Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2016/10/29 18:20

Azules desteñidos

Los conservadores van de mal en peor: hace rato no ganan una elección importante y los cargos significativos que tenían los han perdido todos.

José Manuel Acevedo. Foto: Semana.com

El partido Conservador no da una. Sus derrotas en línea reflejan lo desconectados que están de sus bases y lo lejos que quedaron de una verdadera aspiración de poder. Desde el 2014, los bandazos de sus parlamentarios los han llevado a la perdición.

Pudiendo acompañar a Marta Lucía Ramírez y obtener una votación significativa, los senadores de esa colectividad se dedicaron a sabotearla, a cuestionar los resultados de la convención que la proclamó candidata y no movieron un dedo para apoyarla en campaña creyendo que la ‘pobre’ sacaría unos cuantos votos y nada más. Para su sorpresa, Marta Lucía se convirtió en un verdadero fenómeno electoral, superando los 2 millones de ciudadanos que creyeron en ella y dejando claro que los electores conservadores no se mueven con las maquinarias del oficialismo sino con la disciplina y convicción que los caracteriza.

Semejante mensaje debió servirles para replantear su estrategia de cara a lo que se venía. Sin embargo, siguieron en las mismas y el resultado no puede ser peor: cuando tenían la oportunidad de encarnar una oposición sensata en el plebiscito por la paz y capitalizar un pedazo del No que buscaba liderazgos más allá de Uribe, de nuevo, los parlamentarios, decidieron pegarse a una campaña por el Sí en la que nunca fueron los protagonistas y se estrellaron más que ningún otro partido por cuenta de su miopía política.

Pero lo de esta semana fue definitivamente la tapa. El único cargo significativo que les quedaba en la estructura del Estado que era la Procuraduría General de la Nación, también lo perdieron. No fueron capaces de liderar una coalición con colectividades afines como el Centro Democrático y Cambio Radical para ganarle la partida al liberalismo, ni exigieron el cumplimiento de los compromisos dentro de la Unidad Nacional en la que están sin estar, por la puerta de atrás. Pero viéndose en aprietos, tampoco negociaron una adhesión inteligente con el ganador sino que terminaron plegados a Carrillo cuando ya no eran necesarios.

A los ‘goditos‘ les encanta pegarse tiros en los pies. Personas incontaminadas y llenas de buenas ideas como David Barguil o Ángela Ospina, presidente y vicepresidente del partido, terminaron impotentes frente al nocivo poder de los de siempre.

A los nuevos liderazgos los han aplastado uno a uno y se quedaron sin cartas de renovación mientras los Finchos y los Gerlein hacen lo que les da la gana a nombre de un partido débil que desatendió las voces de los más jóvenes que intentaron frustradamente incorporarse a un partido que no se dejó cambiar y por eso terminará cambiado en las preferencias de los colombianos.

Los azules, cada día más desteñidos, se quedaron sin el pan y sin el queso, con viejos y marrulleros senadores o con señoras como Olga Suárez Mira o Yamina Pestana, cuyos apellidos evocan tristes expedientes judiciales y para nada son referentes de una política buena y limpia.

En diciembre, los conservadores tendrán su convención nacional y en vez de ocuparse buscando nuevos cuadros directivos deberían expedirle de una vez por todas el acta de defunción a una colectividad que en la práctica ya murió o dejarle los restos de ese partido a los cuatro o cinco senadores que todavía usan la franquicia del conservatismo para asegurarse beneficios personales.

Que descanse en paz el partido Conservador colombiano.

* En Twitter: @JoseMAcevedo

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