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Opinión

  • | 2015/04/06 18:58

    Los colores del sistema de salud

    La óptica con que se miran las cosas está sometida al contexto y a la percepción individual. Esto es lo que sucede con las percepciones actuales del sistema de salud.

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Hace algunas semanas, el debate mundial estuvo entorno a la publicación de una espontánea foto sobre un vestido que aparentemente cambiaba de color. La célebre publicación Buzzfeed realizó una encuesta con una numerosa participación para definir los tonos de la prenda, y aunque un 72 % de los encuestados la veían blanco con dorado, lo cierto es que el vestido original era azul con negro.

Tal fue la atención mediática, que expertos científicos se involucraron en el tema y revisaron el fenómeno. Las explicaciones médicas llevaron a la conclusión que el color no existe, sino que está en el cerebro, y lo que se ve, puede cambiar dependiendo de la fuente de luz. La óptica con que se miran las cosas está sometida al contexto y a la percepción individual. Así como en el vestido, las longitudes de onda nos ofrecen contrastes definidos y el cerebro toma el atajo que encuentra a la mano.

Esto es lo que sucede con las percepciones actuales del sistema de salud, el cerebro está tomando el atajo que tiene mayor exposición, y en su incapacidad de comprender algo que no conoce a profundidad, lo más fácil es poder concebirlo desde la perspectiva más común o la más sonada.

Además, la fuente de luz a la que está expuesta el cerebro en este caso, es sin duda la interpretación mediática a sucesos que se convierten en “noticia del momento” por la carga de sensibilidad que las acompaña: “Extrapolación Amarillista” la denominó el Ministro Gaviria, haciendo alusión a la manera como se magnifican los errores (que existen) y se minimizan los aciertos del Sistema (que son muchos).

En una Conferencia de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes sobre el papel de los medios de comunicación, nos decía Juanita León de la Silla Vacía, que gracias a las redes sociales, hoy cualquier persona con un teléfono inteligente es un periodista en potencia. Y es precisamente a través de las redes sociales como  “periodistas improvisados” deslegitiman el Sistema de Salud, que a pesar de las imperfecciones que pueda tener, diariamente realiza más de 1 millón de procedimientos, la gran mayoría de ellos exitosos, salvando vidas y mejorando la calidad de vida para quienes ya no tenían esperanza.

A propósito de la labor del periodismo, y a propósito también del tema de los colores del vestido, el sociólogo y periodista, Miguel Ángel Bastenier, en un reciente artículo publicado en el País de España, escribió: “El único color que hay es el que se percibe, que cada quien lo hace con matices distintos, exactamente de la misma forma en que percibimos la realidad”. Dice además que el periodista tiene dos subjetividades; “La primera será la de la percepción, y la segunda, la de la manera en que exprese, inevitablemente aproximada, y, por tanto, igualmente subjetiva”. Remata afirmando que en la narración periodística “no existe la objetividad pero sí la honradez”. Esto implica que el deber de informar es sagrado, por tanto, se debe hacer apartando las subjetividades propias de la profesión. Tomar situaciones aisladas es muy sencillo, lo mismo que buscar culpables; pero la necesidad de poner en el contexto real lo que se quiere comunicar al país, es cuestión de profesionalismo, rigurosidad y sobretodo responsabilidad con la opinión pública.

Existen personas que ven el sistema de salud en un panorama oscuro, reclamando permanentemente reformas, pero que paradójicamente no aceptan ningún tipo de reformas. No había sido reglamentada la Ley 100 cuando ya la habían demandado por inconstitucional; promovieron la Ley Estatutaria, y cuando fue sancionada, salieron a decir que no iba a resolver los problemas del sistema de salud. La casuística es abundante.

De otro lado, está un grueso numero de personas que ve el sistema de salud con el color esperanza, porque gracias a él pudieron tener acceso a uno de los derechos más tangibles y sensibles para ellos, y por tanto persisten y defienden el modelo actual que tantos beneficios les ha traído.

Los resultados, al igual que las caderas, no mienten: cobertura, acceso, protección financiera, percepción del estado de salud, protección al usuario, mejoramiento de calidad de vida, unificación de los planes de beneficios y satisfacción global con los servicios; todos muy positivos y favorables al momento de mirar la eficiencia del sistema de salud desde el año 1993. Sin contar que, según cifras recientes del Dane, el aseguramiento en salud fue el indicador que más movilizó la reducción de la pobreza. Los avances son enormes, pero también existen muchas cosas por corregir; no obstante, “…El mejoramiento puede coexistir con la disponibilidad de miles de casos problemáticos.”

La regulación permanente nos enfrenta a nuevos retos y desafíos: La transición hacia un nuevo modelo de salud con la entrada en vigencia de la Ley Estatutaria que redefine el nuevo plan de beneficios, obliga a todos los actores a un proceso de ajuste donde impere la Atención Primaria en Salud y la eficiencia. El gobierno, por su parte, debe convertirse en asegurador de última instancia, por las implicaciones financieras que trae esta nueva realidad normativa.

La Directora de la OPS, Carissa F Etienne, sostiene que mejorar la equidad y promover la salud y el desarrollo, es un imperativo moral de todos los actores. Para el efecto, es necesario la cobertura universal de salud, y por tanto las políticas gubernamentales deben estar en sintonía con la estrategia regional para el acceso y cobertura universal en salud adoptadas en el 53º Consejo Directivo de la OPS en octubre de 2014. Dicha estrategia está orientada por 4 líneas de acción: 1) acceso equitativo a la atención integral y de calidad centrado en las personas, y de servicios de salud centrados en la comunidad; 2) fortalecimiento de la gestión y la gobernanza; 3) aumentar y mejorar la financiación de la salud para apoyar las intervenciones de salud pública y garantizar la protección financiera de los individuos; y, 4) el fortalecimiento de la acción intersectorial para abordar los determinantes sociales de la salud. (Ver: Achieving universal health coverage is a moral imperative)

De las diferentes miradas, la que mejor refleja la realidad del sistema de salud colombiano es la que muestra una evolución favorable en todos sus indicadores convirtiéndolo en el mejor de América, pero que a pesar de esta evolución, necesita ciertos ajustes. Esto obliga a estar preparados para las nuevas críticas ya que cualquier decisión que tome el gobierno será cuestionada.

Los fatalistas seguirán en su afán de empañar el espejo para luego quejarse de que no está claro, lo que implica que la fuente de luz que emite el modelo de salud, debe ir evolucionando en la misma medida que evoluciona el sistema, ya que “nuestro cerebro filtra intuitivamente el fondo y la luz para ver el “verdadero” color de un objeto, pero en este caso, la tonalidad azulina de la foto afecta esta habilidad” es decir, que la retina debe empezar a recibir los pigmentos reales del vestido del sistema de salud para construir la imagen real de sus logros.

(*) Gerente General de Coosalud EPS
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