Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2016/05/12 19:10

La prohibición de la droga, una prohibición inmoral

A Colombia y al mundo no le queda otra alternativa para combatir exitosamente el tráfico de drogas que seguir el ejemplo de Estados Unidos respecto del alcohol: eliminar la “Prohibición”.

Jesús Pérez González –Rubio Foto: Archivo Particular.

La reciente reunión especial de la ONU sobre la droga produjo un documento anodino, tanto, que el Presidente Gaviria consideró que servía sólo para tirarlo a la basura. En esta materia no hay más que seguir el ejemplo sentado por los Estados Unidos en la década del 30 respecto de la “Prohibición”. Veamos.

En 1918 la Constitución de los Estados Unidos, mediante su décima octava reforma prohibió la fabricación, la venta y el transporte de las bebidas alcohólicas. Dijo la enmienda: “Después de un año desde la ratificación de este artículo la fabricación, venta o transportación de licores embriagantes está prohibida al interior de los Estados Unidos y de todo territorio sujeto a su jurisdicción, así como su importación y exportación”.

Otra reforma, ésta de 1933, la veintiuna, estableció: “El décimo octavo artículo de la enmienda a la Constitución de los Estados Unidos queda derogado por este acto”.

La llamada “Prohibición” había pasado a mejor vida después de haber generado no sólo una especie de industria del contrabando que enriqueció incluso a innumerables distinguidísimas familias, sino que generó innumerables bandas de criminales que sembraron de violencia buena parte del territorio Americano. El más renombrado de todos esos gánsters fue Al Capone. Ante tanta violencia, Estados Unidos descubrió respecto de las bebidas embriagantes que había prohibido en 1918, lo que ya todo el mundo hoy sabe respecto del tráfico de estupefacientes: Que la prohibición causa peores daños que la droga misma.

De espaldas a esta experiencia Americana, y por razones verdaderamente inconfesables, el Presidente Nixon declaró la guerra contra las drogas. “Semana” (Edición No.1769) nos informó hace poco de una entrevista que John Ehrlichman, jefe de gabinete de esa Administración (Chief of staff) le dió a la Revista Harper´s y que ésta ha publicado no hace mucho, en la que consta el origen de esta guerra: “Nixon tenía dos enemigos: la izquierda y los negros…Pero si lográbamos que el público asociara a los ´hippies´ con la marihuana y a los negros con la heroína, podíamos golpearlos a ambos, arrestando a sus líderes, allanando sus casas y estigmatizándolos en los noticieros . ¿Sabíamos que estábamos mintiendo? Claro que sí”. La lucha contra la droga tiene pues un origen inmoral, político y racista. Del héroe de Watergate podía esperarse cualquier cosa.

Pero no es sólo su origen el que es antiético. Lo es la prohibición en sí misma. El Nobel de Economía Milton Friedman lo explica así: “La razón principal por la cual me opongo a la prohibición de las drogas es de orden moral… con Colombia se ha producido una inmensa inmoralidad. Estados Unidos está imponiéndole un enorme costo a Colombia, Perú y otros países, asesinando literalmente a miles y miles de personas y todo eso porque no podemos fortalecer nuestras propias leyes… ¿cómo puede un gobierno decirme mí lo que puedo o no ingerir? Somos supuestamente una sociedad libre donde cada uno es responsable de sí mismo… Es más: al criminalizar la droga y las actividades que con ella se relacionan, lo único que se está logrando es

hacer costosa la distribución de droga. El resultado es un alza en el precio, y eso hace sumamente caro para la gente el mantener el consumo. Por ello los adictos terminan convirtiéndose en criminales, pues es la única manera de conseguir suficiente dinero para obtener sus dosis. … Como si fuera poco, la prohibición aumenta increíblemente las ganancias del negocio. Eso lleva a la violencia en las calles por el control de la distribución, desencadena la corrupción de la administración pública cuando los traficantes tratan de comprar a los funcionarios” (Por qué legalizar, SEMANA.COM, 1993/11/08).

En el mismo sentido se pronunció en su momento el Presidente Alfonso López Michelsen: “Está demostrado hasta la saciedad que el problema del narcotráfico no tiene solución distinta: o se legaliza o nos lleva el diablo. La rentabilidad del negocio obedece a que se trata de una actividad prohibida, y el día que se despenalice y que haya mercado libre de droga el precio se viene al suelo… Ahora bien: hay muchos intereses contrarios a la legalización, comenzando por los propios carteles de la droga. Es la amenaza más grande que se cierne sobre su negocio” (Palabras Pendientes, El Áncora Editores, Primera Edición, 2.001, p.150 ,151)

También estaba convencido de esta idea el doctor Álvaro Gómez Hurtado quien se expresó en los siguientes términos: “Los Estados Unidos son cómplices de los narcotraficantes al empeñarse en prolongar la prohibición de la droga, que es la base del negocio para ambos. Es sabido que la mayor parte de los rendimientos del tráfico de estupefacientes se queda en los Estados Unidos y forma parte del sistema bancario de ese país. Si la droga se legalizara en el mundo y su precio bajara; si, por lo tanto, dejara de ser uno de los negocios más prósperos de nuestro tiempo, sufrirían, claro, todos los que comercian con droga, cuya mayoría está seguramente en el territorio de los Estados Unidos” (El vacío que duele, www.eje21.com.co)

El Presidente Santos se ha manifestado contrario a la legalización o despenalización del tráfico de drogas en esa sesión especial de la ONU. Sin embargo, a Colombia y al mundo no le queda otra alternativa para combatir exitosamente el tráfico de drogas que seguir el ejemplo de Estados Unidos respecto del alcohol: eliminar la “Prohibición”, que como ya está dicho y ampliamente demostrado por la experiencia, hace más daño que la droga. Nos toca escoger entre lo peor y lo malo. Y lo peor es la “Prohibición”. Será mucho lo que nos toque gastar en educación para concientizar a los colombianos, especialmente a la juventud de los peligros de la droga. Algo como lo que hacemos respecto del alcohol y el cigarrillo. Será en todo caso menos de lo que hoy gastamos por mantener la “Prohibición”.

*Constituyente 1991

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