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Opinión

  • | 2015/03/20 16:00

    Fango

    A pesar de los esfuerzos de algunos colombianos por resolver la crisis institucional que sufre desde los años ochenta, el país no ha podido salir de esta.

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En 1989 la legendaria banda de punk colombiana La Pestilencia lanzó su primer disco La Muerte...Un compromiso de todos, considerado un clásico del rock nacional. En su repertorio aparecía una corta canción llamada Fango que, en tan solo dos estrofas de cuatro versos cada una, resumía la crisis por la que atravesaba el país a finales de la década de los ochenta del siglo pasado. Un poco más de minuto y medio le bastó al grupo para hablar de corrupción, desplazamiento forzado, masacres y asesinato de líderes políticos. De esta manera Fango se convertía en una fotografía pesimista de la realidad nacional.

Este pesimismo no era infundado, en efecto los años ochenta fueron muy trágicos para los colombianos. El país vivía una crisis institucional de grandes proporciones causada por la violencia narcoparamilitar, guerrillera y estatal, y por el aumento desbordado de la corrupción y el clientelismo. Eran épocas en donde los narcotraficantes habían comprado a jueces, políticos, periodistas, policías y militares para garantizar que sus crímenes quedaran en la impunidad, y las pocas personas que se atrevían a enfrentarlos eran asesinadas por sicarios o por medio de bombas.

También fue el momento en que la persecución a la oposición política aumentó. Paramilitares y narcotraficantes, con el auspicio de algunos sectores del Estado, eliminaron a la mayoría de  miembros de la UP y asesinaron a importantes líderes como Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo. La violencia en contra de todo lo que pareciera de izquierda, estuvo acompañada del aumento de las masacres y del desplazamiento. Todavía se recuerdan con escozor las masacres en las haciendas Honduras y La Negra, y de las veredas Mejor Esquina y San Jorge, ocurridas entre marzo y abril de 1988 y que causaron la muerte de 79 trabajadores agrarios.

Era tal el desbarajuste institucional que en 1989 el presidente Virgilio Barco intentó promover una reforma constitucional sin mayor éxito. Un año después, un grupo de jóvenes formó el movimiento Séptima Papeleta (que el 11 de marzo cumplió 25 años) para exigir la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente. Luego de varios vericuetos electorales y legales, por fin el sueño de estos jóvenes se cumplió: el 9 de diciembre de 1990 se hicieron las elecciones para escoger a los constituyentes y siete meses después la Constitución del 91 fue promulgada.

Estos jóvenes congregados en el movimiento de la Séptima Papeleta tenían la esperanza de que la nueva carta magna solucionara la crisis institucional. Sin embargo, en los siguientes 25 años el país ha vivido bochornosos hechos de corrupción que hacen pensar que la esta crisis continúa vivita y coleando. Tan solo tres años después de promulgada la Constitución, estalló el escándalo por la financiación de la campaña presidencial de Ernesto Samper, uno de los más graves que ha sufrido el país y que casi causa un golpe de Estado.

Años después el presidente Álvaro Uribe, con la excusa de erradicar a la guerrilla, reformó de una manera no muy recta la Constitución para poderse reelegir, causando otra vez otra vez un desbarajuste institucional, pues el equilibrio de poderes entre las ramas del Estado diseñado en la carta magna se fueron al traste. A las maromas constitucionales del ahora senador Uribe, se sumaron los escándalos de Agro Ingreso Seguro, la parapolítica, las chuzadas del DAS y los falsos positivos que han dejado muy mal herida la institucionalidad colombiano.

De esta crisis tampoco se han salvado las altas cortes, instituciones que desde antes de la Constitución gozaban de una buena reputación, en los últimos ocho años han pasado a protagonizar graves casos de corrupción como el carrusel de pensiones, la negociación de fallos y el clientelismo judicial. Solo la Corte Constitucional había logrado mantenerse al margen de esta oleada de episodios bochornosos. Sin embargo, en marzo de este año –el mismo mes en que se celebran los 25 años de la Séptima Papeleta– se conoció de las presuntas actuaciones indebidas de del magistrado Jorge Pretelt en la Corte Constitucional, escándalo que amenaza con tocar al fiscal Luis Eduardo Montealegre y al ministro de Justicia Juan Fernando Cristo.

Aunque muchos analistas y políticos han celebrado los logros de la Constitución del 91, esta no fue el remedio que los jóvenes de la Séptima Papeleta creían iba a curar la crisis institucional. Durante estos 25 años el Estado se ha mantenido al borde del precipicio y pareciera que en los próximos años el panorama no fuera a mejorar. Por eso resulta desesperanzador que, a pesar de los esfuerzos que algunos colombianos han hecho para mejorar al Estado como el del movimiento de Séptima Papeleta, una canción escrita hace 26 años retrate lo que está sucediendo en la actualidad en el país.

Y no es que la Constitución del 91 haya sido inútil, de hecho desde la década de los sesenta del siglo XX –época en la que Carlos Lleras llevó a cabo una reforma constitucional– el país pedía a gritos una nueva carta magna. Pero a pesar de sus logros, la Constitución no pudo solucionar la crisis del Estado, principal problema por el que atravesábamos hace 25 años, y el país continúa sin salir del fango institucional en el que se encuentra.
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