Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2016/04/15 19:57

Esas tales leyes naturales no existen

Las palabras del exmandatario, y ahora senador, son una síntesis perfecta de los argumentos que ha esgrimido la godarria colombiana para evitar otorgarle igualdad jurídica y social a la comunidad LGBTI.

Jorge Cote. Foto: Juan Carlos Sierra - SEMANA

En medio del alboroto que causó la aprobación del matrimonio igualitario en los sectores más conservadores del país, Álvaro Uribe Vélez leyó un comunicado en el que sentaba su desacuerdo con la decisión de la Corte Constitucional y en el que argumentaba que “en nombre del respeto a la intimidad se debe respetar la relación de pareja homosexual, pero en nombre de las leyes naturales, que no necesariamente son un dogma religioso, se debe respetar que el mantenimiento de la especie humana, en lo cualitativo y cuantitativo, deriva de la familia, cuya unión gira alrededor del matrimonio, no como expresión formal y protocolaria, sino como institución de valores, que son fuente insustituible de armonía social”.

Las palabras del exmandatario, y ahora senador, son una síntesis perfecta de los argumentos que ha esgrimido la godarria colombiana, encabezada por el procurador Alejandro Ordoñez, el Centro Democrático y los jerarcas de las iglesias católica y cristianas, para evitar otorgarle igualdad jurídica y social a la comunidad LGBTI.

En sus intervenciones, discursos y entrevistas no paran de repetir que la homosexualidad va en contra de las leyes naturales, que sus posiciones no son guiadas por dogmas religiosos y que la familia, conformada por macho, hembra y críos, es la regla. Declaraciones atenuadas con frases como “amamos a los homosexuales” o “respetamos la intimidad de los homosexuales” para ocultar su homofobia.

Y aunque quieran demostrar que sus posiciones están basadas en pruebas objetivas o científicas, lo cierto es que responden más a prejuicios o dogmas. El mejor ejemplo es el cuento de que leyes naturales dictan que la procreación es posible solo cuando el esperma del macho fecunda el óvulo de la hembra.

En principio es cierto, sin embargo, lo que demuestra la larga historia de nosotros en el planeta es que el humano ha sido el mayor transgresor de las “leyes naturales”. Es tan común este comportamiento que podríamos afirmar que la única ley natural del humano es ser antinatural. No solo porque tiene las capacidades biológicas para hacerlo, sino, como lo explica el historiador hebreo, Yuval Noha Harari, “la biología tolera un espectro muy amplio de posibilidades y trasgresiones”.

Incluso podríamos afirmar que nuestra civilización y, posiblemente, la supervivencia de los humanos se deben a dos hechos que en teoría eran iban en contra de las “leyes naturales”: la revolución cognitiva y la invención de la agricultura.

Cuando el Homo Sapiens, apareció hace 200 mil años, no tenía muchas diferencias biológicas y cognitivas con las otras especies del género homo. Era un simple cazador-recolector que fabricaba rústicas herramientas de piedra y, según la evidencia arqueológica, con pocas diferencias cognitivas a los demás homos.

Parecía que el destino del homo sapiens, era ser un cazador-recolector, sin mayor audacia mental y, probablemente, condenado a la extinción como sus primos. Sin embargo, hace 70.000 años sucedió algo, que todavía no tiene explicación, pero que cambió el rumbo de los humanos. Se trata de una revolución cognitiva que le permitió al homo sapiens procesar y transmitir información acerca del mundo, de las relaciones sociales y de cosas que no existían. Todo un acto antinatural, pues el hombre había deambulado por este mundo durante 130.000 años, sin necesidad de utilizar esta capacidad cognitiva.

Después vino la invención de la agricultura, el segundo acto antinatural.

Las investigaciones arqueológicas arrojan que la dieta de los cazadores recolectores era bastante rica y variada y que no era necesaria la agricultura para su supervivencia. Sin embargo, hace 6.000 años, a algunos humanos se les ocurrió que era buena idea sembrar y dejar la recolección, una actividad que se había dedicado desde que apareció sobre la faz de la tierra y que era parte de su naturaleza humana.

De ahí en adelante, el hombre se ha dedicado a hacer y crear cosas antinaturales. La escritura, los sistemas políticos, la medicina… Todo, absolutamente todo lo hecho por los humanos es una afrenta a las leyes naturales. Incluso la religión, porque, a pesar de los cuentos que nos echan, todavía no hemos visto la primera comunidad de perros o elefantes adorando un dios.

Y esto es así porque esas tales leyes naturales no existen. Porque, como lo sintetiza Harari “nuestros conceptos antinatural y natural no se han tomado de la biología, sino de la teología cristina”. Una doctrina que cataloga de natural los designios que tiene Dios para el hombre. Dios del que, desafortunadamente, no se tiene una prueba contundente de su existencia. 

Algunas de estas opiniones están basadas en el libro De animales a dioses de Yuval Noha Harari.

*Historiador y periodista de SEMANA

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