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Opinión

  • | 2004/10/03 00:00

    Inflación petrolera: lecciones de experiencias pasadas

    Los incrementos pronunciados en los precios del crudo no son una novedad. Marc Hofstetter compara la situación actual con episodios históricos de inflación petrolera y sus lecciones

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En días recientes el precio del petróleo ha oscilado alrededor de 50 dólares por barril, un número sin precedentes en la historia del crudo. La prensa se llenó de titulares sobre el tema, las bolsas miran con recelo el fenómeno y los gobiernos y organismos multilaterales piensan en opciones de política económica para mitigar los efectos de la inflación del crudo. ¿Pero qué tan grave es la situación? ¿Qué hemos aprendido de eventos similares en el pasado? ¿Qué consecuencias tiene sobre la economía y qué pueden hacer los gobiernos para reducir los posibles impactos negativos?

Incrementos pronunciados en los precios del crudo no son una novedad en la historia reciente. De hecho ha habido al menos dos episodios de inflación petrolera cuya magnitud supera con creces la actual. Entre 1973 y 1974 los precios del petróleo se triplicaron al pasar de 3,6 dólares por barril a más de 11. Los efectos sobre los precios del petróleo fueron permanentes pues estos jamás recuperaron los niveles de antes del 73. La causa de este episodio fue la guerra del Yom Kippur entre Israel y los países árabes. Entre 1978 y 1980, en medio de la incertidumbre que siguió a la revolución iraní, el mundo presenció una nueva escalada alcista en los precios del crudo. Esta vez, el barril pasó de menos de 15 dólares a bordear los 40. Los precios se mantuvieron en niveles altos hasta 1986, año en que discrepancias en la Opep redujeron los precios hasta poco más de 12 dólares por barril. Estos dos episodios han recibido amplia atención de gobiernos, economistas y entidades multilaterales. Esta atención es bien merecida: el primer choque petrolero significó un alza en los precios del crudo de 213 por ciento y el segundo implicó un aumento de 166 por ciento.

Contrastado con estos dos choques, el incremento que hemos observado recientemente en los precios del petróleo es relativamente moderado. Aun si comparamos el precio de hoy con el promedio observado en 2002 (antes de la guerra en Irak), la inflación petrolera es del orden de 90 por ciento, muy por debajo de la observada en los 70. En todo caso, el incremento es importante y las lecciones aprendidas en episodios anteriores son relevantes.

¿Qué implicaciones macroeconómicas han tenido estos choques pasados? Hay dos efectos fundamentales asociados a pronunciadas inflaciones petroleras. El primero es un impacto negativo sobre el crecimiento económico global que se manifiesta con un rezago de alrededor de un año. En el choque petrolero de la primera mitad de los 70, la recesión mundial se sintió con mayor fuerza en los años 74 y 75, mientras que en el segundo choque los impactos se hicieron evidentes a comienzos de la década de los 80. En la coyuntura actual ya han aparecido las primeras señales de alarma en este frente: el FMI, en la edición del World Economic Outlook de septiembre de 2004, advierte que los incrementos en los precios del petróleo han contribuido al debilitamiento de la expansión global y pronostica que dicha tendencia podría mantenerse en el futuro cercano.

La segunda consecuencia macroeconómica obvia es el impacto sobre los precios de la economía. Los episodios de inflación mundial de mitad de los 70 y principios de los 80 fueron atizados por choques petroleros. En los países en que se aplicaron políticas desinflacionarias dirigidas a reducir dicha escalada inflacionaria, se exacerbaron los impactos negativos sobre el crecimiento de corto plazo. Aquellos que por el contrario optaron por políticas monetarias laxas terminaron con costosos y prolongados episodios inflacionarios.

Las experiencias anteriores dejaron importantes lecciones sobre las políticas económicas más apropiadas en estos escenarios. En particular, una de las enseñanzas fundamentales indica que los bancos centrales deben estar muy atentos para evitar los efectos secundarios de dicho choque, es decir, prevenir que el alza se propague a los precios del resto de la economía y a las expectativas inflacionarias. En ese sentido, si los niveles actuales en el precio del petróleo se extienden por un tiempo más, es de esperar que los principales bancos centrales del mundo reaccionen subiendo sus tasas de interés.

La reciente recuperación del crecimiento económico mundial, liderada por una moderada expansión de Estados Unidos, la recuperación de Japón y el elevado crecimiento chino, hacían prever alzas en las tasas de interés para controlar posibles brotes inflacionarios. Con la actual coyuntura petrolera es de temer que el ajuste en las tasas de interés vaya a ser aún mayor de lo inicialmente previsto. De ser así, el crecimiento mundial del año 2004, que según estimaciones preliminares será el más alto en los últimos 30 años, no será sostenible y las perspectivas de crecimiento de corto plazo deberán ser ajustadas a la baja.

El Banco de la República no escapa a estas lecciones y seguramente está siguiendo con atención el devenir del precio del crudo y monitoreando su posible propagación a otros precios de la economía. Los próximos meses serán claves para establecer si la coyuntura actual es de carácter transitorio o no, y determinarán si debemos prepararnos para épocas de menor crecimiento y mayores tasas de interés.

* Doctor en economía. Profesor asistente de la facultad de economía de la Universidad de los Andes.
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