Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2016/05/10 12:23

    Del matoneo mediático a la “montadera”

    El exterminio de la UP, la desaparición física a punta de pistola de un gran número de líderes de “oposición” [no la mentirita opositora del Centro Democrático] es una muestra de la peligrosidad del absolutismo religioso y político.

COMPARTIR

En un país donde se arma todo un escándalo porque dos tipos se besan en público, donde decir “imbécil” en una columna es atentar contra la buena honra de los lectores, donde una reconocida escritora es matoneada desde la trinchera del Facebook, el Twitter y algunos espacios de opinión por defender lo que sus contradictores se les ha dado por llamar “feminismo trasnochado”, donde se convocan marchas nacionales para que los gais no adopten y muchos menos contraigan matrimonio, donde importa un bledo (iba a escribir la palabra que define el lugar donde la espalda pierde el nombre) cuántos niños se mueren de hambre y los encargados de administrar las instituciones del Estado se roban los dineros que es de todos los colombianos, donde más de la mitad de los ciudadanos es pobre y más de cinco millones no tiene empleo, a pesar de lo que diga el DANE y su máquina de ficción, un país así, digámoslo claro, merece cocerse en su propio infierno.

Dicho esto, no faltará quién me acuse de chauvinista inverso, apátrida o cualquier otra adjetivación descalificadora. Lo que no se va a poder negar es que el país está jodido: con una salud en cuidados intensivos, con una educación en la cola del mundo, con unos administradores vendiendo al mejor postor las empresas rentables del Estado para construir carreteras 4G y poner a Bogotá en la vanguardia de las grandes capitales del planeta, pero sin ambulancias para salvar las vidas de un anciano con fallas respiratorias y de un hombre que sufrió un accidente en una motocicleta mientras regresaba una noche a su casa.

Decir que el país está jodido es un lugar común, es llover, como reza el adagio, sobre lo mojado. Sin embargo, creo que no está de más repetirlo una y otra vez. Quienes se fueron lanza en ristre contra la escritora bogotana, olvidan que la libertad de expresión es un derecho de todos los ciudadanos. Olvidan que el relato del “signo mujer”, como lo expone Lucía Guerra en su ensayo galardonado “La mujer fragmentada: historia de un signo”, está sentado sobre los ejes de la territorialidad patriarcal, sobre la dicotomía milenaria bien y mal, inserta en la conciencia de los pueblos del mundo y alimentada por una institución que le ha hecho más daño que bien a la historia social de los países occidentales como es la Iglesia Católica.

La división de los sexos, como lo plantea Bourdieu en su estudio “La dominación masculina”, es una cuestión cultural que nos han mostrado a lo largo de la historia de la Humanidad como si fuera parte del orden natural de las cosas, hasta el punto que nos hemos tragado sin masticar la carreta, exacerbando en cada nuevo momento histórico y en cada nueva generación unas creencias que a esta altura de la existencia resultan ridículas, tan ridículas como crear todo un escándalo alrededor de dos hombres que se besan en público aunque no tengan, como lo expresó en alguna oportunidad el vate Raúl Gómez Jattin, inclinaciones homoeróticas.

Aquí el asunto es de creencias, y las creencias son netamente culturales. Y la cultura, como sabemos, no nace ni termina con nosotros. El robo sistemático a las instituciones del Estado, el saqueo constante a la salud de los colombianos, los atracos al presupuesto de los municipios y departamentos es una cuestión cultural porque nace en la creencia generalizada de que los dineros que se asignan para el buen funcionamiento de estos organismos no nos pertenecen, por lo que es factible su apropiación. La razón es sencilla: nadie se roba a sí mismo. Tampoco es casualidad que un señor que es elegido para que represente a toda una región en el Congreso de la República, termine creyendo que esa región a la cual representa es suya y acabe apropiándose de todos sus recursos.

El matoneo al que hago referencia arriba, no es nuevo. En Cartagena y en la costa en general la llamamos “montadera”. Montársela a alguien es acosarlo, y esto, sin duda, tiene que ver con la creencia de superioridad, ya sea física, moral o económica. La persecución que ejerció la Iglesia Católica sobre muchos pueblos del mundo, el exterminio sin contemplación de otras religiones y sus líderes, la expulsión de los árabes de la Península Ibérica después de casi de 800 años de asentamiento en ese territorio, es el típico ejemplo de matoneo ejercido por el bravucón de barrio sobre el chico flaco que carece de fuerza para defenderse. Este es el equivalente a la fuerza desmedida utilizada por los gobiernos colombianos en los últimos 50 años para acabar con los grupos políticos representados en la izquierda desarmada. El exterminio de la Unión Patriótica, la desaparición física a punta de pistola de un gran número de líderes de la llamada “oposición” [no la mentirita opositora del Centro Democrático] es una muestra de la peligrosidad del absolutismo religioso y político.

La satanización del otro con la intención de disminuirlo en sus posiciones, hacerle la vida imposible para que desista en sus intenciones, no darle tregua y aplicarle el fin comunicacional de la propaganda negra, es una muestra clara de matoneo, solo que en política la llamamos “persecución política” y en la vida ordinaria de la costa norte colombiana la calificamos de “montadera”.

Utilizar el poder que nos asigna todo un país o un medio de comunicación para fomentar tensión y odio entre grupos políticos disímiles, llamar a “una resistencia civil” porque no me gusta el silencio de los fusiles sino el ruido de estos, trinar sobre los muertos de Bojayá pero callar sobre la masacre de El Aro y otras repudiables, es un claro ejemplo de por qué el país está jodido. No hay duda de que aquí hay una intención clara de manipular la percepción de toda una nación, de hacerle creer que hay muertos más importantes que otros, que es mejor seguir echándonos plomo hasta el fin del fin que ceder ante algunos puntos que nos llevarían, si no a la reconciliación entre los colombianos, por lo menos nos acercaría al cese de 50 años de plomo.

No hay que olvidar que la construcción social de los pueblos no la hace un solo hombre, sino unas políticas consensuadas que nos permitan crear lazos de unión. Tampoco olvidemos que el matoneo, en cualquiera de sus manifestación, nos disminuye como humanos y nos remite, necesariamente, a la barbarie, la misma que ponen en práctica algunos políticos colombianos que abogan por la continuación de la guerra sin pesar un segundo en el futuro del país.

En @Twitter: @joarza
E-mail: robleszabala@gmail.com
*Docente universitario.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1829

PORTADA

Gran encuesta presidencial

Vargas Lleras arranca fuerte, Petro está estancado, Fajardo tiene cómo crecer y los partidos tradicionales andan rezagados. Entre los uribistas, Ramos se ve fuerte. Y Santos tiene 35 por ciento de aceptación. Gran encuesta de Invamer para Caracol Televisión, Blu Radio y SEMANA.