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Opinión

  • | 2009/03/03 00:00

    Jan, un hombre de paz

    No recibió premios, ni condecoraciones, pero Jan Ter Laak de Pax Christi contribuyó al cese de la violencia en Colombia y abogó por el fin del secuestro.

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Jan Ter Laak llegó como director de Pax Christi Holanda a Colombia iniciando la década de los 80’s a acompañar las luchas por los derechos humanos y posteriormente los intentos por una salida negociada al conflicto armado.

Hombre sencillo y profundo, experimentado diplomático de la paz, que hablaba varios idiomas pero que nunca pudo aprender el castellano, pero con sus pocas palabras castizas, otras en inglés y francés, y la ayuda de Liduine Zumpolle transmitió la fuerza de sus convicciones.

Los dos fueron pioneros de las liberaciones humanitarias de secuestrados, sin condiciones y sin dinero. Recorrieron las montañas y las selvas a lomo de mula asumiendo todos los riesgos y sin garantías llegaron a los campamentos del cura Pérez, de Gabino, de Alfonso Cano, del Jaime Bateman, buscando la libertad de los secuestrados y la finalización de la violencia política.

Lograron salvar muchas vidas, entre ellos las de los miembros de la Corriente de Renovación Socialista, grupo guerrillero que se desmovilizó en abril de 1993 y de cuyo proceso de negociación y reinserción participó activamente en sus momentos mas difíciles.

El Padre Jan se retiró a mediados de la década de los 90’s del sacerdocio y de la dirección de Pax Christi y aunque no volvió a Colombia sino varios años después, siempre estuvo pendiente de lo que aquí pasaba y podía colaborar a pesar de estar trabajando en el movimiento por la paz de los Balcanes, Oriente Medio e Irak.

Cuando regresó por unos pocos días a escribir un libro sobre experiencias de Pax Christi en Colombia, que desafortunadamente nunca finalizó, su secreta intención era la de volver a estar entre los colombianos a los que siempre quiso entrañablemente.

Hoy, el Padre Jan yace muy enfermo en un hospital de Utrecht y tal vez no regrese más a Colombia. No recibió premios, ni condecoraciones, el primer reconocimiento se lo iba a hacer la Fundación Nuevo Arco Iris en abril entrante junto a las personas que ayudaron a hacer posible la Paz con la Corriente en medio de muchas muertes.

Muchas lecciones nos dejó: que había que hablar con absolutamente todos los involucrados en la guerra sin odios y sin reservas; que el secuestro es el mayor de los obstáculos para la credibilidad de una paz negociada; y que el fin de la guerra requiere audacia y decisión, como la tuvo él.

Su lucha contra un cáncer lo hizo cancelar su anhelado plan de repasar sus estancias en los Montes de María y Urabá donde compartió con los campesinos los rigores de la violencia y los anhelos de quienes una vez estuvieron en la guerra y hoy caminan en la civilidad.

Muchas gracias Padre Jan usted es un hombre de paz.
 

 
*Rodrigo Rojas ha trabajado en diversos procesos de paz, y es analista en temas de conflicto armado.
 
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