunistas. Un campesino -como otros tantos- que vio derrumbarse tantos sueños en nombre de la igualdad, que decidió emprender una cruzada por los menos favorecidos, y por los excluidos de siempre. 

En lo que hubo de la siembra a la cosecha, pasó de dirigir la aeronáutica civil y grupitos de defensores de la propiedad privada a ser presidente de la patria. El verdadero paraíso -y sus ficciones de movilidad terrestre- quedó impregnados en lo más hondo de miles de corazones fervorosos por el divino niño y el padre Gregorio López. Nosotros preferimos los paraísos donde la inversión extranjera contribuya con los procesos de pacificación y fortalecimiento institucional. Somos parte de ese grupo de patrias cohesionadas a partir del desamparo de dios y del diablo. 

La llegada de Santos al poder nos puso en apuros durante unos años. El bisnieto de la oligarquía bogotana se aprovechó de nuestra buena fe y nuestra confianza. Por el camino ha tratado de evitar que sigamos defendiendo el respeto por las escrituras notariales y el buen aprovechamiento de los páramos. 

Ahora nos tratan de hacer creer que el camino es sentarse a negociar con lo bandidos de las FARC. Como si fuera tan fácil olvidarnos de que secuestran, trafican perico y se roban el ganado. Por ahora justificamos los medios para lograr el sacro fin de devolverle la dignidad a nuestra patria, aunque eso implique firmar otro nuevo cheque en blanco. Más allá de la Guajira hay verdaderos conflictos, más sangrientos que el nuestro, con mercenarios alemanes, vecinos indiferentes y madres descuartizadas

Las elecciones del próximo domingo van a dejar claro nuestro espíritu nacional. Ya está claro que no nos escandalizan las interceptaciones ilegales, el irrespeto por la división de los poderes públicos, o el uso de los bienes públicos para objetivos personales. 

Las discusiones de ética política sólo interesan a intelectuales de pacotilla con una sola cédula y sin conocimiento de las dinámicas electorales del aguardiente y el subsidio. Las elecciones están diseñadas para que unos grupos políticos y económicos tengan acceso al gran botín del presupuesto nacional. El domingo castigaremos la incompetencia de Santos para proteger a los reclamantes de tierras, para firmar un acuerdo de paz con una guerrilla que lleva haciendo de las suyas 50 años, y por no tener los pantalones para entrometerse en los procesos políticos de otros países. Mientras el ex #1 se regocija por la existencia de tantos idealistas de la democracia que votarán en blanco, se borrará de un palazo la posibilidad de seguir dialogando con unas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, torpes y prepotentes. 
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