Sábado, 21 de enero de 2017

| 2015/11/05 10:00

Ensillar sin traer las bestias

Primero los cimientos, luego las paredes; las medias, antes que los zapatos.

Jorge Humberto Botero. Foto: Archivo Particular

Cien años atrás, mi abuelo recorría con sus mulas los pueblos de Antioquia vendiendo telas, machetes, “aperos”, ollas y lo que, en general, se le encargaba. Pude disfrutarlo poco en los años cincuenta pero de él aprendí los rudimentos del ajedrez y refranes como el que me sirve de título. Su significado es obvio: no resulta inteligente tratar temas conexos en una secuencia contraria a la lógica. Es decir, primero deberíamos definir la manera en que los ciudadanos refrendaremos los eventuales acuerdos de paz y, luego, las reglas para cumplir la palabra empeñada mediante la expedición por el Congreso o el Presidente, habilitado por aquel, de las normas que se requieran.

No se procede así por una razón clarísima. En el Acuerdo General que enmarca las negociaciones se estipuló que el mecanismo refrendatario se definirá por las partes. Es decir, de entrada, y solo para lograr que los subversivos (bueno, solo parte de ellos) se sentaran a conversar, se entregó un segmento importante de la Constitución dado que esta define los mecanismos de participación ciudadana. Lo anterior tiene una consecuencia importante: el presidente Santos no puede cumplir, sin un acuerdo previo con la guerrilla, su promesa, que sabemos firme, de que los colombianos tendremos la última palabra.

Aparte de este sacrificio institucional, que no es menor, hay un par de problemas adicionales si se continúa por la senda que, por iniciativa del Gobierno, transita el Parlamento. El primero, que nos quedemos con “los crespos hechos”; es decir, que no haya acuerdo, lo cual es remoto pero posible, luego de haber movido en vano la estantería institucional. El otro, que resulte el Congreso forzado, como lo está, a decidir sobre el trámite de las normas de implementación de la paz sin conocer sus alcances. Es tanto como mandar a confeccionar el traje de boda sin tomar las medidas de la novia...

Usando un encomiable tono constructivo, el expresidente Uribe ha propuesto que, en vez de continuar avanzando en una reforma constitucional que altera el funcionamiento del Congreso, sin que sepa qué será exactamente lo que se tramitaría por los canales extraordinarios que se pretende crear, se convoque una asamblea constituyente para aprobar y modificar, si cabe, los acuerdos que se logren en Cuba. Esta circunstancia ha servido para que las FARC insistan en su propia constituyente.

Hay que precisar que no hablan de lo mismo. La constituyente de Uribe es la que contempla la Constitución: sería convocada por el Congreso, quien definiría igualmente su agenda; sus integrantes serían elegidos por el voto popular. Las FARC aspiran a una constituyente designada, en buena parte, a dedo, sin facultades para tocar los acuerdos que se logren en la Isla, pero sí para construir un nuevo modelo de sociedad y de Estado.

De la Calle, con razón, se opone a ambas propuestas. A la de Uribe por cuanto si una asamblea constituyente (o “Congresito”, es lo mismo) pudiera modificar el hipotético acuerdo de paz, se perdería uno de los pilares de la negociación: su carácter indivisible, el cual consiste en que se aprueba todo o nada queda en vigor; exactamente la misma regla que rige para la decisión por el Congreso sobre los tratados internacionales bilaterales. Y a la opción de los subversivos por cuanto la “refundación de la patria” no es, por fortuna, lo que busca el Gobierno.

¿Qué hacer ante semejante mar de confusión? Ya que me lo preguntan, nada. Dejen la Constitución, por ahora, quieta. Esta contempla mecanismos suficientes para dar trámite urgente a las iniciativas del Gobierno, autoriza el otorgamiento de facultades extraordinarias al presidente, y faculta para que en los debates puedan participar, sin derecho a voto, personas que no sean congresistas. Más adelante habrá ocasión de reformarla si los ciudadanos –lo que está por verse– resolvemos cenar con el puchero que se cocina en Cuba.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.