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Opinión

  • | 2017/03/09 08:28

    Las repúblicas independientes de los exgenerales

    Salvo por un “error técnico”, no habrá una Tercera guerra mundial porque los que la desaten saben que morirán en ella.

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La diferencia con el conflicto colombiano es exactamente esa: que los que se oponen al proceso actual de paz con la FARC y, desde luego, al que se cumple con el ELN, no morirán en la confrontación armada, en caso de tener éxito en su empeño de hacerlo fracasar. Ni ellos, ni sus hijos, ni sus nietos. Tampoco los exgenerales. Sólo lo harán modestos campesinos de un lado y de otro. También jóvenes reclutados en los barrios periféricos de las ciudades. Tal es la enseñanza de Sartre: “Cuando los ricos se hacen la guerra, los pobres ponen los muertos”.

La implementación del proceso de paz está “bajo fuego”, como siempre lo estuvo este, con artillería pesada. Una de las estrategias más rentables para la oposición ha sido la de suponer que siempre va a ocurrir lo peor: Que el proceso no llegaría a nada, que quién sabe qué cosas inconfesables negociarían en La Habana que no se atrevían a publicarlas, que estaban entregándoles el país a las FARC, que negociaban la libre empresa, la propiedad privada y la doctrina militar de nuestra fuerza pública, que Colombia se convertiría en la Venezuela de Maduro. Una vez firmado el Acuerdo de Paz, se dijo que las FARC no se concentrarían y que tampoco entregarían las armas. En nuestros días se afirma que no las entregarán todas y que tampoco declararán los recursos ilegalmente adquiridos durante los años de conflicto.

Aunque todas las hipótesis catastróficas han sido desmentidas por los hechos, gran parte del pueblo colombiano no apoya la única oportunidad que tenemos de desembarcar en el puerto de la paz. Es como si no la apreciaran en lo que vale. No hay, sin embargo, más posibilidad de paz que esta que ha negociado un gran equipo presidido por Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo y del cual han hecho parte generales como Jorge Enrique Mora, Óscar Naranjo, Javier Flórez y el contralmirante Orlando Romero, obviamente bajo la orientación del presidente.

Yo sigo siendo optimista respecto de que al final triunfará definitivamente el empeño de alcanzar la convivencia pacífica entre todos los colombianos a pesar de la cerrada oposición del Centro Democrático, de la cual hace parte la carta de los ex generales, y de los errores del Gobierno con el plebiscito y el fast track, del cual ahora, por añadidura, se quiere abusar.

Respecto de la mencionada carta de los exgenerales, son un tanto absurdas sus “preocupaciones en materia de seguridad nacional” por cuenta de las Zonas Veredales Transitorias de Normalización, pues ellas son el escenario en el cual las FARC han comenzado el inventario y la entrega de sus armas tanto pesadas como livianas. Este proceso culminará el 31 de mayo. ¿Unas FARC desarmadas cómo pueden ser motivo de preocupación para la seguridad nacional? ¿Qué sentido tiene eso?

En cuanto a la “inquietud por el interés manifiesto de esta organización de crear a toda costa zonas permanentes… en los sitios acordados”, no es fácil deducir qué se busca con esta insinuación, que de ser cierta no tendría nada de ilegal, ni de inconveniente, ni de extraño, pues en Colombia existe el derecho a la libertad de movimiento, que incluye la posibilidad de establecerse en cualquier lugar del territorio nacional. ¿Por qué suponer la eventual comisión de delitos por el solo hecho de que esos sitios se conviertan en zonas permanentes que abriguen muchas familias de ex guerrilleros? ¿Se olvida acaso que a partir del 1° de junio esas zonas son como cualquier otro lugar del territorio nacional a donde hará presencia la fuerza pública?

El colmo es pretender que las mencionadas zonas evocan las llamadas “Repúblicas Independientes”. Esta es una frase acuñada a principios de la década de los 60 por el doctor Álvaro Gómez Hurtado en los siguientes términos:
"...Hay en este país una serie de repúblicas independientes que no reconocen la soberanía del Estado Colombiano, donde el Ejército Colombiano no puede entrar, donde se le dice que su presencia es nefanda, que ahuyenta al pueblo, o a los habitantes... Hay la República Independiente de Sumapaz. Hay la República Independiente de Planadas, la de Riochiquito, la de este bandolero que se llama Richard y ahora, tenemos el nacimiento de... la República Independiente de Vichada”.

¿Qué tiene que ver la situación descrita por Álvaro Gómez con las Zonas Veredales Transitorias de Normalización? En los 60 estábamos en plena Guerra fría y faltaban más de dos décadas para que cayera el muro de Berlín y desapareciera el comunismo en la Unión Soviética y en Europa Oriental. Hoy no tenemos ni ese comunismo, ni esa guerra fría. Las FARC reconocen la Constitución y el Estado colombiano y las dichas zonas están protegidas por la fuerza pública y por Naciones Unidas. Las dos situaciones no tienen absolutamente nada en común.

¿Podrían los exoficiales retirados dejar de conspirar contra el proceso de paz que tantos beneficios jurídicos le trae, entre otros, a un cierto número de uniformados que en medio del conflicto delinquieron con las armas que la República puso en sus manos para proteger la vida de los colombianos y que ellos usaron para segarla? Ojalá que así sea.

En cuanto a las “Repúblicas Independientes”, que realmente nunca existieron, entre las cuales se mencionaba también el Pato y el Guayabero, vale la pena recordar por su belleza la poesía El Barcino hecha bambuco de Jorge Villamil:

“Esta es la historia de aquel novillo,
que había nacido allá en la sierra,
de bella estampa, mirada fiera,
tenía los cuernos, punta de lanza.
Cuando en los tiempos de la Violencia,
se lo llevaron los guerrilleros,
con "Tirofijo" cruzó senderos,
llegando al Pato y al Guayabero.
Arre torito bravo que tienes alma de acero,
que llevas en la mirada fulgor de torito fiero”…

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