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Opinión

  • | 2017/04/13 09:11

    Ad hominem, las falacias de Abelardo

    Atacar a la persona en vez de contrarrestar sus ideas es lo que se denomina en argumentación ‘ad hominem’ --contra el hombre--, una falacia que demuestra la incapacidad del abogado para debatir una tesis.

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Abelardo es puro ‘corazoncito’. Lo dejó claro en la carta que envió a la dirección de la revista SEMANA con motivo de mi artículo anterior y lo reafirmó en su columna (1) del domingo 09/04/2017, donde se alcanza a ver la pobreza de su lenguaje, una gran carga de amenazas intimidantes, su baja estatura moral y, por supuesto, su profunda ignorancia sobre política e historia.

Por sus afirmaciones, dejó en evidencia su desconocimiento de que toda opinión debe someterse a la crítica, a la prueba de verosimilitud y al contraste con opiniones divergentes. Dejó claro su desconocimiento de que la opinión necesita de material informativo aportado por publicaciones periódicas o por medios audiovisuales o fuentes confiables. Lo anterior permite no solo la valoración y el enriquecimiento de la opinión misma, sino también el respeto del opinante por sus lectores.

Atacar a la persona en vez de contrarrestar sus ideas es lo que se denomina en argumentación ‘ad hominem’ --contra el hombre--, una falacia que demuestra la incapacidad de Abelardo para debatir una tesis, y que tiene como objetivo dar como falsa una premisa teniendo únicamente como argumento a la persona que la expone. Esto quedó claro en su artículo del domingo pasado que lleva por título “Imposible callar”, donde manifiesta sin tapujos la vulgaridad ramplona que parece caracterizarle y que se puede rastrear en sus escritos anteriores: “El ‘mamertismo irracional’ instrumentaliza a esbirros de quinta categoría para atacarme. Para la próxima busquen a alguien de más nivel y que preferiblemente se bañe. ¡Qué clase de calandrajo el que me mandaron!”

Pero no es la única falacia que comete el señor, y no me refiero solo a sus graves errores de redacción, sino a las afirmaciones en la carta que envió a la dirección de SEMANA. El abogado afirma, sin verificar, que “para nadie es un secreto que Joaquín Robles Zabala es amigo personal de Ariel Ávila”. Lo único que puedo decir al respecto es que le agradezco por informarme acerca de esa relación que tengo con Ariel Ávila y de la que hasta ahora me entero y él desconoce por completo.

Si el abogado leyera con sentido racional y crítico, no pasional, descubriría entre líneas que en mi artículo no hay nada personal, más allá de las comillas en las expresiones “para” y “eminente”. Hay que recordarle al señor que las comillas, como signo de puntuación, sólo tienen tres funciones, y una de estas es la ironía, que es el sentido que toman en mi texto, además de las citas directas. Pero, bueno, no espero que el señor lo entienda ni le haya dado a este signo el sentido que realmente tiene.

Así mismo, habría descubierto que un análisis textual no busca “pisotear ni ofender el buen nombre de nadie”. Un análisis textual tiene como objetivo mirar más allá de la simple superficie narrativa y sacar a la luz esos elementos significativos que yacen ocultos en el tejido semántico. Por ejemplo, cuando el abogado señala en su carta --sin prueba alguna-- de que yo soy “alguien que milita en la más oscura y radical izquierda caduca, que tanto daño le ha hecho a la humanidad”, lo que hace, en el fondo, es definirse así mismo, pues los significados sólo cobran sentido cuando se ponen en evidencia con sus contrarios. Es decir, la belleza no puede ser explicada sin que se tenga claro el concepto de fealdad. De manera que cuando el jurista me señala de ser un miembro de la izquierda radical, no solo me está acusando de “guerrillero alzado en armas”, que es la definición de “izquierda radical” en Colombia, sino que también se está definiendo como un hombre de derecha que detesta cualquier posición ideológica que no sea la suya.

Habría que recordarle al abogado que toda falacia es literalmente un engaño. O sea, una mentira que busca presentarse como una verdad. La palabra “camarada”, en su primera acepción, es definida por el DRAE como “persona con la que se comparten ideas, actividades o experiencias”. Pero, en realidad, el significado más común obedece a un radicalismo asociado a las ideas políticas de izquierda. Es sabido que en Colombia la expresión “camarada” no solo define el acto de compartir unas ideas sino también el trato amable que se profesan los miembros de los grupos subversivos. De manera que no es fortuito que el abogado se refiere a Ariel Ávila y a mí como “camaradas”, una palabra satanizada por los radicales de derecha con la que se busca poner una impronta a todo aquel que profesa un acercamiento a las teorías marxistas o leninistas.

El asunto, Abelardo, no es que yo defienda un pensamiento de izquierda o me molesten profundamente las injusticias (que, al parecer, a ti te resbalan por esa desconexión de la ética y el derecho) de un sistema que dejó morir a más de 7.000 niños de La Guajira y el Chocó en menos de 5 años. El asunto no es que un exmagistrado como Pretelt, al cual defiendes como gato bocarriba, haya comprado en ganga varias fincas de campesinos asesinados por paramilitares. El asunto, abogado, es que jamás he hecho parte de esa izquierda radical de la que afirmas, sin prueba alguna, pertenezco. Jamás he tenido relación con ningún grupo político, ni de derecha ni de izquierda, y tengo más de 10 años que, por convicción y protesta, no acudo a las urnas.

Apunte 1: De hoy en adelante le enviaré una ‘selfie’ diaria al “eminente” abogado bajo la ducha.

Apunte 2: El abogado que defiende al magistrado de las coimas debe saber que la injuria constituye un delito según lo prevé el Código Penal colombiano.

Apunte 3. Hay que recordarle al señor que las denuncias no se interponen, se instauran. Y que sólo puede denunciarme por injuria o calumnia, nunca por las dos.

Apunte 4: En ningún aparte del artículo se tipifica el delito del cual hace referencia el abogado, según observaciones hechas por una juez. El señor está en todo tu derecho de “interponer” tu denuncia.

Apunte 5: Al poco rato de que SEMANA publicara su diatriba en tono de réplica, cargada de errores de redacción, propios del muchacho que cursa bachillerato, el “eminente” abogado me envío una solicitud de seguimiento a mi cuenta de Twitter la cual acepté. ¿Incoherencias?

Apunte 6. Por favor, Abelardo, aprende a escribir. Tantos errores en una cuartilla son inconcebibles para alguien que tiene más boca que corazón.

Twitter: @joaquinroblesza
Email: robleszabala@gmail.com

/www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/imposible-callar-346241

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