Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2016/08/18 11:20

Los fantasmas del plebiscito

Además de la oposición, otros obstáculos penden sobre el plebiscito: el clientelismo y el tiempo.

Jairo Gómez.

Sobre este último, el clientelismo, la inveterada vitamina de las democracias modernas y de la política, ya comenzó a mostrar sus garras. Por los pasillos del Congreso un rumor hace carrera y toma mucha fuerza: el Partido Conservador condicionaría el ‘Sí‘ a la paz y el apoyo a la reforma tributaria, si desde la casa de Nariño se les garantiza la permanencia en la Procuraduría. Las disputas internas en las toldas azules no se mueven en torno a la paz y al contenido de los acuerdos, el interés es evidentemente electoral. En Cambio Radical parte del premio está resuelto, la Defensoría del pueblo les fue consignada.

Cada cual comienza a acomodar sus fichas en el teatro de 2018. Los liberales en cabeza del ex presidente Gaviria, como coordinador de la campaña por “el ‘Sí‘ a la paz”, ya provocan irritación. No hay que olvidar que dos de sus pupilos aspiran al Ministerio Público, y la presencia del exmandatario preocupa pues además de tener voz y voto en el despacho presidencial, es un experimentado ejecutor de poder. Ahí, por ejemplo, reside el insomnio que hoy agobia a las toldas del partido de la “U”, no se tragan el cuento de que con la llegada de uno de sus directores a la mesa de negociación en Cuba con eso basta. Aún no revelan sus cartas.

La izquierda, marginal en estos debates, se la juega en dos aguas: apoyar la paz, pero negar a Santos y su política de gobierno, aunque paradójicamente ostenten el Ministerio del Trabajo.

No es difícil para el presidente Santos comenzar a equilibrar las fuerzas de las cuales necesita el apoyo para sacar adelante su principal legado: la paz. En política no se da puntada sin dedal y el presidente es un alumno avanzado, y sabe, además, que no puede construir un matrimonio sin contar con la novia. Alguna vez dijo: “sólo los imbéciles no cambian de opinión cuando cambian las circunstancias”.

Pero lo que si le puede jugar una mala pasada al presidente, es el fantasma del tiempo que apremia sobre el plebiscito.

Dice el asesor de las FARC, Enrique Santiago, que el proceso va bien pero tres puntos se discuten en este momento en la mesa que hacen difícil el trámite de la firma final: la amnistía e indulto para combatientes, reincorporación de las FARC a la vida civil y los mecanismos de implementación y verificación de los acuerdos. Yo le sumaría dos asteriscos: Simón Trinidad y seguridad.

Los anteriores puntos, mirados en perspectiva, no son fáciles de apurar. Entonces la pregunta que cabe hacerse es: ¿Qué tanto tiempo tomará discutir cada uno de estos asuntos? Resolver estos temas es requisito indispensable para realizar el plebiscito y refrendar los acuerdos, pero también para que la guerrilla realice su Décima Conferencia.

El origen de las FARC es rural y manejan otros tiempos, y embriagados de desconfianza nada acordarán hasta no tener garantía plena de que la verificación, por ejemplo, no sea en una dirección.

Y si a esto le sumamos el envío de los acuerdos al Congreso, el trámite de la ley de plebiscito y las seis semanas para que la Registraduría diseñe el camino a las urnas, los tiempos no dan para que este año el plebiscito sea una realidad.

Ya se vinieron encima los cuatro años de negociación y comienza a percibirse agotamiento, no solo entre los negociadores, también en la opinión.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.