Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2003/05/26 00:00

Inseguridad jurídica

En el derecho público la cosa es mucho peor. Si todo mundo tiene la razón, el que de veras la tiene es el que puede. Gana la teoría respetable que se ajusta al querer del que esté arriba

Inseguridad jurídica

En La Lotería de Babilonia, Borges nos dejó el retrato inaudito de una sociedad en la cual la vida depende por entero del azar, de una infinita serie de sorteos que cada día deciden qué le pasa a cada quién. Pues Borges sin saberlo estaba hablando de Colombia y su sistema judicial, donde a cualquier asunto le cabe cualquier fallo.

Tomemos el ejemplo gracioso de la semana. El juez cuarto de Palmira manda revocar la designación del rector de la Nacional, mientras el juez 35 de Bogotá niega la petición que a igual efecto formuló el candidato derrotado, y el juez cuarto de esta ciudad sencillamente no admite la demanda. El Consejo de la Universidad se reúne y concluye que acatar alguno de los tres fallos sí, no, tal vez- sería un desacato.

O tomemos el caso serio de la semana. El Procurador recomienda declarar inexequibles 14 de los 19 artículos del referendo, así como las preguntas introductorias y el voto en blanco. Sostiene el doctor Maya que la ley viola el artículo 378 de la Carta y que al tramitarla se ignoraron normas sobre publicidad, separación de poderes y otras más. Pero el texto descarta expresamente otros posibles vicios de inconstitucionalidad (voto en sesiones extraordinarias, vencimiento de términos?) y sienta doctrinas espinosas para el trámite de un futuro referendo (el Congreso puede modificar el texto, la unidad de materia no es estricta?). Lo bueno de los argumentos del señor Procurador es que son perfectamente respetables, lo malo es que son perfectamente deleznables, y lo feo es que la Honorable Corte fallará cualquier cosa igual de respetable y deleznable.

O tomemos el ejemplo que a Londoño le parece "abyecto" y al resto del planeta le parece de opereta. El Ministro, el Fiscal, el Ministerio Público y el mando militar tienen cuatro teorías distintas sobre la célebre "guaca"; que peculado, que enriquecimiento, que deserción, que traición a la patria. Y si a los reos les quedó con qué pagar narco-abogados, pronto oiremos otras teorías: que orden superior, que bien mostrenco, que ladrón robó a ladrón, que guaca, que tesoro, que naufragios, que Andrés Bello, que el Código de Minas, que recompensas, que faltó una firma o se venció algún plazo.

Para que vean que no es invento mío, aquí van otros asuntos que en estos mismos días andan enredados en teorías jurídicas muy sensatas y muy contradictorias: la licitación para los canales Uno y A, el indulto al comandante del frente 46, la recolección de basuras en Bogotá, la fecha de las consultas internas, la exportación del chigüiro, la necesidad de un "poder de gracia" presidencial, el futuro de Emcali, el del ISS, el uso de medidas antiterroristas sin ley estatutaria, la información sobre deudores morosos, las conciliaciones archimillonarias en Bolívar, las elecciones de noviembre, la venta de gasolina al por menor, la patente del Viagra que tanta falta hace según la última encuesta de SEMANA y, vea usted, el mismísimo giro para que los jueces puedan seguir craneando teorías.

Podría escribirse largo sobre las causas de este caos jurídico. Propongo cuatro o cinco: una Constitución que no ha acabado de asentarse, que quiso ser conciliadora y resultó verbosa; una pluralidad de tribunales supremos que por ende se rozan cada día; la teoría del "activismo judicial" mal copiada del derecho anglosajón; y la calidad deplorable de abogados que pueden producir 536 facultades piratas regadas por toda la Nación.

El resultado de este caos educado es que todas las partes tienen la razón y que ninguna tiene la razón. Ningún concepto es correcto porque ninguno es incorrecto, hay certezas subjetivas pero faltan verdades.

Los mercados no pueden operar bajo esa incertidumbre. Por eso los contratos privados son cada vez más largos y prolijos, por eso han florecido los bufetes, por eso tantos tribunales de arbitramento y por eso de -rebote- los goles millonarios al Estado que no paga tan buenos abogados.

Y en el derecho público la cosa es mucho peor. Si todo mundo tiene la razón, el que de veras la tiene es el que puede. Gana la teoría respetable que se ajusta al querer del que esté arriba. Por ejemplo, la teoría respetable de que el gobierno pueda llamar a referendo sin pasar por el Congreso o sin que éste lo pueda tocar. Verdad que así tendríamos reforma política. Y alargue del período presidencial. Y cualquier otra cosa que le dé por inventarse a un presidente en su luna de miel.

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