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Opinión

  • | 2017/06/29 08:06

    Nación awá

    Pueda ser que su voluntad de trabajo con las instituciones se respete y conlleve sanas inversiones en salud, educación propia, fortalecimiento de sus propuestas de gobernanza, con un nuevo contexto para sus perspectivas tradicionales.

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A lado y lado de la frontera con Ecuador se encuentra el territorio de la nación awá, pueblo indígena de las selvas nubladas que cuenta la historia de su nacimiento a partir de la profusión de musgos, raíces de helechos y orquídeas, bromelias y lianas que recubren cada centímetro de una selva de montaña que recibe casi 5.000 mm de lluvia al año, lo cual explica lo innecesario de los pronósticos y la agricultura de tumba y pudre como estrategia productiva.

En 1982 el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) adquirió con contribuciones de centenares de ciudadanos norteamericanos (lo que hoy llaman crowdfunding, una vaca) unos terrenos que entonces estaban dedicados a la ganadería, pero que retenían una buena cantidad de bosque. La riqueza de flora y fauna llevó a pioneros de la conservación a medírsele a crear una de las primeras reservas privadas de Colombia, que sería donada a la Fundación FES de Cali, que la administró hasta 2010 cuando transfirió su propiedad a los indígenas awás, sus dueños ancestrales.

Hoy día la organización de cabildos Awá Camawari, diezmada hasta hace poco por el uso ilegal de sus tierras para producir y traficar con coca, se alza recordando que pagó con sangre su decisión de no participar en la guerra: una decena de sus mejores hombres fue asesinada por su resistencia. Hoy día, pese al avance de bandas criminales Tumaco arriba, lanzan una propuesta particularmente interesante, el desarrollo del “turismo científico” en la zona, pues en ella cuidaron la estación de investigaciones de La Planada como un tesoro que hoy se puede visitar de nuevo, a medio camino entre Pasto y la costa del Pacífico. Concuerdan los awás que hoy día con solo maíz no se vive y que el bienestar de su comunidad está asociado con el acceso a diversos bienes, públicos y privados, que conllevan retos financieros importantes: excepcionales en su lucidez, los awás diseñan una propuesta propia pero concertada con el Gobierno departamental para vivir a su manera y adaptarse a los cambios de los tiempos, que incluyen clima, vecinos y políticas contradictorias, aprovechando su mayor patrimonio, la biodiversidad.

Pueda ser que un territorio donde todavía los viejos dejan una parte de la cosecha para que el oso andino coma tranquilo, recupere la vocación de paz y convivialidad que los awás han mantenido durante centenares de años, si no milenios. Pueda ser que su voluntad de trabajo con las instituciones se respete y conlleve sanas inversiones en salud, educación propia, fortalecimiento de sus propuestas de gobernanza, con un nuevo contexto para sus perspectivas tradicionales. Otros actores protegen el alto Cumbal, la reserva Río Ñambí y la reserva La Nutria en un gradiente que va de las cumbres heladas a los esteros del río Mira, gobernados por comunidades negras. Si es así, miles de hectáreas de selvas de la cuenca del río Güiza, que va del páramo a los manglares, serán la mejor opción para construir sostenibilidad sin fanatismo, bienestar a su manera, convivencia y gozo con el resto de colombianos que iremos a visitarles cada vez con mayor asiduidad. ¡Que viva la nación awá!

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