Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2016/09/13 16:44

Del S-11 a la paz

El S-11 marcó el inicio de la guerra antiterrorista y en esa onda supranacional se montó Colombia tras la ruptura de la negociación de paz de Pastrana.

Jairo Gómez. Foto: Semana.com

El 11 de septiembre de 2001 marcó el inicio de la guerra antiterrorista más cruenta que se haya visto en los últimos tiempos, y en esa onda supranacional se montó Colombia tras la ruptura de la negociación de paz que se adelantaba en el gobierno Pastrana.

En una acción menos temeraria a la de Nueva York, pero igual de desafiante, las FARC en 2002 secuestraron un avión, lo aterrizaron en una vía carreteable y de allí se llevaron al senador Gechen Turbay. El aquel entonces astuto candidato a la presidencia Álvaro Uribe Vélez, montó su discurso sobre estos hechos y construyó su propuesta de lucha contra el terrorismo sobre la base de la derrota militar de la guerrilla. Quiso, equivocadamente, trasladar la “guerra contra el terror” planteada desde Washington a un conflicto interno entre colombianos, mejor, entre humildes soldados y guerrilleros de una misma nacionalidad.

Eran unas FARC envalentonadas que creyeron que tenían el suficiente poderío militar y político para tomarse el poder, pero además hicieron la lectura equivocada al creer que, tras los hechos del S-11, las posibilidades de lograrlo se hacían viables. La desconfianza reinó en la opinión y Uribe Vélez, gobernó.

Como ocurrió en Estados Unidos, además del país político, los medios de comunicación se volcaron en favor de la guerra contra la guerrilla. Fueron el aparato de propaganda mejor utilizado por Uribe, un comunicador innato y eficaz.

En ese contexto creció su propuesta militar y logró apoyos incondicionales a la guerra. Toda opinión distinta era cuestionada y quienes hablaron de insistir en la solución negociada eran considerados apátridas y/o auxiliadores de las FARC. “Aquí no hay conflicto, aquí lo que hay es un ataque artero contra la democracia por unos terroristas”, era el discurso oficial. Así fueron los ocho años uribistas; manchados, además, con los llamados “falsos positivos”, una estrategia plasmada en una directiva ministerial para que los militares produjeran resultados positivos en la lucha contrainsurgente.

Además de asesinatos y persecución contra líderes sociales, defensores de derechos humanos, periodistas y militantes de izquierda, las detenciones masivas estuvieron a la orden del día. Intentos de paz hubo, pero Uribe no quería negociar: pretendía la rendición y el sometimiento de la guerrilla. La única paz viable fue con los paramilitares. Los resultados, todos los conocen, ahí donde no hubo negociación hoy hay dolor y odio.

El S-11 marcó, sin duda, el gobierno de Uribe Vélez, y lo llevó a jugársela por la salida cruenta del conflicto interno. Hoy, el expresidente pretende que el país retome ese sendero a pesar de que, casi quince años después del inicio de su mandato, la mayoría de los colombianos esté en la onda de la paz y se encuentre a las puertas de confirmar los acuerdos de La Habana con las FARC, haciendo historia votando ‘Sí‘ para que las nuevas generaciones de colombianos tengan un futuro más allá de las balas y la lucha contrainsurgente.

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