Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/05/03 18:32

El tercer canal

La actual oferta televisiva necesita de más competencia. ¿Cómo hacer la paz y no incluir la creación de más medios de comunicación?

Jairo Gómez

Se abre de nuevo el debate sobre un tercer canal de televisión. Es justo y necesario, pero hay que hablar, además, de un cuarto o quinto canal. Sería sano para la democracia y vital para el proceso de paz que hoy se negocia en La Habana, y próximamente en Quito.

Muchos desde su criterio empresarial consideran que Colombia admite más canales privados pues es el único país en América Latina con dos opciones nacionales,  mientras en el resto son cuatro o más las propuestas televisivas.

Diría que el país está maduro para cinco canales. Se garantizaría, con ello, más pluralidad informativa y contenido con calidad. Es decir, se le despejaría el camino a nuevos dueños con una visión distinta sobre la televisión moderna e incluyente. Es sustancial, creo, que en una eventual adjudicación el prototipo de licitación deba contemplar otros requisitos: por ejemplo, conceder esos nuevos canales a otro modelo de empresa, más democrática en su composición, y que no represente intereses unipersonales ni de un pequeño conglomerado de socios. Nada sacamos si se persiste en el espejo de unos dueños que, además de explotar el lucrativo negocio de la televisión, tengan incidencia en otras actividades de la economía nacional. Eso es nocivo para cualquier democracia. Se privilegia el negocio tal como ha ocurrido.

Claro, la televisión es un negocio pero con responsabilidad social; es un medio que juega un papel estelar en la vida cotidiana de los colombianos. De ahí la importancia de crear otros canales. La actual oferta televisiva necesita de más competencia. ¿Cómo hacer la paz y no incluir la creación de más medios de comunicación? ¿Cómo hacer una reforma política y no incluir los medios de comunicación? Son preguntas válidas en un contexto en el que es necesario abrirle espacio a las comunidades y organizaciones sociales, a los nuevos movimientos políticos producto de un acuerdo de paz. El Acceso a los medios de comunicación, concretamente la televisión, es clave para consolidar la paz en el posconflicto. Es imperativo un tercer canal o más señales de televisión abierta. 

Porque hacerlo crea alternativas a la unanimidad en la información, nos da herramientas para acabar con la interferencia del poder sobre el periodismo serio e independiente, y  nos permite desmentir el mito de que solo el gran capital tiene el músculo económico para hacer una televisión de calidad.   

Como consecuencia de no haber solucionado esos problemas aún, la televisión que tenemos, por ejemplo, desconoce valores fundamentales de la democracia como el debate plural, apadrina el periodismo que no informa a la gente, y lo mezcla con un contenido de entretenimiento desaliñado. En clave periodística se ironiza: “si sangra, manda”; y otros periodistas, resignados, dicen: “si piensas, apestas”. Esa es la realidad en las salas de redacción.

“La profesión periodística se metamorfoseó en el negocio de la información, que se convirtió en la industria de los medios y ahora se halla en manos de multinacionales”, escribió en su libro “El Ataque Contra la Razón”, el ex vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore. En efecto, al estar en manos de multinacionales priorizan el interés económico de sus propietarios y dejan de lado cualquier sentido de responsabilidad social. Pluralizar los espacios de comunicación televisiva mediante la adjudicación seria y responsable de otros canales puede ser la alternativa a este nuevo modelo de negocio. En el contexto de los acuerdos de Paz, esa alternativa no sólo es deseable sino imprescindible.

Por lo demás, comparto la tesis central del comisionado y negociador Sergio Jaramillo: la paz significa sacar de la actividad política el uso de las armas. Pero también, como lo he mencionado,  debe contemplar el acceso a los medios de comunicación para consolidar lo pactado, porque es ahí en donde comienza la etapa más difícil de la reconciliación. Dicen los teóricos que la democracia descansa en la comunicación persuasiva. La alternativa a la persuasión es la fuerza.

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