Martes, 21 de octubre de 2014

| 2004/03/07 00:00

Ingrid en el huracán

El mal manejo del cautiverio de Ingrid debe corregirse. Equivocarse en las gestiones debilita la solidaridad hacia la secuestrada

El incidente del vicepresidente Francisco Santos con la familia de Ingrid Betancourt es uno más dentro de una cadena de hechos desafortunados producto de la aflicción de sus allegados por su secuestro.

En defensa de Pacho salió su hermano Rafael, a aclararle a la familia de Ingrid que en la liberación del secuestrado no medió pago alguno de rescate al capo Pablo Escobar. Tal acusación se produjo porque Pacho se atrevió a sugerir que si se está pensando en darle el Premio Nobel de la paz a Ingrid Betancourt, se haga extensible a todos los secuestrados de Colombia.

Para la familia, esta petición del vicepresidente sonó como una desautorización a Ingrid, y produjo la comentada reacción.

Una reacción, por cierto, tan equivocada como otras que han venido anidando en la opinión pública una cierta antipatía por la prelación que se le ha dado al secuestro de Ingrid sobre el de los demás secuestrados.

No es inusual escuchar cada vez con mayor frecuencia en las emisoras llamadas del público que piden un tratamiento igual para todos los que están privados de su libertad.

El movimiento mundial que se ha venido consolidando para presionar la liberación de Ingrid tiene a muchos colombianos convencidos de que ella es la única secuestrada en Colombia que le preocupa al mundo. Y lamentablemente, así parecería.

No hemos sentido o presenciado ni una sola vez que el gobierno de Francia, por ejemplo, o su embajada en Colombia se comprometan con gestiones que busquen una liberación adicional a la de Ingrid -que, casada con un ciudadano francés, recibió la nacionalidad de ese país-, lo que en la práctica ha demostrado que le da a su cautiverio mayor prelación que al de cualquier otro ser humano.

¿Habrían mandado un avión París-Brasil para gestionar la liberación del cabo Pablo Emilio Moncayo o del soldado Libio Martínez, cada uno de los cuales lleva seis años y tres meses encerrado en un campo, o mejor, en un corral de concentración? Nunca es tarde.

Pero no solo la atención mundial ha sido discriminatoria con los otros miles de colombianos que añoran regresar con vida a sus hogares.

La actuación de la familia, que obviamente sólo busca el bien de Ingrid, ha sido equivocada. En el reciente viaje de Uribe a Europa manifestaron una hostilidad hacia el Presidente de la República, con pancartas y movimientos callejeros, que casi hizo parecer como si fuera Uribe el que tuviera presa a Ingrid en algún sótano del Palacio de Nariño.

Esto a los colombianos les pareció injusto con su Presidente e injusto con la imagen -de por sí bastante castigada- de Colombia entre los europeos.

Después vino la desafortunada carta del diplomático y ex marido de Ingrid en que acusa al presidente Uribe de traición: le costó el cargo.

El segundo esposo de Ingrid también ha salido con gestos hostiles a ventilar su entendible desesperación en las calles bogotanas.

Este mal manejo del cautiverio de Ingrid debe corregirse. Ella tiene dos embajadoras de primera categoría que son su madre, Yolanda, cuyo dolor es ostensible y conmovedor, y su hermana Astrid, que con frecuencia interviene en los medios de comunicación con gran seguridad y entereza para referirse al caso de Ingrid. Pero equivocarse en las gestiones que la situación exige debilita la solidaridad de la opinión hacia la secuestrada.

A tal punto, que en una reciente columna, María Jimena Duzán habló en El Tiempo de la ''deificación de Ingrid'', y por la forma como fue comentada, no dudo de que interpretaba el creciente sentimiento de muchos colombianos.

Incluso en la carta en defensa de su hermano, Rafael Santos se atreve a lanzar la dura frase de que el dolor por el secuestro de Ingrid ''no justifica que se aproveche políticamente para buscar honores, no sabemos con qué propósito''.

No. No es justo que encima de su cautiverio, un manejo errático de la situación por parte de su familia someta a Ingrid, que nada puede hacer para defenderse, al recelo de sus compatriotas, que no están dispuestos a admitir que las vidas de los secuestrados puedan ser de distintos quilates.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×