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Opinión

  • | 2015/07/21 15:10

    Las entelequias de la ministra Parody

    De acuerdo con la Ley 30 de 1992 no hay en Colombia universidades con “enfoque doctoral”, ni “pregrado” ni “maestría”. Esas clasificaciones, sencillamente, no existen.

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Curiosamente las cinco primeras universidades que aparecen encabezando la lista de la categoría “énfasis pregrado”, del Modelo de Indicadores del Desempeño de la Educación (MIDE), no figuran en el listado de las 20 mejores del ranquin general. Digo curiosamente porque los programas de pregrados son la base sobre la cual las universidades del país han edificado su conocimiento. Los de maestrías y doctorados son relativamente nuevos si pensamos que las primeras instituciones de educación superior de Colombia abrieron sus puertas a finales del siglo XIX. Hasta hace poco los profesionales que deseaban hacer especializaciones en cualquier área del conocimiento debían, necesariamente, salir del país. Y la verdad es que el asunto no ha cambiado mucho a pesar de que el Ministerio diga lo contrario: que el país ha avanzado en materia de estándares de educación superior y que nuestras universidades  son mejores hoy que ayer o anteayer.

Lo cierto es que los “enfásis” que creó el Ministerio no son claros ni para la propia ministra. ¿Cómo así que una universidad que saca 5 doctores en un año puede clasificar en la categoría “énfásis doctoral” cuando la misma universidad gradúa a cientos de estudiantes en los distintos programas de pregrado con alta calidad, como es el caso de la Universidad Nacional o la de los Andes? Nadie entiende que un grupo de  instituciones universitarias que no figuran en los primeros lugares del listado ni tienen sus programas acreditados con el “registro calificado”, aparezcan luego ocupando los primeros lugares en la categoría “énfasis pregrado”.
Para el Observatorio de la Universidad Colombiana esas categorías que se inventó la ministra Parody son solo entelequias porque no se basan en el sistema de educación superior que opera en el país. Según Carlos Mario Lopera, miembro del Observatorio, de acuerdo con la Ley 30 de 1992 la entelequia consiste en que no hay universidades con “enfoque doctoral”, ni “pregrado” ni “maestría”. Lo anterior es inexplicable ya que en dicho listado se pueden encontrar universidades sin acreditación institucional ubicadas por encima de algunas que sí ostentan el aval. Un ejemplo de este caso lo constituye la Universidad de Nariño, que ocupa el puesto 21, pero cuestionada durante mucho tiempo, precisamente, por la calidad de sus programas.

Para un grupo de rectores de distintas universidades del país, el Modelo de Indicadores del Desempeño de la Educación (MIDE) es una herramienta más con la que se busca  evaluar el trabajo de las cientos de instituciones de educación superior del país. Para otros, este tipo de categorías y clasificaciones no solo busca medir la calidad educativa universitaria, sino que pretende que los directivos “se pellizquen” y los futuros estudiantes escojan con cuidado la universidad donde deseen llevar a cabo sus estudios profesionales. Para algunos críticos del Mide, este instrumento no sirve para nada porque no mide en realidad la calidad educativa, ya que no tiene en cuenta el impacto social de las universidades en los lugares en los cuales desempeñan su trabajo. Para los más escépticos, este medidor es un arma de doble filo, pues puede producir un efecto contrario al buscado y llevar a las universidades a trabajar con el exclusivo propósito de quedar bien en una próxima publicación, pero dejando por fuera el verdadero objetivo de toda universidad como es el de educar.

Aunque la ministra aseguré que el Mide fue un procedimiento que compartió con docentes y directivos de la vida académica nacional, para otros no está muy claro cómo se calcularon los indicadores que llevaron al resultado final. Este bache en la construcción y ejecución de la medición deja muchas dudas sobre su veracidad. Para Lopera, nada es claro en los resultados del Mide, pues considera que la medición estuvo mal enfocada porque se tomaron como punto de partidas un cúmulo de datos desactualizados, venidos de mediciones de años anteriores, las cuales, igualmente, tuvieron muchas fallas. Otro escéptico de la medición, el columnista de El Tiempo Francisco Cajiao, asegura que no es confiable comparar una universidad donde el componente de sus estudiantes pertenece a los estratos 2 y 3 con otra donde los estratos predominantes son los 5 y 6. En este sentido, no se necesita ser un mago para saber que las diferencias entre unos y otros serán abismales. Los primeros, por lo general, proceden de escuelas públicas con miles de problemas incorporados y en donde todo falta. Los otros vienen de escuelas donde nada falta y la base del aprendizaje es casi siempre el bilingüismo. Para la exministra de Educación Cecilia María Vélez  “el problema con el ranquin es que expresa un modelo de universidad que va en contra de la autonomía universitaria”.  Para el Observatorio de la Universidad Colombiana, el ranquin está mal estructurado, “es injusto, desmotivador y disociador”, pues se distancia del desempeño real de las universidades del país. Por otro lado, la medición no tuvo en cuenta la acreditación y la alta calidad de los programas de algunas universidades. Sin embargo, las diferencias entre unas y otras que figuran en el listado van más allá y están marcadas, al parecer, por otros intereses que se encuentran por fuera de lo estrictamente académico. Por ejemplo, mientras el Ministerio de Educación le cancela a la Universidad de los Andes 25 millones de pesos por cada estudiante del programa “ser pilo paga”, otras universidades públicas reciben del mismo programa menos de 6 millones de pesos por matrícula.

Para José Consuegra Bolívar, director de la Universidad Simón Bolívar, la clasificación dejó evidenciado un profundo sesgo, ya que el Ministerio no validó la información del Sistema de Información de la Educación Superior, lo que dejó a muchas universidades, incluyendo la suya, mal parada en el listado recientemente publicado. Para otros rectores universitarios, el Mide es, sencillamente, un atropello para el trabajo responsable y serio que adelantan muchas universidades del país. Lo demás, como se dice popularmente, es paja.

En Twitter: @joarza
E-mail: robleszabala@gmail.com

*Docente universitario

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