Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2016/10/13 11:39

Todos queremos la paz: 99.99 %. Cárcel para los guerrilleros: 50.21%

Si no hay paz con las FARC no la habrá con el ELN ni habrá política de sometimiento para las Bacrim. La Paz es indivisible. De ahí la importancia de tener claras las prioridades.

Jesús Pérez González-Rubio. Foto: Semana.com

Lo que cuenta Marisol Gómez Giraldo en su libro “La Historia Secreta del Proceso de Paz”, no permite ser optimistas respecto de que las FARC acepten la cárcel o las granjas agrícolas como lugares de reclusión y la no elegibilidad. Después de informarnos que Iván Márquez tenía 132 órdenes de captura (Timochenko 118) nos dice: “esas órdenes de captura eran la herramienta del Gobierno para sustentar su posición frente a lo que creía que debía incluir el componente de justicia: Un tiempo de privación de libertad para los guerrilleros”. La suerte de esa propuesta nos la narra en los siguientes términos:

“-Fue una de las reuniones más difíciles –recuerda Humberto de la Calle-. ¡Imagínese lo que era ir a decirles que se tenían que ir para la cárcel!

Iván Márquez, indignado, argumentó que nadie hacía un proceso de paz para irse preso y que no se podía hablar de la creación de un partido político, que era el fin último de la negociación, si las cabezas de las FARC iban a la cárcel. Para ese momento se hablaba todavía de que el castigo sería para los máximos responsables de la organización armada.

Entre la insistencia del Gobierno en su propuesta y el rechazo airado de las FARC, la negociación en La Habana quedó convertida en un monólogo en el que cada parte repetía sus argumentos sin moverse de ellos”. (Intermedio, 2.016,p.79)

Todos los temas de la Agenda habían sido evacuados en un término promedio de seis meses. El de justicia se tomó un año hasta cuando “Leyva expuso la fórmula jurídica que podía desatar el nudo en el punto de justicia y que había estado preparando durante mucho tiempo con el abogado español Enrique Santiago. Tenía sustento –dijo- en la justicia restaurativa y prospectiva.

Según esta tesis jurídica, los procesos judiciales no son únicamente un asunto entre un Estado y un acusado, sino que ponen en el centro la opinión de la víctima. Y a ella lo que le importa es la verdad, más que el castigo. En consecuencia, el sentido de una sanción es compensar a la víctima con hechos como pueden ser, por ejemplo, la participación de los responsables de los crímenes en obras que la beneficien.

Leyva explicó que la justicia prospectiva, por su lado, se basa en la necesidad de superar los rencores del presente para que las generaciones futuras tengan mejores escenarios. En palabras del exministro, ´el que está por nacer, el hijo o el nieto, no tienen por qué pagar los platos rotos ´”. (Ibídem, p.115)

En el plebiscito el 63 % de los ciudadanos se abstuvo y sólo votó el 37 %. El No obtuvo el 50,21 % y el Sí 49,78 %. La diferencia entre los dos en número de votos fue de 53 mil. Ello no es suficiente para que los partidarios del No crean que pueden imponer la totalidad de sus puntos de vista, pues es claro que las tesis del Centro Democrático, replicadas por otros actores políticos, en algunos puntos no conducen a la paz sino a la guerra. Es el caso de la jurisdicción especial de paz, que seguramente puede tener retoques pero no cambios de fondo. Del documento “Bases de un Acuerdo nacional de paz” hay varios temas que son totalmente admisibles. Por ejemplo, aclarar lo referente a: “reconocer la existencia de la producción empresarial de mayor escala”, “Respetar el derecho a la legítima propiedad privada”, “Promover la asociatividad de los pequeños propietarios preexistentes y nuevos”, que “Los Magistrados y Fiscales en este sistema de justicia deberáns ser colombianos”.

Pero si el Centro Democrático insiste por ejemplo en la posibilidad de que los jefes guerrilleros sean extraditados, en la eliminación de la jurisdicción especial para la paz, en la no elegibilidad, la disyuntiva es clara: O cedemos ante estas tesis del expresidente Uribe que en mi opinión conducen inevitablemente a la continuación del conflicto armado, o incorporando algunas de sus porpuestas perfectamente viables,el presidente hace uso de sus facultades constitucionales y legales y procede a firmar un nuevo Acuerdo de paz y a implementarlo, sin volver a cometer el error de someter la aplicación concreta del derecho a la paz a la refrendación del electorado.

El ¡ay de los vencidos! no tiene cabida. Tanto menos con confesiones de parte como la del doctor Juan Carlos Vélez Uribe, tesorero nacional de la campaña por el No, respecto de la manipulación del electorado a base de mentiras deliberadamente calculadas como la de la amenaza castro-chavista que se tradujo para la Costa Atlántica en que si ganaba el Sí, Colombia se convertiría en la Venezuela de Chávez y Maduro.

Un destacado escritor fanático del No afirmaba en El Tiempo del viernes 23 de septiembre que los guerrilleros “tendrán 26 curules efectivas en el congreso”. Lo que dice el Acuerdo es textualmente lo siguiente: “En el senado se garantizará un mínimo de 5 curules, incluidas las obtenidas de conformidad con las reglas ordinarias. En la Cámara de representantes se garantizará un mínimo de 5 curules, incluidas las obtenidas de conformidad con las reglas ordinarias”. También afirmaba que las FARC ocuparían “vastas zonas de concentración en el país, sin presencia de la Fuerza Pública”. Inexacto. Las zonas de concentración suman en total alrededor de 280 km que contrastan con los 4.200 km de la zona del Caguan. En los límites de cada una de esas zonas habrá monitoreo de la ONU y luego un anillo de seguridad a cargo del ejército y la policía. Mentía el distinguido novelista también cuando afirmaba: “el Presidente Santos ha obtenido poderes extraordinarios del congreso, incluso para reformar la Constitución”.

La llamada ideología de género consiste en afirmar que “no se nace hombre o mujer si no que se aprende a serlo”. No hay un solo pasaje del Acuerdo en que se afirme semejante cosa. Hay sí alusiones a la no discriminación por razones de género, que es cosa bien distinta. Otra falsedad desafortunadamente divulgada por el ex procurador Ordóñez y por algunos pastores “cristianos”, que olvidan que no sólo la religión de Cristo sino todas las religiones del mundo condenan la mentira. Y esta es una mentira como las anteriores del tamaño de una catedral.

Se dice que en una guerra la primera víctima es la verdad. Pues en el plebiscito también fue la primera. Y la manipulación continúa. Para oponerse a la amnistía en los términos que lo trae el anexo No.1 del Acuerdo de paz se alega que en la Argentina los generales beneficiados con la ley de punto final, años después terminaron en la cárcel. Pero es que en la Argentina no hubo amnistía sino auto amnistía pues los beneficiarios eran oficiales, funcionarios y agentes del Estado. No tiene nada que ver con la amnistía a los guerrilleros que se fundamenta en el Protocolo No.2 de Ginebra.

El mandato que el presidente recibió en el plebiscito fue el de salvar la paz. También el de incorporar en el nuevo Acuerdo propuestas de los del No compatibles con la paz con las FARC. Si no hay paz con las FARC no la habrá con el ELN ni habrá política de sometimiento para las Bacrim. La Paz es indivisible. De ahí la importancia de tener claras las prioridades.

* Constituyente 1.991

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