Viernes, 20 de enero de 2017

| 2016/05/23 16:48

La “guerra” que ya perdió el Centro Democrático

Asegurar que el presidente le dio un golpe de Estado a la Constitución, solo podría calificarse de chiste. El golpe se lo vienen dando otros desde hace más de medio siglo y parecen no haberse dado cuenta.

Joaquín Robles Zabala.

No se puede negar que en las filas de las Farc hay tantos “descerebrados” como los hay en el gobierno, como lo fueron todos los paramilitares que cometieron cientos de masacres en nombre de la patria, como muchas personas con las que interactuamos en la universidad, en el colegio o en la vida diaria. La sentencia dice que en la viña del Señor hay de todo: Luis Alfredo Garavito, Samuel Moreno Rojas, Álvaro Uribe, Rodolfo Palomino, Alejandro Ordóñez, Fernando Londoño Hoyos, Plinio Apuleyo Mendoza, Iván Márquez, Mono Jojoy, Timochenko y un largo etcétera que podríamos ubicar en ese mapa accidentadísimo que es la historia de Colombia.

Más allá de la polvareda que ha levantado la “oposición” y su horda de fanáticos por los acuerdos a los que han llegado el gobierno Santos con este grupo armado, más allá del bololó jurídico de si las herramientas con las que se busca blindar el acuerdo son o no las  indicadas, lo cierto es que las Farc tienen miedo. No solo de que les hagan lo que le hicieron a la Unión Patriótica, no solo de que alguien les cobre una deuda de sangre por las cientos de muertes que llevan a cuesta, sino porque, por una falla de procedimiento en los puntos de justicia y terminación del conflicto, acaben siendo juzgados por la CPI,  o que con la llegada de un Donald Trump a la Casa Blanca la justicia estadounidense termine solicitando la extradición de sus cabezas visibles.

Las Farc saben que muchos colombianos los odian, que no les van a perdonar nada, que en política se las van a cobrar todas y en las grandes ciudades del país les va ir como al perro en misa. Las Farc lo saben. Saben que si algo no existe es el olvido, como dice el recordado verso de J. L. Borges, que dejar de disparar no significa la reconciliación, no significa la “paz”, que esta es un proceso que se construye con el tiempo, de la misma manera como las heridas abiertas terminan cicatrizando.

Una cosa es lo que piensan los miembros de esta guerrilla sobre la paz y otra muy distinta es lo que cree el gobierno, lo que cree Álvaro Uribe y su Centro Democrático que, valga la aclaración, de democrático solo tiene el nombre. Los que dicen que Santos les está dando estatus de Estado a las Farc porque las tiene sentada a la par del gobierno, parecen no entender de retórica ni mucho menos de diplomacia.

Asegurar que el Presidente le dio un golpe a la Constitución Política porque va a emplear un mecanismo que la misma Constitución no contempla, solo podría calificarse de chiste. El golpe de Estado se lo vienen dando a la Carta Magna desde hace más de 50 años. Se lo dieron cuando la salud pública pasó a manos de particulares y la gente empezó a morirse a la entrada de los hospitales porque no tenían seguro médico. Se lo dieron cuando los políticos corruptos que administran los departamentos y municipios permitieron que cientos de tribus indígenas de los cuatro puntos cardinales de país fueran desplazadas de sus tierras y dejadas a manos de grupos al margen de la ley.

Se lo dieron cuando dejaron morir a más 6. 000 niños del Chocó y La Guajira y varios centenares más en otras regiones del país. Se lo dieron cuando borraron de un plumazo las horas extras, los recargos nocturnos y eliminaron los contratos laborales formales para implementar la prestación de servicios.

El problema con mucho opinadores de medios es que parecen tener memoria a corto plazo y olvidan el camino sembrado de migajas de pan dejados por los políticos de siempre mientras las hogazas eran sacadas del país y hoy aparecen en las bodegas de los Papeles de Panamá. Olvidan que además de la salud, la educación nuestra es una de las peores del planeta  (puesto 170 entre 176 países evaluados, según el último listado).

Olvidan que nuestra Constitución no fue hecha para ángeles ni que el Congreso es un recinto de prohombres sino el lugar donde muchos ganaderos van a reunirse para aprobar leyes que los beneficie y no les permita ir a la cárcel cuando las quebranten.

Las Farc no son angelitos en piyamas, de eso estamos seguros. Son tipos violentos porque toda guerra es violenta. Tampoco son infalibles porque son seres humanos, y han cometido todas las cagadas habidas y por haber. Han matado sin discriminación y han hecho todo lo posible para que muchos colombianos los odien. Pero lo que no podemos negar es que esta guerra fratricida que ya lleva más de medio siglo no la empezaron las guerrillas, pues estas solo fueron una respuesta al problema mayor: la irresponsabilidad del Estado con las regiones alejadas de Bogotá y, por supuesto, con sus ciudadanos.

Por eso, no deja de ser una imbecilidad asegurar que el gobierno le está entregando el país a la guerrilla. La razón es obvia: antes de la aparición de esta, Colombia ya estaba en manos de una clase política profundamente podrida que le había entregado los recursos del país a multinacionales extranjeras y los colombianos, dueños de la tierra y la materia prima, recibíamos las migajas de las que hago referencia arriba.

No deja de ser una imbecilidad asegurar que los jefes negociadores de las Farc le dicen a Santos qué debe hacer y este sale de inmediato a cumplirles. Imbéciles son todos aquellos que creen que el Presidente, heredero de expresidentes, de una de las familias más poderosas de Colombia, catalogas por la guerrilla de oligarcas, va a cambiar de la noche a la mañana sus criterios ideológicos porque Timochenko y su  banda se lo exigen.

Seamos serios. Eso no lo cree ni el más desinformado de los colombianos, ni mucho menos Uribe y su banda de desinformadores profesionales. Repito, las Farc, en el fondo, lo único a lo que le temen es que lo desaparezcan uno a uno. De ahí toda la demora y la reticencia para firmar lo que más tarde que temprano tendrán que hacer. Los que esgrimen el miedo como arma, lo saben. Saben que esta pesadilla de las bombas y los disparos de fusil tiene los días contados.

De ahí, también, toda la propaganda negra que el Centro Democrático y sus seguidores han puesto a funcionar en los últimos meses a lo largo y ancho del país, porque el gran temor de estos “señores” es perder su capital primario: la guerra como política. Y eso, sin duda, los aterroriza y les pone los pelos de punta.

En Twitter: @joarza

E-mail: robleszabal@gmail.com

*Docente universitario.

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