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Opinión

  • | 2016/12/09 15:51

    Vargas Lleras en su laberinto

    El vicepresidente o ya ¿candidato presidencial? Germán Vargas Lleras, en su propio laberinto, está jugando con candela al asumir con indiferencia el acuerdo de paz con las FARC.

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Que poco aconsejable se revela su actitud al creer, anticipadamente, que el proceso de paz va a fracasar, y hacer de esa hipotética premisa su bastión electoral para disputarle desde ya el espacio a la marca Uribe.

La posición de Cambio Radical en el Senado dejó muchas dudas y pretender comprometerse solo “políticamente con la refrendación del acuerdo” a sabiendas de que si el llamado “Fats Track” no opera no habrá paz, es un palo en la rueda de la implementación.

Lo ocurrido en el debate del Senado para refrendar el acuerdo de paz,  le midió el pulso a las elecciones del 2018 y evidentemente vaticina que el próximo año será intenso en términos políticos y su hilo conductor lo tensará el acuerdo del Teatro Colón.

Vargas Lleras ya destapó cuáles son sus líneas rojas de cara al proceso de paz y la implementación: no le gusta la Justicia Especial de Paz y su mecanismo de resolución del conflicto: la Justicia Transicional, el núcleo del acuerdo con las FARC.      

La ambigüedad de Vergas Lleras de permanecer en un gobierno que hizo de la paz su proyecto, lo desnuda como un político tradicional del que las nuevas generaciones se quieren desprender, y lo quieren hacer porque se niegan a aceptar ese poder jerarquizado que representa el mismísimo vicepresidente-candidato; estima el jefe de Cambio Radical que ocultándole a las masas de votantes lo que piensa sobre la paz de ello va a depender su elección.

En cualquier caso, creo que se equivoca el vicepresidente-candidato al hacer la lectura que el acuerdo de paz es la ruptura de lo institucional y que esa es la misma que harán los colombianos. Una cosa es hoy en la calentura del debate pretender descalificar el contenido de lo firmado entre el gobierno Santos y las FARC, y otra mañana o pasado mañana o en meses cuando el país sienta que efectivamente la paz, valió la pena.

Como dice el dicho popular en el desayuno se sabe cómo será el almuerzo, y las más recientes estadísticas sobre el conflicto interno develan que en el país es posible la paz; que así como las FARC confrontó a las instituciones, hoy quiere desde esas mismas instancias, que no pudo deponer vía las armas, hacer política sin ellas.

El Centro Democrático ya asumió su rol electoral, su propuesta es reversar todo lo negociado en el 2018 si son factor de poder. Entonces, ¿qué le queda a Cambio Radical? Siendo una agrupación política con solo nueve senadores su fuerza electoral es débil y necesitará de coaliciones, escenario difícil en la actual coyuntura en donde sus pares de la Unidad Nacional, liberales y del partido de la U, no toleran al vicepresidente-candidato, y menos ahora que su ambigua posición frente a la paz, es más evidente. Difícil panorama para el “bogocentrista” partido Cambio Radical.   

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