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Opinión

  • | 2016/05/11 10:18

    La paz política

    No se trata de simplificar la política –izquierda o derecha- , pero en el 2018, año de justas electorales, los colombianos encontraran un mapa político más amplio.

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En los últimos cuatro años, paralelo a las negociaciones de paz en Cuba, se han consolidado dos versiones antagónicas de la política: el Centro Democrático y la Marcha Patriótica.

Podríamos decir que son dos partidos políticos hijos del proceso de paz. Se gestaron en los albores de la negociación y hoy comparten escenario en un contexto en el que al final del ejercicio de la negociación en La Habana, las armas deben desaparecer del plató de la política.

Este será un resultado concreto y eficaz que nos dejará, entre otros, los acuerdos de La Habana. Lo interesante de esta nueva realidad es que los colombianos comiencen a familiarizarse con dos vocablos que por sí solos, cada uno, significan mucho en el lenguaje político: Derecha e Izquierda. Es importante para definir, sin ambigüedades, el entorno ideológico en que se moverá la política en Colombia, sin temor a descalificaciones o a estigmatizaciones que enturbian la democracia.

Cuatro años de la Marcha Patriótica, es un acontecimiento en la izquierda colombiana. Pero a esos cuatro años los empañan los asesinatos de 117 miembros de ese movimiento. No es justo que los responsables de la seguridad en el país se laven las manos atribuyendo esos crímenes exclusivamente a las BACRIM –Bandas Criminales-. Es un error. Las investigaciones deben ir más allá y los autores capturados y criminalizados. Ésta situación no da espera. Uno de los puntos clave que hoy mantiene en vilo la mesa de negociación es precisamente el de garantías de seguridad para los desmovilizados de las FARC una vez se firmen los acuerdos. No sobra recordar que en el pasado, cuando asesinaron a los más de cinco mil militantes de la UNION PATRIOTICA, los perpetradores eran las “fuerzas oscuras”. Así justificaron ese genocidio. Es necesario borrar la habitual violencia y el fanatismo que asustan, y que aún siguen presentes en la vida pública.

Neutralizados los problemas de seguridad, seguramente el país verá en actividad a una izquierda camino a construir nuevos rumbos. Las negociaciones en La Habana y sus predecibles resultados tendrán que darle oxígeno a un proyecto moderno, serio y con mucho contenido. Claro, tendrá que asimilar con inteligencia el discurso de la izquierda que llegará de las montañas. No es fácil, pero tampoco imposible.

Sin duda, para las FARC y el ELN –que llegarán con sus propuestas políticas- es un reto pues van a firmar la paz en el peor momento para la izquierda en América Latina; contrario le ocurre a la derecha que hoy va a camino a recuperar los espacios perdidos. En ese escenario, vale decir, no faltará el radical de izquierda que acuse a los negociadores de ambas facciones guerrilleras de traidores de la causa revolucionaria.

Por los lados del Centro Democrático, su propuesta ha irrumpido en política en las últimas elecciones. Su bandera: hacer oposición al proceso de paz contemporáneo a su nacimiento. Iniciativa que surge de la necesidad de apartarse de las negociaciones en Cuba que, a su entender, dejará en el país una estela de impunidad y la certeza de que la suerte de los colombianos terminará en manos de las FARC.

Es un proyecto caudillista que puso su fe en un hombre predestinado y con la misión de salvar a Colombia. La maqueta ideológica se sustenta en los ocho años de gobierno de su padre fundador, en los postulados de la Seguridad Democrática y en un programa que muchos de sus seguidores definen en dos palabras: Álvaro Uribe.

No se trata de simplificar la política –izquierda o derecha- , pero en el 2018, año de justas electorales, los colombianos encontraran un mapa político más amplio, aderezado además por otras agrupaciones políticas y con la presencia –no armada- de las FARC y seguramente del ELN haciendo proselitismo. Bienvenida la paz política.          

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