Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2016/08/25 11:46

La paz es el camino

Con profunda emoción patriótica, como diría el Presidente Valencia, los colombianos debemos recibir el Acuerdo Final de Paz entre el Gobierno y las FARC.

Jesús Pérez González-Rubio. Foto: Semana.com

Con profunda emoción patriótica, como diría el Presidente Valencia, los colombianos debemos recibir el Acuerdo Final de Paz entre el Gobierno y las FARC. Las FARC que ha sido el grupo guerrillero más numeroso, más antiguo y más radical de la historia de Colombia. No se trata por ello de un hecho histórico cualquiera sino de uno excepcional.

Es una lástima, sin embargo, que haya toda una organización política tratando de frustrar el porvenir de paz de los colombianos. La paz entre el Gobierno y las FARC significa que no volverá a haber clubes como El Nogal objeto de bombas con innumerables muertos y heridos; que no habrá pueblos como Bojayá víctimas de los tatucos o cilindros bombas cayendo sobre las iglesias también con un número indeterminado de muertos y heridos. Que no habrá niños reclutados para la guerra, que no habrá infantes que confundan una mina quiebra patas con un balón de fútbol con trágico resultado para ellos.

No habrá ataques a la fuerza pública con muertos de lado y lado. No habrá por causa de las FARC más viudas, más madres y padres que pierdan a sus hijos en el fragor de las confrontaciones armadas. Por cuenta de las FARC ya no serán los padres los que entierren a los hijos, sino que volveremos a lo normal que es que los hijos entierren a los padres. Ya no habrá más masacres como las de la familia Turbay Cote, ni secuestros de diputados como los del Valle que terminaron masacrados con excepción de uno; no habrá secuestros como los de Ingrid Betancourt, el General Mendieta, Gloria Polanco e hijos y 12 más en Neiva, ni ataques a los cuarteles, ni destrucción del patrimonio petrolero del país, ni ríos contaminados. No habrá en los próximos 50 años, 220.000 muertos por cuenta de la violencia armada, ni cerca de 7 millones de desplazados, y ello porque las Farc entregaran sus fusiles a la ONU.

El país no tendrá que comprar más aviones de combate para exterminar a la guerrilla, más bombas inteligentes para hacerlas caer sobre miembros del Secretariado como el ‘Mono Jojoy‘ o ‘Raúl Reyes‘, ni bombardear el territorio de países vecinos y hermanos como se hizo con el Ecuador y se amenazó hacer con Venezuela si el tiempo le hubiera alcanzado al Presidente Uribe, lo cual habría traído resultados trágicos inimaginables para los dos pueblos. Por esto la paz con las FARC es la paz de América y probablemente del mundo que en una confrontación absurda entre países hijos de la espada de Bolívar, lo polarizaría en apoyo del uno y del otro.

Se dice que nadie agradece las desgracias que se le evitan. Ojalá ese no sea el caso de los colombianos, sobre todo los que de las ciudades que no padecen directamente la violencia, convocados a un Plebiscito que aunque innecesario estamos en el deber constitucional de apoyar, pues según el a.95 de la Carta es obligación de todo colombiano “Propender al logro y mantenimiento der la paz” así como "Defender y difundir los derechos humanos como fundamento de la convivencia pacífica".

La paz firmada con las FARC llegará al Plebiscito cargada de algunos fardos: Las encuestas son contradictorias. Todas son, sin embargo, coincidentes en la baja estima, en mi opinión injusta, que el presidente y sus políticas tienen en la ciudadanía.

Hay que agregar que temas como el de que los guerrilleros no pagarán cárcel con barrotes tiene un grado de desaprobación tan alto que llega al 80 %. Es, sin embargo, una mentira a medias en razón de que unos pagarán cárcel aunque otros no: Los que no digan la verdad oportunamente y sean encontrados culpables podrán ser condenados hasta a 8 años de cárcel, y los que no la digan nunca y resulten responsables podrán ser condenados hasta a 20 años de cárcel. La tropa será amnistiada, pero los comandantes serán juzgados y si dicen la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad serán condenados a penas restrictivas de la libertad hasta por 8 años. Y habrá
sanciones complementarias que Humberto De La Calle presenta a título de ejemplo de la siguiente manera: "ir a desminar, contribuir con la sustitución de cultivos, reparar escuelas, poblaciones, vías, infraestructura..." Siempre habrá reparación para las víctimas. No habrá pues impunidad como sí la hubo respecto de guerrilleros de las Farc que se desmovilizaron en el Gobierno Uribe. Casos paradigmáticos fueron los de ‘Karina‘ que terminó, no en la cárcel sino de "gestora de paz"; de Granda, que tampoco terminó en la cárcel sino en una posición semejante, y cerca de 130 guerrilleros que salieron de las cárceles por voluntad del Presidente Uribe.

Henry Acosta, la persona que hizo contactos con las FARC en el Gobierno anterior cuenta que el 16 de junio de 2006 se reunieron el Presidente, su Comisionado de Paz, doctor Luis Carlos Restrepo y él: "Llevaba –afirma- un mensaje verbal de las FARC que decía: ´Dígale al Presidente Uribe que no estamos ni por la toma del poder ni porque éste sea un país socialista. Estamos por una economía de bienestar con equidad justica social. Se proponía un acuerdo general, tal como se hizo en La Habana. Uribe me dijo: Mejor dígales que entreguen los fierros, que yo ya hablé con Sarkozy y que él los recibe". Ni un minuto de cárcel planteaba entonces el doctor Uribe para los integrantes de las FARC como sí lo hace ahora. Probablemente sea que es muy diferente la responsabilidad con el país cuando se es Presidente de la República que cuando se es apenas líder de un partido político. Esto podría explicar las contradicciones del señor ex presidente, que ahora pide cárcel para los comandantes de las FARC y compañía y antes les ofrecía la Francia del 2006.

La elegibilidad al Congreso, a las Asambleas y a los Concejos también tiene un alto porcentaje de la opinión en contra: Un 70 % según alguna de las encuestas. Todo lo anterior aupado por el Centro Democrático que en uno de sus tantos actos de incoherencia tal vez olvida que el Presidente Uribe presentó sobre este tema un Proyecto de Acto Legislativo a los colombianos en los siguientes términos:

"Con el fin de facilitar la reincorporación a la vida civil de los grupos armados al margen de la ley, que se encuentren vinculados decididamente a un proceso de paz, bajo la dirección del Gobierno, este podrá establecer, por una sola vez, circunscripciones especiales de paz para las elecciones a corporaciones públicas que se realicen antes del 7 de agosto del año 2006, o nombrar directamente, por una sola vez, un número plural de congresistas, diputados y concejales, en representación de los mencionados grupos en proceso de paz y desmovilizados. El número será establecido por el Gobierno Nacional, según la valoración que haga de las circunstancias y del avance del proceso. Los nombres de los congresistas, diputados y concejales a que se refiere este artículo, serán convenidos entre el Gobierno y los grupos armados, y su designación corresponderá al Presidente de la República. Para los efectos previstos en este artículo, el Gobierno podrá no tener en cuenta determinadas inhabilidades [La comisión de ciertos delitos inhabilitan para ser elegido a las Corporaciones Públicas] y requisitos necesarios para ser congresista, diputado y concejal".

No sé si los negociadores en La Habana se inspiraron o no en estas ideas del Presidente Uribe porque es que lo acordado al respecto parece, de alguna manera, calcado de estas ideas. ¿Será demasiado exigir, pedirles a nuestros más distinguidos líderes políticos un mínimo de coherencia?

* Constituyente de 1991

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