Martes, 24 de enero de 2017

| 2016/08/02 16:38

El incómodo Trump

No se puede desconocer que la presencia de Donald Trump en la política estadounidense, durante las elecciones de 2016, rompió con todos los esquemas.

Jairo Gómez

De las formalidades de otras campañas gringas, se pasó a escuchar a un republicano, que no lo es, como Trump, que estimulado por conseguir votos por fuera de la disciplina conservadora decidió migrar de la ortodoxia a la heterodoxia discursiva, que expone de acuerdo con los sentimientos de la calle. Cada cual baja las escaleras como quiere, y Trump decidió hacer la campaña a su manera.

Mientras el establecimiento republicano calla, el magnate hoy ungido a político quebrantó el discurso ortodoxo siempre alineado con los preceptos religiosos –Dios como guía espiritual- y en ningún momento de su intervención de aceptación de la nominación lo mencionó; y tampoco le dedicó, como era costumbre, capítulo especial a la Asociación Nacional del Rifle, organización que propugna porque todo ciudadano que así lo quiera pueda estar armado. Sin mencionarlos y con una referencia muy breve dijo que defenderá la segunda enmienda.

Desde las primarias a hoy, Trump nunca dijo “soy republicano y conservador”. En realidad, llegó a la campaña con la decisión de lograr la nominación fustigando al establishment e intelectuales de ese partido, mojándolo con el discurso de la calle: la inseguridad, los inmigrantes, los fastidiosos acuerdos comerciales. Discurso al cual ha presentado como la alternativa plausible para devolverles a los americanos su propio sueño de vivir en el “mejor país del mundo”.

Y lo ha hecho abordando los problemas de la convulsa frontera con México, de la inmigración de refugiados y musulmanes, y de las tensiones sociales entre las comunidades negras y la policía, sin miramiento alguno. Ha cancelado, según él, lo “Correcto” del discurso político. Por eso habla del muro que pagará México, de la prohibición al ingreso de musulmanes al país y del retorno al dominio de la Ley y el Orden. Asuntos a los que ningún contrincante de Trump durante las primarias se refirió con tanta vehemencia, y que conformaron la diatriba que contra todos los pronósticos llevó al empresario a lograr la nominación republicana. Trump se les coló, y a regañadientes el establishment conservador lo ha tenido que aguantar pues es producto de su propia convención, y además es la única opción realista que tiene el partido para disputarle el poder presidencial a los demócratas después de ocho años de Obama.

Trump se las trae y como dice Serrat le gustan más las voces de la calle que las del diccionario. Y ahí es donde se hace fuerte pues su pasado no es de político, es de empresario, y eso a los ciudadanos estadounidenses de clase pobre y media baja, especialmente a los blancos no educados que se sienten herederos de un imaginario espíritu americano,  los motiva. El discurso vehemente, a veces violento y definitivamente novedoso en la sofisticada arena política americana, pone a Trump en el radar del progreso personal e individual de muchos votantes. Y en parte ello se debe a que Trump ahora es un paradigma para una parte importante de la población que habita el autodenominado país de las oportunidades no sólo por su dinero, sino por su forma desmesurada de hacer política.

Más allá de sus polémicas posturas, que en su totalidad rechazo, no me sorprendería que los estadounidenses elijan a Trump. En este momento es claro que en la calle de muchas ciudades intermedias y pequeñas a Hillary Clinton la desprecian abiertamente por corrupta, por su abyección a los intereses de las corporaciones, por su falta de transparencia en la actividad como Secretaria de Estado. Además, a  pesar del llamado de unión  que proclamó la convención demócrata, el voto joven educado, escéptico y lleno de convicción que respaldó a Bernie Sanders parece no estar dispuesto a firmarle un cheque en blanco a la primera mujer candidata presidencial en los Estados Unidos. Muchos de los demócratas pro-Sanders no darán el brazo a torcer sin que Hillary antes se comprometa a asumir posturas progresistas que, los ayudantes de la candidata han reconocido, bien pueden restarle popularidad entre  ciertos grupos poblacionales de varios Estados como Florida y Ohio que resultarán esenciales para definir el desenlace de las elecciones presidenciales de Noviembre.

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