Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2007/09/01 00:00

¿Inteligentes o brutos?

Nuestros espías no tienen ni siquiera protección de su identidad

¿Inteligentes o brutos?

Llevamos casi tres meses en una controversia contra el ministro Juan Manuel Santos, por cuenta de unas interceptaciones telefónicas aparentemente ilegales.

Ilegales, pero a través de ellas se pudo saber que 'Macaco' y 'Don Berna' seguían delinquiendo y ahora están a un paso de ser extraditados.

En las mismas interceptaciones grabaron hasta al ex magistrado Carlos Gaviria y a la periodista Claudia Gurisatti, según la explicación de que se hacían en un espectro amplio, hasta el punto de que captaron la conversación de la periodista con el magistrado, porque ella se encontraba en la cárcel de Itagüí, y desde allí se comunicó con Gaviria.

Obviamente el incidente dio para acusar al gobierno de estar interceptando a la oposición, algo que todos los gobiernos han hecho desde que existen los métodos de interceptación electrónica, y hasta antes, sin que eso sea justificable.

Pero a lo que un Estado no puede renunciar es a interceptar a sus enemigos. Que son distintos a los opositores del gobierno. En Colombia interceptar comunicaciones es ilegal, a no ser que sea producto de una labor de policía judicial pero jamás de una investigación de inteligencia, propiamente dicha.

Es decir: que aquí se puede interceptar la conversación de un preso, pero no de un sospechoso de terrorismo. O sea, que las interceptaciones no pueden ser con carácter preventivo.

Por comparar, en Estados Unidos los servicios de comunicación tienen la orden de guardar un archivo de mínimo un año al que tienen acceso todos los organismos de inteligencia del Estado, sin orden judicial. Incluso controlan la sacada de libros de las bibliotecas, por si el tema del acucioso lector tiene que ver con asuntos que puedan vulnerar la seguridad de Estados Unidos. Ni locos deberíamos llegar a ese grado de constreñimiento intelectual.

Pero algo parecido sucede en Inglaterra: todo proveedor de comunicaciones está en la obligación de permitir el acceso de las agencias de seguridad.

En ambos casos los procedimientos antiterroristas, dirigidos a protegerse de una potencial acción terrorista, pasaron por fuertes debates parlamentarios, hasta ser aprobados. La discusión, muy legítima, desde luego, era la protección de la intimidad personal.

¿Y en qué estamos en este país, en el que la amenaza terrorista es interna, y en el que estamos viviendo una guerra que nos tiene absolutamente desesperados?

En que aquí no se puede hacer labor de inteligencia sin pasar por una cantidad de trámites burocráticos.

La semana pasada nos contaron que se evitó que volaran la plaza de toros de Bogotá, gracias a una labor de inteligencia, y que se cometiera un magnicidio, gracias a otra labor de inteligencia, por medio de interceptaciones telefónicas cuya legalidad se discute. ¿Esas chuzadas de comunicaciones fueron con fines judiciales, o con fines preventivos? Vaya usted a saber. Lo único claro es que impidieron que volaran a la Santamaría y el magnicidio de alguien que todavía no sabemos quién es, pero que habría acabado con el prestigio de la política de seguridad democrática de Uribe, según el general Chávez, ex jefe de inteligencia de la Dipol.

Si quieren otro ejemplo de nuestra fragilidad en materia de inteligencia, está el de la protección de la identidad de los 'espías' del Estado. O sea, de 'los buenos', los que se infiltran, los que arriesgan la vida para conseguir información. Es obvio que si 'los malos' infiltran el sistema de un organismo de seguridad, algo que ha probado ser absolutamente fácil, esa persona que no tiene protegida su identidad es plenamente identificable y por consiguiente eliminable: la asesinan con todos los datos en la mano, como ha sucedido cientos de veces con funcionarios del Estado totalmente leales. En muchos países del mundo con problemas menos graves que el nuestro, es absolutamente legal que una persona que trabaja en inteligencia opere bajo un 'alias', y bajo ese alias le paguen su salario. Me cuenta el ex jefe del DAS, Andrés Peñate, quien le consultó esa posibilidad a la entonces registradora Alma Beatriz Rengifo, que ella le respondió: técnicamente somos capaces de hacerlo y de controlar, pero es ilegal.

Total, nuestros 'espías' e infiltrados en organizaciones criminales no tienen ni siquiera la protección de su identidad.

¿Cómo pensamos ganar esta guerra interna, si interceptar comunicaciones del enemigo requiere hacer fila, tener una firma, una autenticación en notaría, y luego enfrentar varios debates en el Congreso para explicar lo que se pudo evitar, bajo el riesgo de que nadie se lo crea?
 
ENTRETANTO … ¿No es una desafortunada coincidencia que 'Pasión' sea la marca comercial de Colombia hacia el exterior, y 'Pazión' el nombre de la revista de los paras? Que la Z nos separe. .


¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.