Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2005/02/14 00:00

    Invierno en el Vaticano

    Si pudo ser gobernada Colombia por un presidente extraviado en el Alzheimer, ¿no podrá seguir adelante el Papa con un simple Parkinson?

COMPARTIR

Recuerda el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado, que Pío Nono gobernó la Iglesia durante 32 años (el Papa actual lleva apenas 26) y que León XIII nació en 1810 y dirigió el catolicismo hasta 1903, es decir, hasta sus 93 años bien cumplidos (el Pontífice polaco tiene casi 10 menos). Como quien dice que los católicos pueden tener a Karol Wojtyla du-

rante uno o dos lustros más, si el Espíritu Santo lo permite. Además, como recuerda el vaticanólogo Vittorio Messori en el Corriere della Sera, el Santo Padre no tiene superiores, salvo en el Cielo, y por lo tanto ningún mortal ni junta de mortales le pueden pedir que se retire a un convento.

Una de las cosas fascinantes del catolicismo, al menos para mí (y estoy hablando en serio), es esa constancia en las tradiciones milenarias: las ceremonias suntuosas, los ornamentos majestuosos, las voces blancas de los niños impúberes contra el bramido hondo de los órganos de fuelle, las telas y vestidos y capas y brocados, con unos géneros y sederías que ya quisieran las macilentas modelos del Fashion Channel. Esa parafernalia, el oro, el trono, el báculo, las exquisitas frases en latín (nuestra lengua materna), las encíclicas de nombres arcanos e insondables: Rerum Novarum, Veritates Splendor, Fides et Ratio, Centesimus Annus. Esos sí son títulos, mientras aquí discutimos de las putas tristes (ah, si fueran al menos Afflictas Meretrixis, o algo menos macarrónico).

El modelo de gobierno de la Iglesia, que es una institución antigua, posterior a la democracia ateniense, sí, pero modelada a imagen y semejanza de los sumos pontífices del Imperio Romano, no es la democracia sino la monarquía: el gobierno de Uno. Lo que pasa es que monarcas, lo que se dice monarcas, ya no existen, y si uno quiere siquiera imaginarse lo que era aquello, hay que dirigir la vista a ese diminuto reino (de este y del otro mundo) llamado el Vaticano, desde donde una corte de purpurados y príncipes gobiernan esa inmensa congregación de fieles llamada Iglesia Católica, Apostólica y Romana. El sistema funciona más o menos así: todos los cardenales y obispos tienen derecho a opinar sobre cualquier asunto, pero sólo el Papa define lo que se debe hacer y creer (dogma), aconsejándose consigo mismo y pidiendo humildemente inspiración de las Alturas. Punto.

En los sistemas monárquicos (que en el mundo de la política actual sólo tienen un lejano pariente: las dictaduras), la decadencia del rey, su invalidez física o mental no implican el retiro obligatorio. Le preguntan los periodistas al cardenal Sodano: "¿Y si no pudiera volver a hablar? ¿Se puede gobernar sin palabras?" "El Señor lo inspirará, pues el Papa puede expresarse y gobernar el barco de la Iglesia de maneras distintas". Ya lo ven, aun si el Papa perdiera el don de la palabra, podría pilotear el barco por señas, con la ayuda de Dios. Para nombrar un obispo, por ejemplo, basta mover el dedo índice.

Si pudo ser gobernada Colombia, semejante república del despelote, durante el final del reinado del doctor Barco, por un presidente extraviado en las nieblas del mal de Alzheimer, ¿no podrá la Iglesia seguir adelante con el Papa por un simple mal de Parkinson? Por favor. Los que dicen esta necedad se ve que no conocen los verdaderos sistemas jerárquicos, en donde basta que el vértice de la pirámide no expire para que siga gobernando. ¿No gobernó Franco, caudillo de España y de la cristiandad, en coma profundo, durante meses o semanas? Y ya verán cómo Fidel gobierna también hasta su último suspiro, y si se puede un poco más allá, mientras los generales, los parientes y los cortesanos ajustan el asunto de la sucesión. El Cid ganó batallas después de muerto.

Señores: los Papas no se jubilan. Lo que pasa es que esta vulgar edad moderna piensa que el catolicismo es una especie de empresa transnacional, como la General Motors o la Coca-cola, que debe tener un gerente joven y buenmozo, lleno de bríos, seguido de una corte de mujeres rubias, asesorado por seis juntas de yuppies, montado en un jet privado hasta que el tímpano aguante la laberintitis. No. La Iglesia es otra cosa. Es una institución mucho más vieja que

Nietzsche, de cuando Dios no había muerto. Y si Dios está vivo, cualquier cosa es posible.

Y si no, oigan este milagro: el Papa tiene siempre a su lado, desde hace decenios, a un secretario polaco, monseñor Stanislaw Dziwisz, que es la única persona que entiende todo lo que dice el Pontífice. Es más, lo conoce tan bien, que antes de que el Papa hable, él ya le entiende. Ya lo verán, si la cosa se pone más grave aún, el Santo Padre podrá gobernar con los párpados: el cardenal Dziwisz hará de intérprete. Toda persona enferma, Papa o no Papa, merece respeto. Y una de las cosas más tristes que se le pueden hacer a un enfermo es manipularlo y mantenerlo en vida a como dé lugar con fines de poder. Ojalá esta larga dolencia no sea eso.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1830

PORTADA

En la cuerda floja

La economía avanza a paso muy lento. Se necesita con urgencia un estartazo, pero el desánimo y el pesimismo limitan las posibilidades de una recuperación.