Viernes, 2 de diciembre de 2016

| 2015/11/03 15:00

Hijos de tigre

No debería extrañar que los hijos de dos estandartes de la lucha contra el narcotráfico en el país, terminen avalando desde Cambio Radical a los descendientes de los que asesinaron a sus padres.

Joaquín Robles Zabala.

La historia universal está llena de ejemplos significativos. James Joyce, el más grande de los escritores irlandeses del siglo XX, un alma atormentada por la esquizofrenia, hizo de la vida de su hija Lucia un infierno: trasladó el perfeccionismo estético que le imprimía a sus cuentos y novelas a la vida real y el resultado, por supuesto, fue desastroso: la chica se lanzó a los brazos de Samuel Beckett, otro irlandés amigo de su padre, en busca, quizá, de esa comprensión que le faltaba en casa. Luego hizo un periplo amoroso por la vida de hombres mayores. Pero al final fue diagnosticada con la misma enfermedad que, al parecer, padecía su padre y terminó sus días en un psiquiátrico.

El caso de Pablo Picasso es quizá uno de los más emblemáticos de esas rayas que no heredan los hijos de tigre. Era ególatra, bisexual, sádico, manipulador, cínico e hizo de la vida de su prole el infierno en la Tierra. Quería descendientes geniales, como él, pero los genes, desgraciadamente, no siempre funcionan así.

Otro caso de las rayas que no heredan los hijos de tigre, lo ejemplifica el matador Luis Miguel ‘Dominguín’, uno de los grandes toreros de la historia de la tauromaquia mundial y cuyo hijo, Miguel Bosé, resultó cantante y defensor de los derechos de los animales, incluyendo los toros cuyo padre les daba muerte en cada una de sus corridas. En una entrevista de 1990 para un programa de televisión, Bosé afirmó que llegó a odiar a todos los toreros del mundo, incluido a su padre, pues no le cabía en la cabeza que un acto tan salvaje y sangriento fuera una tradición de multitudes.

Federico Nietzsche, como sabemos, fue hijo del pastor luterano Carl Ludwig Nietzsche, un ferviente defensor de la teoría creacionista y de la vida después de la muerte, pero el hijo resultó un convencido de que no había un más allá y que esta era solo una estrategia febril de la Iglesia para coaccionar la voluntad de las masas y ejercer ese control social que busca, en el fondo, unificar el pensamiento y, de paso, sacarle unos billetes al ‘rebaño’.

No es raro, pues, que en la política el hijo de un conservador resulte apoyando los postulados liberales, o el de un liberal termine abrazando las banderas de la izquierda. Nada resulta raro en la viña del Señor, decía alguien. Tampoco debería extrañarnos entonces que los hijos de líderes políticos colombianos, asesinados por combatir desde sus curules o posiciones de poder el apoyo que los carteles de la droga daban a otros políticos, resulten hoy, desde la dirección de sus respectivos partidos, avalando las candidaturas de personajes descendientes o vinculados con los mismos capos de la droga que ordenaron el asesinato de sus respectivos padres.

No hay duda de que el Partido Cambio Radical, presidido por Carlos Fernando Galán y ahora por Rodrigo Lara, se ha convertido en una especie de estandarte que apoya sin objeción las estructuras mafiosas de la política colombiana. Hablar de matoneo político, como lo expresó Galán antes los cuestionamientos que ha recibido su partido por el aval hecho a personajes relacionados con el narcotráfico, o decir que todo se trata de una ‘persecución política’ como lo hacen los del Centro Democrático ante las investigaciones que abre la Fiscalía contra algunos de sus miembros, no es para nada una actitud seria de una partido que pretende ser serio.

La democracia, en su sentido más estricto, no es solo el derecho de elegir y ser elegido, es también la selección moral y ética de quiénes elegimos y cómo se eligen a quienes queremos que dirijan los destinos de nuestras alcaldías, departamentos y concejos. Que La Guajira sea una de las regiones más atrasadas de Colombia, se lo debemos en gran parte a partidos como Cambio Radical y Opción Ciudadana. Oneida Pinto, la recién elegida gobernadora de este departamento es, como el país sabe, una mujer cuestionada por sus vínculos apretados con Juan Francisco ‘Kiko’ Gómez, un político corrupto, amigo de narcotraficantes y paramilitares y quien ganó la gobernación de La Guajira después de que el partido que hoy preside Rodrigo Lara le otorgara su aval en las elecciones de hace 4 años. No olvidemos que a Gómez la Fiscalía General de la Nación le sigue varias investigaciones por los presuntos asesinatos de un poco más de 100 personas. Pero aun así Cambio Radical no vaciló en darle su aprobación a pesar de todas las dudas y rumores sobre su torcida y criminal vida política.

Así mismo, los descendientes de estos “tigres” –que cayeron asesinados por intentar hacer de la política nacional un mejor lugar para el futuro del país– han venido, desde hace un buen rato, desbaratando con los pies lo que sus padres les costó la vida construir con las manos. No contentos con darle el aval a la señora Oneida Pinto, heredera de las políticas criminales de “Kiko” Gómez, hicieron lo mismo en el Magdalena. La señora Rosa Cotes Vives, gobernadora electa del departamento, es la esposa del exalcalde samario José Francisco Zúñiga Riasco, condenado en el 2009 por el Juzgado Penal del Circuito Especializado de Santa Marta a 4 años y 2 meses de prisión por sus estrechos vínculos con los paramilitares del Bloque Resistencia Tayrona, que manejaba por entonces un ejército de 1250 hombres. No olvidemos que este señor ganó las elecciones para gobernador en 2004, dos años después de que Álvaro Uribe llegara a la Casa de Nariño, y un año más tarde de que Jorge Aurelio Noguera Cotes fuera designado por el ‘gran colombiano’ en la dirección del DAS.

El apoyo de Cambio Radical a los políticos cuestionados de este sector de la costa Atlántica, tiene un significado especial porque esta es una de las regiones más atrasadas del país. Según una nota de la Revista SEMANA (14/05/2015), a la señora Rosa Cotes Vives los samarios no la conocen por ser una mujer aguerrida, políticamente hablando, ni por defender los derechos de las minorías, ni por batallar para mejorar las necesidades insatisfechas de ese 50% de la población samaria que no tiene nada. A la señora solo la recuerdan por ser la esposa de un señor que ganó la gobernación del departamento con la ayuda de un grupo de paramilitares y ser la tía de Luis Miguel Cotes Habeych, más conocido por el apodo de ‘El Mello’, quien fuera elegido gobernador del Magdalena por Cambio Radical y quien, a su vez, llevó a su tía a sucederlo en el principal cargo del departamento.

La verdad de este cuento es que resulta vergonzoso que los hijos de personas que ofrendaron sus vidas por una causa tan noble, como fue denunciar en su momento a los políticos nacionales protegidos por narcotraficantes, escudados en el Congreso de la República, gobernaciones y alcaldías, resulten ser quienes, desde sus posiciones como representantes de sus partidos, entreguen los avales a los descendientes de los mismos que asesinaron a sus padres.

Particularmente, siento pena ajena por unos chicos que deberían pararse en la raya para defender el legado político de sus progenitores. Pero, por desgracia, no siempre los hijos de tigres salen pintados.

En Twitter: @joarza
E-Mail: robleszabala@gmail.com

*Docente universitario.

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