Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2002/08/26 00:00

Intríngulis de una bofetada

En la elección del Contralor se desobedeció, no un guiño de Uribe pues los guiños se hacen con los ojos, sino una auténtica orden

Intríngulis de una bofetada

Lo sucedido la semana pasada con la elección del contralor Hernández Gamarra no fue una simple pilatuna parlamentaria. Fue la primera gran derrota política del gobierno de Alvaro Uribe, una temprana bofetada, a menos de 15 días de inaugurado el gobierno, cuyos intríngulis no son del todo conocidos y cuyas consecuencias aún son inciertas.

Que haya sido la propia bancada del gobierno la que hubiera organizado el motín representó un delicado desgaste para la solidez del gobierno. Le quitó credibilidad a la eficacia del Ministerio del Interior, resquebrajó las que parecían venir siendo unas relaciones fluidas entre el liberalismo uribista y el Partido Conservador, y a este último le propinó un enorme daño adicional: no pudo elegir Contralor porque no es el partido de oposición, pero derrotado por sus socios uribistas, ahora tampoco es partido de gobierno.

Aquí se desobedeció, no un guiño del presidente Uribe porque los guiños se hacen con los ojos, sino una auténtica orden, porque las órdenes se dan con la boca y todos oímos perfectamente cuando el presidente Uribe dijo que como garantía de control político, tal y como lo prometió en la campaña, el Contralor debería ser conservador. Y mamola.

Sin embargo, la explicación de la mamola es la que no está muy clara. Porque la derrota del candidato conservador, Emilio Echeverri, no puede ser explicada precisamente por el 'carisma' de Hernández Gamarra, un economista tieso, como todos los economistas.

Tampoco podemos encontrar la explicación en el clientelismo. Hernández Gamarra sólo tiene 90 puestos para proveer porque su antecesor, Carlos Ossa, eso sí después de haber nombrado a todos los recomendados de los congresistas, montó en la entidad la carrera administrativa. Y 90 puestos no son suficientes para voltear el Titanic.

Pero una vez iniciado el motín uribista, sorpresivamente la mitad de los parlamentarios conservadores soltaron al candidato de su partido y se pasaron para donde Hernández Gamarra, que de paso también era el candidato de Samper.

Si parece ser tan difícil encontrarle explicación a la actitud del uribismo, lo del Partido Conservador línea Telésforo Pedraza sí que es un enigma. Algunos dicen que la adhesión a Hernández se explica por el afán de no quedar derrotados: para eso apoyar al que va ganando es un seguro de vida.

Otros aseguran que detrás del deslizamiento de este grupo de conservadores estuvo la mano de Andrés Pastrana, quien le tiene una 'tirria' bastante marcada al conservador Emilio Echeverri por cuenta de varios incidentes ocurridos durante el proceso de buscarle reemplazo a Jorge Cárdenas Gutiérrez en la Federación de Cafeteros.

Insuficiente explicación. Por eso unos más maledicentes van más allá y sostienen que el gobierno Pastrana necesitaba "contralor guardaespaldas", al igual que varios parlamentarios beneficiados por los auxilios repartidos en la última etapa del anterior gobierno. Que Emilio Echeverri no cumpliría ese papel es claro. Pero la versión también falla porque estoy segura de que tampoco la cumplirá Hernández Gamarra, quien tiene una excelente fama profesional y personal, a pesar de que algunos de los que lo conocen de cerca le critican que es demasiado "buen tipo" para ejercer enérgicamente el cargo de primer fiscalizador de la Nación.

Queda todavía otra versión. Que la Contraloría venía negociándose a cambio de las presidencias del Congreso. Me niego rotundamente a creer que los presidentes de Senado y Cámara, Luis Alfredo Ramos o William Vélez, con la mirada complaciente de este gobierno que ya paga el costo de no comerciar políticamente, le hayan 'jalado' a esa vagabundería.

Sobre la identidad del próximo vicecontralor también se tejen versiones. No las digo porque no las tengo confirmadas.

Por último, se dice también que lo que le pasa al Congreso es que está furioso con Uribe. Primero porque en Pasto se refirió de manera bastante desobligante contra los congresistas. Y segundo, porque lo de que este gobierno no da puestos resultó que era en serio. Muchos ni siquiera se lo creían hasta que se anunció que en adelante los gerentes regionales van a ser nombrados... ¡por concurso!

En cualquier caso, el episodio me ha recordado un cuento del ex presidente Gaviria. Quien, cuando alguien le sugirió que hiciera un guiño por uno de los candidatos que entonces aspiraban a la Contraloría, Gaviria le respondió: "¡Ni muerto voy yo a cometer el error de engrosar la lista de presidentes güe? que por hacer ese guiño terminaron haciéndose derrotar por el Congreso!".

ENTRETANTO?¿No será que con tanta madrugadera y trasnochadera, Uribe no está dejando trabajar a los ministros?

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