Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/09/01 11:47

Sembrar dudas es más fácil que despejarlas

Invito a todos quienes quieran ser llamados hijos de Dios a darle un 'Sí' a la paz con las FARC, pues en mi opinión, es un deber constitucional y un deber religioso.

Jesús Pérez González-Rubio. Foto: Semana.com

Los que combaten el Proceso de Paz con las FARC, que es lo mismo que combatir la paz finalmente pactada con ella, muestran una tenacidad digna de mejor causa. Saben que sembrar dudas es más fácil que despejarlas. Que toda suposición en contra del Acuerdo cabe dentro de lo posible. Es así como dan por hecho que las FARC presionarán con sus armas el voto afirmativo por el plebiscito; que prontamente se tomarán el poder e impondrán el socialismo del siglo XXI; que si Timochenko no es Presidente en el 2.018 lo será en el 2.022; que los empresarios que fueron víctimas de extorción van a ser condenados por la JEP; que el Tribunal Especial para la Paz puede desconocer la cosa juzgada de la Corte Suprema de Justicia, lo que es cierto sólo respecto de las sentencias condenatorias pero no de las absolutorias; que habrá impunidad para crímenes atroces, que es el caballito de batalla del populismo carcelario del Centro Democrático en contra de la Justicia Transicional; que la libertad y la propiedad privada están en peligro. Todas son falsedades en boca de unos o equivocaciones en boca de otros.

Y ahora, para remate, se dice que el Acuerdo "inicia un ataque frontal y definitivo contra la familia" pues supuestamente él consagra la "ideología de género". Y todo ello porque prevé "que los planes y programas acordados como parte de la RRI [Reforma Rural Integral] deben tener un enfoque territorial, diferencial y de género que implica reconocer y tener en cuenta las necesidades, características y particularidades económicas, culturales y sociales de los territorios y las comunidades rurales —niñas, niños, mujeres y hombres, incluyendo personas con orientación sexual e identidad de género diversa— y garantizar la sostenibilidad socio-ambiental". Lo que se establece es que los planes y programas propios de la Reforma Rural Integral no pueden discriminar contra las personas con orientación sexual e identidad de género diversa. Tampoco contra las mujeres.

Esta prohibición, ¿"inicia un ataque frontal y definitivo contra la familia", como lo pretende un distinguido militante de la "Iglesia Cristiana" que, valiéndose de su ascendencia en ella, invita por esa razón, a votar ‘No‘ en el Plebiscito? Creo que lo menos que se puede decir del doctor Ricardo Arias, antiguo presidente del Fondo Nacional del Ahorro es que está equivocado. Y lo está, primero, porque la referencia es para que no se discrimine contra nadie en los programas de Reforma Rural Integral, que es apenas lo lógico; y segundo, porque familia es la integrada por un hombre, una mujer y sus hijos o hijas. Pero también lo es la del padre o madre soltera cabeza de familia con los suyos. O de la abuela con sus nietos porque, por ejemplo, los padres perecieron víctimas del conflicto armado. Todas estas son modalidades de familia. También la que integran parejas homosexuales con sus hijos o hijas habidos en relaciones anteriores, o con sus hijos adoptivos. No hay un ataque a la familia sino una protección de todos los tipos de familia, desde la más tradicional hasta las nuevas expresiones que han surgido con el tiempo respecto de la Reforma Rural Integral. De suerte que invito a todos los cristianos, a no dejarse desorientar por estas voces, a votar por el ‘Sí‘ en el plebiscito pues no se trata de conspirar contra la familia sino de proteger todas las formas que ella ofrece. No está en cuestión el artículo 42 de la Constitución según el cual "La familia es el núcleo fundamental de la sociedad".

Que sexo y género no es lo mismo lo vemos todos los días. Es un dato de la naturaleza. Personas que nacen con órganos sexuales femeninos como una hija de la renombrada cantante y actriz Cher, que a pesar de haber nacido de sexo femenino, al sentirse por una razón u otra del género masculino, procede a hacerse una operación que la convierte en hombre para tener relaciones heterosexuales. Pero hay quienes en esa misma situación se quedan como vinieron al mundo y desarrollan relaciones ‘gais‘. Yo le recordaría a los cristianos que todos los seres humanos somos hijos de Dios: hombres, mujeres, heterosexuales, hermafroditas, homosexuales, transexuales, etc, y como tales no debemos discriminar entre unos y otros en materia de derechos. Con razón Francisco I ha dicho: "si una persona es gay, busca al Señor y tiene buena voluntad, quién soy yo para juzgarla? El Catecismo de la Iglesia Católica explica y dice que no se deben marginar a esas personas y que deben ser integradas en la sociedad".

Como es bien sabido la igualdad es una expresión de la justicia y que Jesús de Nazareth dijo: "Bienaventurados aquéllos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos".

Invito a todos quienes quieran ser llamados hijos de Dios, conforme a la siguiente Bienaventuranza: "Bienaventurados los que procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios", a darle un ‘Sí‘ a la paz con las FARC, pues en mi opinión, es no sólo un deber constitucional de acuerdo con el artículo 95 de la Carta sino un deber religioso. También ético, pues se trata de evitar muertes, destrucción, barbarie, callos en el alma aun de aquellos habitantes de las grandes ciudades que no deben ser insensibles ante el dolor ajeno, pues estamos ante el sin sentido de que somos los residentes de las grandes ciudades, que no padecemos de manera directa el impacto de la guerra con las FARC, el factor decisivo en el plebiscito.

No debemos privilegiar el mal ajeno sobre el bien propio. No debemos preferir la enseñanza del ojo por ojo y diente por diente, es decir, la venganza, al principio civilizador y cristiano del perdón en beneficio propio y de los otros. Gandhi lo dijo, si practicamos esa filosofía de odio todos quedaremos ciegos y sin dientes.

* Constituyente 91

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