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Opinión

  • | 2015/06/11 16:03

    Burros hablando de orejas

    Resulta paradójico que expresidentes latinoamericanos se autoproclamen defensores de los principios democráticos cuando en sus gobiernos los irrespetaron.

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En mayo de 2001 el programa radial La Luciérnaga, que llevaba nueve años al aire, sufrió una de sus más grandes crisis que culminó con la renuncia del periodista Edgar Artunduaga y de su director Hernán Peláez. Según ambos periodistas todo se debió a las presiones indebidas que el gobierno de Andrés Pastrana ejerció sobre el grupo Santo Domingo, dueño en ese momento de la cadena Caracol, para que retirara a Artunduaga del programa por sus constantes críticas al mandatario.

Las presiones eran tan grandes que Artunduaga, para evitarle problemas a la cadena y a sus jefes, decidió renunciar. De inmediato Peláez, en solidaridad con el periodista hizo lo mismo y en su último programa dijo: “He tomado la decisión de dejar por lo pronto la dirección de La Luciérnaga por una sencilla razón: no estoy de acuerdo con el procedimiento y las presiones, que sí las hubo, para el retiro de Edgar Artunduaga”.

El intento de censura a La Luciérnaga no fue el único episodio de este tipo protagonizado por Pastrana. Un mes antes, en abril de 2001, funcionarios del Gobiernos presionaron a las directivas del RCN TV para evitar que una entrevista realizada por Claudia Gurisati al jefe paramilitar Carlos Castaño saliera al aire. Sin embargo, el canal desestimó las recomendaciones y emitió el reportaje.

No contento con atentar contra la libertad de opinión, meses después Pastrana arremetió contra las demás libertades democráticas consagradas en la Constitución del 91 al promulgar la Ley 684 sobre seguridad y defensa nacional. En términos gruesos esta ley –que fue declarada inconstitucional por la corte– otorgaba facultades indebidas a las fuerzas militares como la función de policía judicial; suprimía el límite de 36 horas en el que un capturado debía ser puesto en manos de la autoridad judicial; e inventaba los famosos “teatros de operaciones”, un nuevo estado excepción en el que por razones de orden público las autoridades civiles de una región del país quedaban subordinadas a la Fuerza Pública.

Estas son tan solo algunas de las perlas antidemocráticas de Andrés Pastrana que ahora posa como adalid de la democracia en Venezuela.

Desde que visitó al país vecino en enero de 2015 para participar en el foro ‘El poder ciudadano y la democracia de hoy’, organizado María Corina Machado, e intentó infructuosamente visitar al opositor Leopoldo López, Pastrana se ha convertido en el vocero de la oposición venezolana en toda América Latina. Su labor ha estado acompañada de expresidentes como el chileno Sebastián Piñera, el mexicano Felipe Calderón y el boliviano Jorge ‘Tuto’ Quiroga, políticos que no tienen una reputación de demócratas en sus respectivos países.

Pero, sin duda, de todo este ramillete de expresidentes que se rasgan las vestiduras por el deplorable estado de la democracia y por el irrespeto a los derechos humanos en Venezuela, el que más llama la atención es Quiroga, quien la semana pasada acompañó a Pastrana en su segundo viaje al país vecino.

Al igual que Pastrana, el pasado político del exmandatario boliviano está marcado por actuaciones que no se caracterizaron por defender los derechos humanos y las libertades democráticas. Basta con recordar unas cuantas anécdotas.

Luego de estudiar y trabajar en Estados Unidos, Quiroga regresó a finales de los ochenta a Bolivia e ingresó a Acción Democrática Nacionalista (ADN), partido fundado en 1979 por Hugo Banzer, el famoso dictador que gobernó al país boliviano entre 1971 y 1978 y que se hizo célebre por ilegalizar los partidos políticos, desaparecer a miembros de la oposición y participar en el siniestro Plan Cóndor.

Cuando en 1997 Banzer fue elegido democráticamente presidente de Bolivia, Quiroga ejerció la Vicepresidencia. Durante los cuatro años que se desempeñó en este cargo, Tuto avaló la represión de las protestas indígenas y campesinas en contra de la eliminación de los cultivos de coca y de la privatización del servicio de suministro de agua en Cochabamba y que dejó por lo menos un saldo de 30 muertos entre manifestantes y miembros de la fuerza pública.

Debido a los problemas de salud de Banzer, en 2001 Quiroga asumió la Presidencia del país andino. Su año de gobierno se caracterizó por el aumento de la represión al movimiento cocalero. En enero de 2002, al conocerse la noticia de la muerte de un policía y un militar en medio de las protestas campesinas en la región del Chapare, Tuto ordenó el arresto de medio centenar de integrantes Federación de Productores de Coca y días después respaldó la decisión de la Cámara de Diputados de expulsar al diputado Evo Morales, quien fue acusado de ser el autor intelectual del asesinito de los uniformados.

Negar que el gobierno de Nicolás Maduro ha recortado las libertades democráticas y violado los derechos humanos es tratar de tapar el sol con un dedo. Sin embargo, resulta paradójico que políticos como Pastrana y Quiroga, que durante sus gobiernos aplicaron métodos antidemocráticos, ahora salgan a autoproclamarse defensores de los principios democráticos. Resulta paradójico que critiquen la censura, la represión de las protestas sociales y la implementación de leyes militaristas cuando ellos hicieron lo mismo en el momento que fueron gobernantes.

Si ellos son los guardianes de la democracia en América Latina, entonces apague y vámonos.
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