Martes, 24 de enero de 2017

| 2016/02/15 14:12

El difícil camino de las Farc hacia la política

La mala imagen del grupo subversivo no cede a pesar de los esfuerzos del presidente Santos por mostrar la cara positiva y los beneficios de los diálogos.

El difícil camino de las Farc hacia la política

Preocupa que a esta altura del proceso de paz en La Habana las Farc sigan extorsionando. Así lo informó hace unos días la revista SEMANA, que, en diálogo con Humberto Sánchez, alcalde de San Vicente del Caguán (Caquetá), aseguró que las extorsiones vienen dándose desde hace muchos años, pero que con los diálogos el asunto empeoró, ya que son varios los frentes de esa guerrilla que se disputan el boleteo en el departamento.

En esa ruleta nadie se salva: ni los comerciantes (grandes o pequeños), ni los ganaderos, ni los contratistas ni, mucho menos, los proveedores del Estado. Según declaraciones del burgomaestre caqueteño, las Farc obtienen un poco más de 83.ooo millones de pesos al año, producto de la extorsión en esa zona del país.

El asunto no deja de ser preocupante, ya que si se firma el acuerdo que pondría punto final a las hostilidades, como se prevé, el grupo subversivo tendría que abandonar las armas, lo que podría convertir a un gran número de sus miembros en objetivo de los grupos paramilitares y de otras bandas armadas del país con las que se han disputado en las últimas décadas el lucrativo negocio de la droga.

E incluso, como lo dejó ver una reciente nota del portal las 2Orillas, no sería descabellado que surgiera el temido plan pistola, como ocurrió con la Unión Patriótica, por parte de algunos militares que aún no ven con buenos ojos los diálogos entre el gobierno del presidente Santos y “los terroristas de las Farc”.

El asunto, sin duda, no será fácil ni para las Farc ni para el gobierno. Y no lo será por varias razones. Una de ella es que si es cierto que habrá dinero para el posconflicto, también es cierto que este no será suficiente para brindarles protección a cada uno de los 6 mil guerrilleros rasos que entrarán a ser parte del orden constitucional. Por otro lado, no hay que olvidar que el 93% de los colombianos tiene una imagen muy negativa del grupo subversivo, aunque ese mismo porcentaje le apueste al silencio de los fusiles. Tanto así que en las últimas encuestas de la firma Gallup Colombia les fue como perro en misa, a pesar del desprestigio en que se encuentran sumidos los partidos políticos tradicionales, minados por una profunda corrupción que tiene a varios departamentos del territorio nacional hechos, literalmente, mierda.

Según la misma encuesta, solo el 4% de los colombianos le augura un futuro político promisorio a la organización armada, mientras que el resto de los encuestados no votaría por ninguno de sus miembros ni en sueño. La situación se hace mucho más difícil si pensamos que un gran porcentaje de los nacionales cree firmemente que las cabezas visibles del grupo armado deberían ir a la cárcel, y otro porcentaje similar se opone a que los guerrilleros tengan participación en política.

“Hay que hacer una reflexión serena y tener una visión más amplia”, afirmó recientemente el jefe de la delegación del gobierno en la mesa de negociaciones, Humberto de la Calle.

En las ciudades donde se llevó a cabo la encuesta, el rechazo de los colombianos a las Farc es mucho mayor. La pésima imagen del grupo subversivo no cede a pesar de los esfuerzos del presidente Santos por mostrar la cara positiva y los beneficios de unos diálogos que pondrían fin a un conflicto armado de casi 6 décadas.

Para otro grupo de  colombianos, las Farc no han dado muestra de un verdadero arrepentimiento de sus desmanes contra la población civil y consideran algunas de sus declaraciones solo como una burla abierta al dolor de los ciudadanos que han sufrido y siguen sufriendo el secuestro y el boleteo.

Para el comandante Timochenko, en declaraciones dadas recientemente a esta misma revista, lo anterior es el resultado de verdades infundadas, de una leyenda negra creada por algunos medios de comunicación afines a la ultraderecha y no como consecuencia de varias décadas de plomo, “retenciones extorsivas” y asesinatos sin sentido.

Para un amplio número de opinadores políticos nacionales, las Farc no han hecho verdaderos actos de contrición, empezando por no reconocerse como victimarias sino como víctimas del conflicto. Lo otro es que no hay claridad para la opinión pública ni para el colombiano promedio qué significan las afirmaciones hechas por los comandantes de esa guerrillera de que ellos solo dejarán las armas, mas no las entregarán. Esto, por supuesto, no es claro para nadie, ya que no se sabe dónde terminará un arsenal de fusiles, pistolas y granadas que si es cierto le ha servido para defenderse de las autoridades, tampoco es menos cierto que con este se ha infringido  mucho dolor y derramado mucha sangre.

No hay duda de que el camino de las Farc hacia la política no será fácil.  Y no lo será porque está presente, entre otros, el antecedente de la Unión Patriótica. El temor está ahí, latiendo, y sus comandantes saben que la historia del país, como los fenómenos naturales, es cíclica. De ahí también que el grupo subversivo venga insistiendo sobre un acuerdo político amplio para que no se repitan los asesinatos de José Antequera, Carlos Pizarro y Manuel Cepeda, entre otros, y las amenazas de muerte contra líderes de izquierda que tuvieron, en su momento, que abandonar el país porque el Estado no tenía cómo garantizarles la vida.

El asunto apenas empieza y las Farc deben reconocer ante los colombianos que si es cierto que su lucha era legítima, también es cierto que en el camino muchos de sus integrantes se torcieron y las razones reales que les dio vida a la revolución que buscaban llevar a cabo terminaron siendo parte del cuarto de San Alejo.

En Twitter: @joarza

E-mail: robleszabala@gmail.com

*Docente universitario.

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