Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2016/10/10 16:46

La mentira y la verdad

Sin verdad no hay justicia, y sin esa verdad no se sentirán reparadas las víctimas más allá del resarcimiento y la no repetición.

Jairo Gómez. Foto: Semana.com

Del título de este artículo se deriva parte de la incertidumbre en que estamos los colombianos, sin saber, diez días después, qué va a suceder con el Acuerdo de Paz suscrito en Cuba.

Empecemos por la mentira, que fue la que llevó a que muchos votantes apoyaran el No. Las revelaciones del gerente de la campaña uribista por la negativa a los acuerdos ponen en evidencia la degeneración patológica de la política, encabezada por el grupo del expresidente y senador.

Esa degeneración patológica de la política devela, además de una incredulidad patente las instituciones (“voten antes de que los cojan presos”), que, para acceder al poder o neutralizar cualquier instancia ajena a sus intereses (el plebiscito), se acude a lo más ruin. Ello lo corrobora que, para desvirtuar el debate serio y transparente sobre una noble decisión, era ponerle fin a la guerra, se procedió a “tergiversar el mensaje y desinformar”, como lo reveló el gerente uribista.

“Y ahora que ganaron con mentiras, ¿qué hacemos?”, se preguntaba un ciudadano decente. En un país serio la sociedad entera estaría escandalizada, máxime cuando la estrategia de la mentira y la difamación viene de un líder que gobernó el país durante ocho años. “No me vengan a echar toda el agua sucia, el Doctor Uribe participó de la creación y ejecución de la estrategia del No”, confirmó el gerente de la campaña. Justamente lo que se espera es que esto tenga una consecuencia jurídica o política, y que los responsables de semejante despropósito paguen por su falta de honestidad.

El otro tema es la verdad: el auténtico debate es el Tribunal de Justicia, no hay duda. Todos los responsables del conflicto (guerrilleros, Fuerza Pública, Empresarios, políticos etc.) tendrán que decir la verdad a cambio de penas alternativas, y si no la dicen, se van a la cárcel. No hay tal impunidad. El país y las víctimas necesitan saber la verdad.

Bien dijo recientemente en una entrevista el historiador y director del Centro de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez, que “La paz nos va a permitir desenterrar mucha verdad sobre el conflicto colombiano. Ya podemos ver, por ejemplo, que las dimensiones de la desaparición forzada son más grandes de las que se creía. Nuestros cálculos van por encima de 60.000 desaparecidos”.

Sin verdad no hay justicia, y sin esa verdad no se sentirán reparadas las víctimas más allá del resarcimiento y la no repetición. Ellas, las víctimas de las que no habla el Centro Democrático, fueron el centro de la negociación en La Habana y ahora les quieren poner conejo en momentos de ajustes al Acuerdo, proponiendo la supresión del Tribunal de Paz. Además, el uribismo insiste en crear una justicia especial para los hombres de la Fuerza Pública (militares y policías), protagonista esencial del conflicto interno. ¿Qué busca esta iniciativa? ¿Ocultar la verdad? Vaya usted a saber. Lo que sí es cierto es que militares presos en razón del conflicto advierten, primero, que están con el acuerdo de paz y, segundo, que les gusta la justicia transicional pactada.

Presidente Santos usted dijo con nobleza: “Este premio Nobel de Paz es para ustedes, las víctimas”. Hágalo realidad, recuerde que la paz es un derecho de obligatorio cumplimiento.

Periodista - jairoemilio2003@yahoo.es

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