Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/03/03 12:03

El hilo de Ariadna

Salvo que encontremos el hilo de Ariadna, será imposible salir del laberinto antes de que el Minotauro nos devore

Jorge H. Botero Foto: Archivo Particular

Sin dar señal alguna de que podrían modificar su posición, las Farc insisten en su rechazo al plebiscito propuesto por el Gobierno y votado por el Congreso con amplia mayoría. Se refugian en que el Acuerdo de La Habana estipula, con total claridad, que el mecanismo refrendatario debe ser negociado por las partes.

Con este simple y poderoso argumento, “derogaron” el Marco Jurídico de La Paz, que tenía rango constitucional, y la ley estatutaria para permitir un referendo de paz  coincidente con otro evento electoral. Para ellas “el derecho del enemigo” -es decir, la Constitución y las leyes de Colombia- no obliga, sino el que nace de los acuerdos fundantes de una nueva legitimidad.

La posición de la guerrilla coloca al Gobierno en un predicamento difícil. El plebiscito es ya ley de la República y está sometido a escrutinio constitucional ante la Corte. Política y jurídicamente no le es posible desaparecerlo. Además, el Acto Legislativo de la Paz, que se tramita en las Cámaras para crear el llamado “Congresito”, y otorgar facultades legislativas al Presidente para poner en marcha el acuerdo que emerja de La Habana, supone, para que pueda usarse, que el plebiscito ha sido aprobado en las urnas. Si este no vuela, aquel carece de sentido.

Evaluemos los riesgos que la iniciativa del Gobierno afronta. Un argumento central en el debate judicial consiste en que como la paz es un derecho que a todos nos pertenece, no puede ser sometido a ningún mecanismo de validación electoral. Este planteamiento no resulta convincente. No es la paz, en abstracto, el asunto sobre el que los ciudadanos seríamos convocados a decidir, sino sobre una modalidad, entre muchas imaginables, de concreción de ese valor en unas cláusulas específicas y frente a un actor armado singular. Sin embargo, si esta glosa prospera no habría plebiscito.

La otra objeción importante consiste en el umbral de participación y votación mínima que fue fijado en el 13% del censo electoral. Se ha dicho que esta cifra es arbitraria; que no guarda relación alguna con los volúmenes de concurrencia a los comicios que son normales en Colombia. No es tarea sencilla refutar esta tesis.  La Corte podría decidir que, en efecto, un volumen tan bajo de votos no satisface las exigencias democráticas procediendo a fijar requisitos de aprobación más exigentes.

En este caso, dos serían los riesgos: que el Gobierno pierda o que gane por un margen reducido. Si lo primero, el Presidente ha dicho que se terminaría el actual proceso. Si lo segundo, Colombia resultaría pagando un costo enorme por el fin de la confrontación armada: una honda división de la sociedad. Ambas posibilidades son muy preocupantes.

Otra dimensión del laberinto en el que estamos consiste en la insistencia de las Farc en una asamblea constituyente convocada bajo reglas diferentes a las que la Carta contempla; es decir, basada en un golpe de Estado. En su propuesta ese organismo tendría dos objetivos: ratificar el Acuerdo de La Habana e introducir reformas políticas sustanciales. Como esto último carece, creo yo, de factibilidad pues conduciría a una vorágine institucional, debemos limitarnos a tratar de entender lo primero.

De varios de sus pronunciamientos se desprende que, en el fondo, el objetivo consiste en “blindar los acuerdos”, para el cual el plebiscito no les parecería suficiente. Creo que el elemento central de ese “blindaje” consiste en armar un cerrojo invulnerable contra la extradición. Para ello solo un texto constitucional que la prohíba sería adecuado.

En tal caso, el efecto jurídico consistiría en que Colombia tendría que retirarse de la Corte Penal Internacional, CPI. Rehusar una de sus obligaciones fundamentales, la de “detener” y “entregar” a la Corte a cualquier persona a la que se haya abierto proceso que se encuentre en el territorio de un Estado Miembro, es incompatible con tal condición.

No se me escapa, de otro lado, que el acuerdo para crear la Jurisdicción Especial de Paz prohíbe la extradición de actores del conflicto, lo cual genera una contradicción insoluble entre el Tratado de Roma y el pacto con la guerrilla.  Cuando en algún momento el Gobierno decida dar explicaciones detalladas sobre los alcances de los acuerdos, seguramente se referirá a este punto.

"El hilo de Ariadna” para escapar de la voracidad homicida del Minotauro podría suministrarlo, bajo ciertas condiciones, Naciones Unidas.  La Fiscal de la CPI, que con todas las letras ha dicho que se requieren sanciones privativas de la libertad para los responsables de los más graves crímenes, no puede cambiar de posición ante las vagas estipulaciones de Gobierno y guerrilla sobre penas, que “comprenderán restricciones efectivas de libertades y derechos, tales como la libertad de residencia y movimiento, que sean necesarias para su ejecución, y además deberán garantizar la no repetición”.  

Si las partes efectuaren estas precisiones, y la Fiscalía de la CPI quedare satisfecha, podría expedir una suerte de aval al componente de justicia de los acuerdos de La Habana, lo cual, por cierto, no le impediría intervenir más adelante si concluye que la Jurisdicción Especial no funciona adecuadamente. El Consejo de Seguridad, que goza de potestades claras al respecto, por su parte podría pedir a la CPI que se margine de intervenir en Colombia en la medida en que sus actuaciones podrían poner en jaque un proceso de paz que la comunidad internacional, con inusual consenso, respalda.

Bajo estas circunstancias, las Farc podrían, tal vez, declinar en su pretensión de asamblea constituyente y caminarle al plebiscito, siempre y cuando la Corte Constitucional lo convalide (se espera una decisión para dentro de dos meses) y triunfe en los comicios populares. Pendientes todos estos complejos movimientos, un acuerdo final para el 16 de marzo o en el futuro próximo no resulta probable.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.