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Opinión

  • | 2012/04/10 00:00

    Jazz… más allá del tiempo

    Hoy, en medio del dolor que nos causa la ausencia física de Roberto Rodríguez Silva, vuelve a sonar Four Brothers, de Woody Herman, para cumplir una cita cotidiana que sólo pueden cumplir quienes superan la estatura de la muerte.

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Se iniciaba el mes de febrero de 1982 y luego de algunos tropiezos burocráticos que pretendían que una persona pagara derechos por el uso de su voz, logré, finalmente, convertir en realidad el sueño, tantas noches moldeado, de acercarme con pretensiones comunicadoras a un micrófono abierto al público. No pude contar con más suerte; accedí a un espacio en la emisora HJCK, ¡nada menos!

“Una hora con la música de hoy” ha podido fracasar luego de su primera emisión a pesar de los buenos oficios técnicos del inefable José Castiblanco… maestro de todos en la emisora. No me ayudó una voz mal educada, ni el afán, ni el notorio exceso de ganas que afloraron en un embate de palabras metrallantes (¿se podrá decir así?). Pero quienes tenían la responsabilidad y los derechos de mantenerme o fustigarme, que eran Álvaro Castaño Castillo y Gonzalo Rueda Caro, miraron hacia otro lado y bendijeron mi permanencia en el espacio sonoro ubicada… ¡sorpréndanse ustedes! a continuación del jazz del doctor Roberto Rodríguez Silva.

Yo lo había visto muchas veces, adusto y distante, en la facultad de arquitectura de la Universidad Javeriana y era una especie de monolito de Kubrik… de esfinge de Gizeh… imponente, importante y sobre todo, lejano. No terminé mi carrera de arquitecto y el doctor Rodríguez Silva no iba a ser sino un referente visual en mi vida a pesar de la veneración que muchos potenciales discípulos pudimos haber experimentado sin haber llegado siquiera a ser sus alumnos.

Imaginen mi sorpresa cuando una mañana cualquiera, en esos albores de los años 80, ese mismo personaje reapareció mucho más cerca… y saludó… y ¡sonrió!... y algún comentario hizo que sobrepasó los límites imaginables de cualquier comunicación que yo hubiera soñado tener con él; entonces entendí otra vez el milagro de la música, y Roberto (porque me gané el derecho de llamarlo por su nombre) me reafirmó en la premisa de que la música es el primer argumento para edificar una amistad y él sí que sabía de eso… sin alardes, sin adornos, sin elogios… apenas con el derecho de uso del placer de conversar.

La vida nos permitió muchos encuentros, su generosidad jamás ahorró una palabra para compartir tanto sus conocimientos como algunas versiones, por ejemplo, de Round about Midnight, tema que designaba el “himno nacional del jazz”. La vida, también, nos llevó a celebrar juntos, en la sala cultural de la Fundación Santillana para Iberoamérica, 50 años ininterrumpidos de sus diarias lecciones de jazz a través de la HJCK, un espacio tan emblemático como el Curso de apreciación musical de don Otto de Greiff o los exhaustivos ciclos clásicos del maestro Hernando Caro Mendoza, programas musicales todos que elevaron el nivel cultural de la radio colombiana en estricto cumplimiento de la visión de los fundadores de la emisora.

Four Brothers, de Woody Herman, tal vez uno de los temas más alegres de la era del swing y que desde el primero hasta el último día sirvió de etiqueta a uno de los más importantes patrones radiales de Colombia, hoy, en medio del dolor que nos causa la ausencia física de Roberto Rodríguez Silva, vuelve a sonar para cumplir una cita cotidiana que sólo pueden cumplir quienes superan la estatura de la muerte.
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