Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2016/10/27 13:53

Presidente: en orden público usted tiene la última palabra

La historia nos enseña que Colombia es tierra estéril para las dictaduras. No dejará de serlo en el futuro por cuenta de la paz con los grupos guerrilleros.

Jesús Pérez González-Rubio. Foto: Semana.com

Una claridad es necesaria: en las democracias los triunfadores no obtienen victorias absolutas. Ni ellos no ganan nada y ni los otros lo pierden todo. Los que votaron por el No no pueden pretender que todas sus objeciones a lo acordado con las FARC sean acogidas, como todos los que votamos por el Sí no podemos pretender que algunas de ellos no sean incorporadas en los acuerdos. Si partimos de este punto de vista la paz que firmaremos nuevamente con las FARC tendrá, si somos consecuentes, el respaldo de todos. Si esto no fuere posible, debemos recordarle al señor presidente que cuando él fue elegido ganó el derecho a decir la última palabra en los asuntos públicos de su competencia, tanto más en materias que tienen que ver con el orden público como es el de la paz, del cual él es responsable exclusivo según los términos de la Constitución y de la ley.

Pero no cometamos una vez más los errores del pasado. Ni respecto de la paz que firmemos nuevamente con las FARC, ni respecto de las negociaciones que se inician con el ELN.

Lo primero que no se debe hacer es manosear la Constitución en lugar de apoyarse en ella. Esta es una de las causas del fracaso a que asistimos. Muchos cambios constitucionales, innecesarios unos e inoportunos otros. Ben Ami, excanciller israelí y consejero de nuestro Gobierno ha dicho que de acuerdo a su experiencia, los Acuerdos de paz deben ser implementados en un término de un año. Entre nosotros cualquier acto legislativo, si cuenta con las mayorías necesarias en el Congreso, puede ser tramitado en un término menor a un año de acuerdo con la Constitución de 1991. Tanto más cuanto que el Gobierno tiene mayorías reforzadas en el Congreso con el apoyo que a la paz le dan el partido Alianza Verde y el Polo Democrático.

El Gobierno, después de lograr la hazaña de firmar la paz con las FARC, resolvió someter la paz así pactada al riesgo de las urnas con el resultado ya conocido. Definitivamente el que busca el peligro en él perece: Una refrendación popular que la Constitución prohíbe aunque la Corte Constitucional la autorizara: Un plebiscito sobre la paz firmada con las FARC es un plebiscito sobre el derecho constitucional a la paz. Tanto que el triunfo del No la ha puesto en peligro de muerte.

Como lo ha dicho Ferrajoli: “En la Constitución colombiana la paz ha sido consagrada como un derecho fundamental y un deber del Estado. Ese carácter implica que la paz no puede ser entendida desde las mayorías. Así como no se puede someter a una consulta popular el principio de la dignidad de la persona, de la igualdad, de la vida. Así como ninguna mayoría puede decidir que una persona pueda ser privada de la libertad, de su vida, de su salud, tampoco una mayoría puede decidir si hay o no paz”. En Colombia la mayoría decidió desde el punto de vista jurídico que no hubiera paz hasta el extremo que si se acogiera en su integridad las propuestas del Centro Democrático sería probablemente imposible firmar una nueva paz con las FARC. Ojalá estuviera equivocado a este respecto.

Desde el punto de vista político es un error darle a los que no sufren la violencia porque viven en las grandes ciudades como Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena o Bucaramanga la posibilidad de decidir sobre el conflicto armado, en perjuicio de quienes sí lo sufren. No estoy proponiendo nada distinto de que no se vuelva a repetir una consulta semejante. No dudo de los buenos propósitos del presidente pero como bien se ha dicho el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

Otro error que tampoco debemos repetir fue que el Gobierno no divulgó cada uno de los Acuerdos parciales oportunamente con el artificio de que lo acordado no estaba acordado hasta que todo estuviera acordado. Hay que cambiar a que lo acordado, acordado está. Lo escrito, escrito está, es lo que dicen las escrituras. Este debe ser el nuevo principio a aplicar con las FARC y con el ELN, lo que no impide, de ninguna manera, volver sobre los temas en caso de que las dos partes así lo consideren.

Pero lo más grave de todo es que probablemente buena parte de quienes votaron por el No no lo hicieron en razón de los Acuerdos sino de la imagen que de ellos tuvieron por cuenta de la estrategia del Centro Democrático que nos amenazó con el castro-chavismo, con la presidencia de ‘Timochenko‘, con que habría impunidad para los guerrilleros y con un supuesto irrespeto a la propiedad privada. Que se trataba de una manipulación nos lo reveló, como si hiciera falta, el doctor Juan Carlos Vélez Uribe, tesorero nacional de la campaña por ese partido, que no ocultó el orgullo que le produjo esa labor. También influyó mucho la campaña del pastor Cesar Castellanos quien al igual que el exprocurador Ordoñez lograron meterle en la cabeza a un sin número de cristianos y católicos que la institución de la familia estaba en peligro porque supuestamente los Acuerdos decían que no se nacía hombre o mujer sino que se llegaba a serlo, y que a los padres se les quitaría el derecho a darle a sus hijos la educación religiosa y moral que fuera de su preferencia.

Para la opinión pública, si no se podía dar a la publicidad los Acuerdos era porque de algo turbio se trataba. Bajo la sombra del misterio no podía ocultarse nada bueno. Si lo hacían, por algo debía ser. Todo esto minó la confianza en los Convenios de Paz de La Habana. Y luego hubo muy poco tiempo para el contacto humano con las masas de suerte que se le pudiera hacer claridad sobre los distintos puntos en controversia.

Todo lo anterior lo traigo a cuento porque, de salvarse la paz con las FARC, es necesario tomar conciencia de los errores pasados para no repetirlos en el próximo futuro, ni con las FARC ni con el ELN.

No se puede gobernar con las tesis de la oposición ni aquí ni en ninguna parte. Por eso habrá puntos de los propuestos por los líderes del No, no susceptibles de un Acuerdo con las FARC. Es el caso, por ejemplo, de la jurisdicción especial para la paz.

Todo movimiento guerrillero se incorpora a la vida civil para seguir luchando por sus ideas. Y no hay que tenerle miedo a que la democracia es una serie de “normas ciertas para resultados inciertos”. No debemos tenerle miedo aunque nunca es posible saber qué nos deparará el futuro, ya que como decía Marroquín “es flaca sobremanera toda humana previsión pues en más de una ocasión resulta lo que no se espera”.

La historia nos enseña que Colombia es tierra estéril para las dictaduras. No dejará de serlo en el futuro por cuenta de la paz con los grupos guerrilleros. No existe la menor posibilidad de que el castro-chavismo llegue al poder. Es que ni siquiera un líder con la capacidad de manejo del expresidente Uribe pudo lograr su segunda reelección. Había “guardián en la heredad”: La Corte Constitucional que hizo recordar a Montesquieu para quien: “es una experiencia eterna, que todo hombre que tiene poder siente la inclinación de abusar de él, yendo hasta donde encuentre límites... Para que no se pueda abusar del poder es preciso que, por la disposición de las cosas, el poder frene al poder”. (Montesquieu, Del Espíritu de las Leyes, editorial Tecnos S.A., Madrid, 1972, p. 150, capítulo IV). Fue lo que hizo la Corte Constitucional.

* Constituyente 1.991.

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