Viernes, 2 de diciembre de 2016

| 2016/04/19 09:28

Desencuentros en La Habana

La dejación de armas, es uno de los cayos en la mano. El gobierno insiste en ponerle fecha y plazos. Pero otra cosa piensan los guerrilleros.

Jairo Gómez.

Concluyó el ciclo 49 después de tres años y seis meses de negociación en La Habana. Un escueto comunicado conjunto nos notificó a los colombianos que “Las delegaciones del Gobierno Nacional y las FARC- EP hemos trabajado intensamente en la revisión de temas en torno al punto 3 de la Agenda Fin del Conflicto”.

Y más adelante nos señala: “En los últimos días, hemos logrado aproximar las visiones sobre los términos del cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo, proceso de dejación de armas y garantías de seguridad”.

Evidentemente, el punto tres de la agenda sobre “Fin del Conflicto” no iba a resultar fácil de negociar. Hoy las delegaciones nos hablan de aproximaciones. No es para menos, en toda negociación siempre habrá desencuentros y las posiciones, cuando se está al final del proceso, se endurecen; y eso pasa hoy en la mesa. Para la muestra un botón:

La dejación de armas, es uno de los cayos en la mano. El gobierno insiste en ponerle fecha y plazos. Presiona para que este proceso sea lo más breve posible. De esta posición se infiere que para los negociadores oficiales la dejación es un momento, y compete solo a la voluntad de las FARC cumplirlo.

Pero otra cosa piensan los guerrilleros que, desde su lógica, aseguran que la entrega debe hacerse paulatinamente en las zonas  de conflicto conforme se vayan implementado los acuerdos y materializando la reintegración; van más allá, la dejación de las armas debe ir acompañada de un acuerdo entre las partes que identifique fórmulas de cambio en la doctrina de las Fuerzas Militares, como eliminar las estrategias contrainsurgentes, y el imperativo de regresar la Policía Nacional a las toldas del Ministerio del Interior.

Otro forcejeo en la mesa, desde la perspectiva del gobierno, es que  las FARC se asienten temporalmente en puntos específicos de la geografía nacional, que sus integrantes se registren, opten por cedularse y acojan el compromiso del no rearme y la reintegración, hasta ahí todo bien. Lo que incomoda a las FARC es que los negociadores del gobierno quieran evitar que sus filas puedan reunirse con la población civil, además de exigir que las armas sean depositadas en lugares específicos, mientras dure el cese bilateral. Según el gobierno solo podrían portar el armamento necesario para la defensa personal.

Entonces, aparece la contrapropuesta de las FARC que sugiere crear, en las zonas de concentración, las “terrapaz”: áreas  definidas en donde los guerrilleros pueden movilizarse libremente y hacer proselitismo con la población civil. En ese contexto, insisten los rebeldes, la dejación de armas se hará paulatinamente, y el compromiso debe ser bilateral.

Dos posiciones antagónicas que hoy van en aproximaciones. Bien lo dijo el Comisionado Sergio Jaramillo: “estamos en la etapa de temas duros y definitivos”. Desencuentros en La Habana, pero no insalvables.

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